Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
El reto municipal. Victor Maldonado

No es poca cosa lo que tenemos que decidir en las elecciones de diciembre. Porque mientras el régimen insiste en esa rotación de rendimientos decrecientes que ya lleva quince años, nosotros tenemos que velar para que la devastación no vaya más allá de lo que ahora sufrimos. Cada una de las ciudades y pueblos de Venezuela lucen asoladas por el descuido. La basura, la ruina y la suciedad se mezclan con la mendicidad desasistida y las nuevas y grotescas edificaciones realizadas por la Gran Misión Vivienda. Los apagones y la carencia de agua potable se combinan con la fetidez de cloacas desbordadas, zonas verdes descuidadas y ese paisaje monótono de un rojo que ya nos sabe a acidez y fraude. Ese país de las propagandas oficiales no se parece a las calles donde los rojos colocan vallas, afiches, pancartas y pintas.

Venezuela ha perdido competitividad. Sus ciudades, ni siquiera la capital, son atractivas para la inversión. Solo Bolivia tiene una conexión de Internet más lenta que Venezuela. Somos el país más peligroso y donde la ley se cumple menos. Frente a un reto de tales dimensiones tenemos dos tipos de oferta. Una dice que el socialismo es milagroso. Que basta la conciencia revolucionaria para que un pelotero se convierta en gerente público, para que un animador-actor de televisión pueda manejar con buen juicio un presupuesto municipal, o para que un periodista transforme su natural sectarismo fanático y resentido en capacidad para pensar la ciudad del futuro y coordinar los municipios que estén en su jurisdicción. La opción socialista cree falazmente que un anuncio es una obra realizada y que en tanto se construyen se pueden inaugurar una, dos o tres veces. El socialismo no cree que los ciudadanos tengan que ver en la selección de sus candidatos, y por lo tanto sus seguidores, cada vez más descontentos, se dejan imponer los que la real gana del dedo de Nicolás les asigne graciosamente. De eso puede resultar que un andino termine en Maturín, y que un cumanés tenga la desfachatez de competir en Zaraza. Porque esos detalles son menores ante el compromiso revolucionario y la iluminación infalible del que heredó, no sabemos por qué, el cargo del comandante Chávez.

La otra opción es más realista. Apuesta al compromiso ciudadano, la experiencia en la gestión pública, la experticia, la capacidad profesional y el conocimiento de la localidad que se quiere dirigir. Como se trata de un certamen democrático, los partidos proponen y, salvo contadas excepciones francamente detestables, son los ciudadanos los que disponen. Se hicieron primarias, se contaron los votos, se acordó que bajo ciertos parámetros algunos podían acceder a la reelección, y todos acatamos la decisión. Como se trata de una práctica ciudadana, el desacuerdo se tramita, y la mayoría está consciente de que ceder espacios es fortalecer la opción autoritaria del chavismo ineficaz. Se trata de la calidad de las ciudades, pero también de seguir infatigablemente enviando el mismo mensaje: Que le guste o no al régimen, aquí seguimos, y de aquí no nos vamos a ir.

Entre las dos opciones hay una distinción radical en el manejo y el trato que les dan a los ciudadanos. Las “ciudades socialistas” odian la cualidad ciudadana de sus habitantes. Prefieren licuarlos en ese concepto sinuoso y maleable llamado “pueblo”. Para ellos el pueblo es la masa movilizable con la que pueden contar para seguir con este régimen de cadenas y espectáculos donde todo es tramoya. Los ciudadanos exigen y demandan calidad de servicios, oportunidades de empleo, seguridad ciudadana, oportunidades para el consumo libre de la cultura diversa, y planes de obras que se desarrollen sobre la base de un presupuesto que se pueda auditar con transparencia. En una de las opciones el pueblo se debe a la manipulación de sus dirigentes, y en el otro son los dirigentes los que se deben al escrutinio tenaz de los ciudadanos.

La autonomía es otra gran diferencia. En un caso la mediocridad de la revolución no acepta excepciones, y en el otro caso las regiones compiten por tener las prácticas más eficaces y los mejores resultados. Empero todos sabemos que el régimen persigue, cerca y hostiga a los gobernadores y alcaldes de la alternativa democrática. Los somete al ahogo presupuestario, allana sus atribuciones, les coloca gobiernos paralelos y les monta procesos judiciales ilegales. El régimen no tolera el éxito que ellos no pueden tener, y por eso los somete a la igualación autoritaria que nos coloca a nosotros en la infeliz circunstancia de no tener alternativa.

Por eso mismo el reto es seguir dando la batalla. Para el régimen de Nicolás sería mucho más fácil el tener que prescindir de las elecciones o que nosotros lo complaciéramos absteniéndonos. Pero sería un error imperdonable. No es con la abstención que vamos a combatir al socialismo. Es siendo heroicos en la recalcitrancia. Sería inmoral que por nuestra inhibición un personaje tan infausto como el candidato oficial a la Alcaldía Mayor terminara siendo el coordinador de nuestros alcaldes municipales. Y así, en cada caso, tenemos que resolver participativamente estos dilemas entre dejarnos vencer por la trampa, el ventajismo y la impunidad oficial, o seguir dando la pelea. Yo asumo el reto municipal de ir a votar. Ninguna otra opción es moralmente superior.

VICTOR MALDONADO ― NOTITARDE