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El Tablero Regional y el cambio de piezas en 2013

En 2013 se celebrarán elecciones presidenciales en varios países de Centro y Suramérica, a saber: Ecuador, Paraguay, Honduras, El Salvador y Chile. Estas hacen parte del cronograma electoral de cada país, conforme vencen los mandatos, pero probablemente también haya en Venezuela, en caso que continúe deteriorándose la salud del Presidente Hugo Chávez.
Cada jornada electoral estará marcada por varios elementos. La sucesión natural en democracia, es decir, la alternancia en el ejercicio del poder; la influencia del Socialismo del Siglo XXI, su avance o retroceso, y finalmente, el impacto que pueda tener el desenlace de lo que ocurra en Caracas. Analicemos cada país para poder vislumbrar los cambios en el tablero regional o el reacomodo de las piezas de cara a una nueva realidad.

En Ecuador, de acuerdo con las proyecciones, Rafael Correa podría ser reelegido. De todos los países miembros de la ALBA, es quien tiene mejor desempeño económico y no depende exclusivamente de los aportes que el gobierno de Chávez otorga a sus protegidos. Correa ha sabido jugar a dos bandas con los países del Foro del Arco del Pacífico, obteniendo a cambio financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo para proyectos de infraestructura, adecuar los puertos y aeropuertos para el comercio con Asia y con la ALBA, y mejorando las exportaciones a Venezuela quien negocia en SUCRE pero paga en dólares, lo que para Ecuador es doblemente favorable. Su discurso antagónico y retador tiene un destinatario: la libertad de expresión y los medios de comunicación, siguiendo a pies juntillas el ejemplo de Chávez, pero ha respetado las libertades económicas y eso sin duda, marcará el destino de la elección. Podría, en caso de alzarse con un nuevo mandato, erigirse en el sucesor de Venezuela al frente de la ALBA, impregnándola de mayor pragmatismo económico y menos retórica antiimperialista. Un candidato unitario podría derrotar a Correa, pero a la distancia no se observa un esfuerzo de los factores opositores en ese sentido.

Para Paraguay, la elección supone la vuelta a la normalidad dentro del continente, luego de ser suspendida de UNASUR y MERCOSUR, a raíz de la destitución constitucional de Fernando Lugo en junio. Tomando como base la propia legislación, el actual presidente no puede ser candidato, lo que abre la puerta al regreso del Partido Colorado al poder, en la figura de Horacio Cartes, quien parte como favorito a 4 meses de la contienda. Esta elección coloca, además, a la nación guaraní como el fiel de la balanza de MERCOSUR, pues el Senado había vetado el ingreso de Venezuela al bloque. Las autoridades han manifestado que todos los actos posteriores a su suspensión son nulos pues violan el artículo 20 del Tratado de Asunción y el derecho de los tratados, pero sus “socios” han hecho caso omiso de la legalidad, privilegiando la política y la chequera petrolera sobre la validez de los instrumentos jurídicos.De allí que la elección tiene dos elementos importantes en el contexto regional; por una parte, la restitución de Paraguay como miembro de pleno derecho en MERCOSUR y UNSAUR, y por otra, tener un nuevo presidente constitucional. ¿Qué hará MERCOSUR si el gobierno electo en abril junto al Congreso ratifica su postura de no aceptar a Venezuela en el bloque? La respuesta tendrá que esperar, pero desde ya soplan vientos huracanados en el mercado común.

Honduras y El Salvador, dos países de Centroamérica que pasando por diferentes procesos en cuanto a la construcción de la democracia, parecen acercarse a la ALBA para esta elección.

Honduras se aproxima a un nuevo mandato de Manuel Zelaya, por intermedio de su esposa Xiomara, quien pone el rostro para los afiches y la campaña, pero que es solo la cara visible a los electores. El juego político lo conduce el expresidente quien cercano a la ALBA fue derrocado por un golpe militar. Zelaya, cuyo proceso de incorporación a las prácticas chavistas (reelección, control de poderes, combate a la libertad de expresión) solo fue retardado, no suspendido, se prepara para volver y ejecutar lo que el golpe le impidió. En tal sentido, la permanencia de Hugo Chávez al frente del gobierno, supone una fuente inagotable de recursos para financiar “su revolución” a través de la ALBA y PETROCARIBE, y con ello emprender las reformas para perpetuarse en el poder. De confirmarse los pronósticos, la señora Zelaya sería la presidenta, sumando una pieza más al tablero de la ALBA.

En el Salvador, las fuerzas políticas andan arriando sus propios intereses. El partido ARENA parece mirar pero no observar con detenimiento que la ALBA ha comenzado a penetrar la vida diaria de los salvadoreños a través de ALBA-Petróleo y ALBA-Alimentos. Esa fachada sirve para hacerle llegar los recursos al candidato del Frente Farabundo Martí, Salvador Sánchez Cerén, líder histórico del frente y que es cercano en lo ideológico y lo político al gobierno de Venezuela, a diferencia del Presidente Funes quien marcó distancia desde 2009. Si la oposición no logra consolidar un candidato que enfrente a Sánchez Cerén, la puerta de ingreso al Socialismo del Siglo XXI quedará abierta de par en par y con ello el paquete de reformas y controles ampliamente comentados. Un resultado como el anterior en Honduras y El Salvador, sumarían causas a la ALBA junto a Nicaragua, en detrimento de los esfuerzos regionales de autonomía del resto de Centroamérica que promueven Panamá, Costa Rica y Guatemala, lejanos a la retórica y prácticas chavistas de sus vecinos.

Chile. De todos los países, el más lejano a Venezuela y no sólo geográficamente. Su dinámica política no depende ni de los grupos regionales como UNASUR y CELAC, ni de los bloques comerciales MERCOSUR y CAN (a la que acaba de ser readmitida). La coalición se prepara para retomar el poder después del gobierno de Piñera, quien llegó alimentado de grandes expectativas y se va con un pobre desempeño. Suenan varios nombres, pero uno destaca especialmente: Michelle Bachelet. Hasta la fecha, ella no ha manifestado la intención de volver, pero muchos la reclaman como la pieza capaz de reunificar a la izquierda y ordenar políticamente al país. La economía gira en torno a dos elementos diferenciadores del resto de la región, su comercio histórico con el Asia-Pacifico, y ahora la nueva alianza “Acuerdo del Pacifico” junto a Perú, Colombia y México, ninguno miembro de la ALBA, vale acotar. El destino de Chile está menos influido por los avatares regionales que el resto, por lo que el resultado final no alterará las relaciones de esta nación con sus pares.
Por último, se suele afirmar que las elecciones son la expresión más depurada de la democracia y en teoría dependen de la voluntad del elector, pero en nuestra región fragmentada en lo político, en dos grupos claramente diferenciados, la ALBA y los demás, las campañas contarán con un elemento que marcará el derrotero del resultado. Y más que certezas surge un gran interrogante: ¿Sobrevivirá el Socialismo del Siglo XXI sin el apoyo personal y decidido de su creador? La respuesta carece de fecha, pues nunca como ahora el destino en su ruleta había colocado el resultado de las urnas en un diagnóstico personal, cuya transparencia se reclama desde Santiago hasta a La Habana.

Autor: Maria Teresa Belandria, Profesora de Derecho Internacional Público de la Universidad Central de Venezuela

Fuente: Revista Perspectiva