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El Triunfo de la Libertad sobre el Despotismo de Juan German Roscio: Una Secularización Necesaria en el Siglo XXI, por Tomás Chocón

Hace 200 años Juan German Roscio (1763-1821), héroe civil de la independencia de Venezuela, publica “El Triunfo de la Libertad sobre el Despotismo” (1817) enmarcado en la intencionalidad del mundo de ese momento: demostrar lo absurdo de la facultad divina de los reyes de regir a los pueblos aun contra ellos mismos.

A partir de esa intencionalidad surgen dos visiones de secularización. La primera, contraria a la de Roscio, fue llevada a cabo por la Revolución Francesa centrada en la destrucción de la autoridad eclesiástica por parte de los poderes republicanos, incluyendo los valores y virtudes cristianas, para sustituirlas por parecidos racionales considerados superiores. Obviamente, esta secularización europea conduce a un “juego de suma cero” entre los Estados Modernos y la Iglesia.

La otra visión fue la Norte Americana, quienes alcanzan su independencia con una secularización también convencida de la ausencia de autoridad divina en los reyes, pero combinando el espíritu republicano con las virtudes de la Iglesia; tal como fue tomado en cuenta por los padres de los Estados Unidos de América al fundar un Estado constitucional con una moral profana de bases cristianas. Esta visión fue la compartida por Roscio y además le dio argumentos de agudeza teológica a la misma con la publicación de su texto en el año 1817 para reconciliar a la ley divina con la libertad humana y demostrar la naturaleza de la contribución del cristianismo a los problemas políticos y sociales.

En consecuencia, del libro de Roscio se desprende la necesidad de una definición en la relación entre Iglesia y Estado Moderno; donde ambos reconozcan su autonomía con ámbitos diferentes y se colaboren en función al desarrollo humano. Por ello, Roscio justifica la mediación de la autoridad cristiana en opiniones políticas; reconociendo que las mismas no son infalibles, pero pueden dar luces al orden social de acuerdo a dos grandes aportes de la tradición judeocristiana a la sociedad civil: el derecho de la persona frente al poder al  separar y/o demostrar que el gobernante no es dios, y poner a la fe en una relación positiva con la ciencia y el razonamiento de las personas para superar el mito y la emoción que ciega al entendimiento.

Por esas razones, considerando el sistema filosófico dador de coherencia a lo encontrado y verificable en la Biblia acerca de la sociedad y el gobierno civil,  presente en “El Triunfo de la Libertad sobre el Despotismo”, para todo cristiano, y/o lector de las Sagradas Escrituras, el mismo es un deleite y guía de responsabilidad ciudadana por parte de los cristianos.

Es así como Roscio demuestra la necesidad de leer la Biblia desde esa inteligencia dada por Dios a los hombres por medio de la razón, para no caer en errores productos de citas aisladas fuera de contexto tales como: “Dios quita reyes y pone reyes”. Además, si bien es cierto que el proyecto de Jesucristo no estuvo en función a salvar a los hebreos de la servidumbre obligada por el imperio romano para restablecer gobiernos liberales como el de los libros de los Jueces o Macabeos expresados en la Biblia; se puede recurrir al mensaje cristiano para defender un orden social garante de la estabilidad en la posesión y transferencia por consentimiento manifestado en el séptimo mandamiento de no robar; el respeto a la vida defendido en el quinto mandamiento; el respeto de los contratos y cumplimientos de las promesas expresado en el octavo mandamiento de no mentir; y el no idolatrar a los gobiernos ni a algún líder porque ello conduce al totalitarismo, a la ausencia del bien común y a la pérdida de la libertad.

En consecuencia, el texto de Roscio demuestra que la caridad al ser intelectual impulsa a una mejor sociedad donde todas las personas tiene oportunidad de desarrollarse a plenitud; y allí la gran mayoría de cristianos tienen mucho por aportar, unido al Magisterio de la Iglesia quien 180 años después de la primera circulación del “Triunfo de la Libertad sobre el Despotismo”, publica el Catecismo de la Iglesia Católica para exponer la fe, doctrina y moral de la Iglesia Católica, iluminadas por las Sagradas Escrituras y en donde el numeral 2242 del mismo contiene un perfecto resumen y adaptación a nuestra época de esta obra de Roscio (1817); a pesar de no haber sido tomado en cuenta para la redacción del Catecismo, tal como se observa a continuación: “El ciudadano tiene obligación en conciencia de no seguir las prescripciones de las autoridades civiles cuando estos preceptos son contrarios a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las enseñanzas del Evangelio. El rechazo de la obediencia a las autoridades civiles, cuando sus exigencias son contrarias a las de la recta conciencia, tiene su justificación en la distinción entre el servicio de Dios y el servicio de la comunidad política. “Dad […] al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21). “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5, 29): «Cuando la autoridad pública, excediéndose en sus competencias, oprime a los ciudadanos, éstos no deben rechazar las exigencias objetivas del bien común; pero les es lícito defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de esta autoridad, guardando los límites que señala la ley natural y evangélica»” (Catecismo de la Iglesia Católica, Numeral 2242).

Lo anterior abre la puerta a la libertad conducente a ser dueño de sí mismo y a una secularización con libertad religiosa basada en la conciliación entre quienes  piensan distinto; por ser esto clave para alcanzar en plenitud el máximo potencial del individuo de cara al bien común a través de su capacidad para: desarrollar perspicacia empresarial productora de riqueza, propagar la solidaridad de manera libre y voluntaria, aislarse del despotismo alimentado por  la sumisión y ser imagen y semejanza de un Dios apropiado de la verdad que nos hace libres para desarrollar lo bueno, noble y estético.