Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
El último tramo. Víctor Maldonado

A sólo diez días de las elecciones los venezolanos nos despertamos con el mal sabor de una pregunta. ¿Por qué tenemos la necesidad de vender el 1% de nuestras reservas en oro para recoger poco más de 200 millones de dólares? Mal sabor, esa acritud asociada a una creciente sospecha de quiebra generalizada, ese salir corriendo a la casa de empeño para entregar tal vez la tan manoseada espada del Libertador porque necesitamos llegar al último día del mes sin que los acreedores nos armen un escándalo. Ese sabor tan peculiar en la boca que resulta ser el inicio de un amanecer complicado. No es grato saber que a pesar de que el petróleo venezolano promedia sobre los 100 dólares, nuestras reservas internacionales no tienen liquidez ni para 15 días de importaciones vitales. Algo huele mal.
Está ocurriendo un deslave de realidad. El candidato oficial exhibe, cuando puede, su agonía y su indisposición anímica para acatar lo que parece ser una decisión mayoritaria de cambio y relevo. Resulta patético ese afán de inaugurar obras inconclusas como el Bus Caracas, un monumento a la corrupción, la incapacidad y la falta de consideración con los ciudadanos. Pero al parecer, eso es lo que hay para intentar demostrar algo de dinamismo en un gobierno que no hace otra cosa que atender las emergencias que se producen por cuenta de su propia ineptitud. Esta avalancha de decepciones se suma al cementerio de silencios listados en las promesas defraudadas y las mentiras que agotaron los recursos del Fondem. Sucede que el trabajo acucioso de un periodista da cuenta del inmenso fraude a la Republica que significan obras inexistentes pero muy bien pagadas hasta hacer desaparecer cerca de 90 mil millones de dólares. Lo único irreversible a estas alturas es “el raspe de olla” que se está realizando en nuestras narices y que nos toca asumir como el costo ineludible de esta transición hacia la realidad.
Los despertares sociales siempre son sorprendentes. Son tan admirables como los largos letargos en los que caen las sociedades cada cierto tiempo. Tan asombrosos como las tristes épocas de alucinación colectiva. Pero hasta el más abrumador letargo alucinado está condenado a concluir tal y como comenzó, sin solución de continuidad, sin parecer obligado a dar demasiadas explicaciones. Al parecer la sociedad venezolana está despertando. Sorprende la disciplina con la que hemos asumido el imperativo de la unidad. Sorprende también el estoicismo que ha significado aguantar esperanzados, a pesar de los guiños de la muerte, o la inmensa inequidad de la que se ha servido el gobierno para mantener a la vista una opción que incluso ellos presienten agonizante. Asombra la indiferencia con la que hemos recibido esos saltos de talanquera y la difusión de escándalos con las que nos ha querido desmoralizar el gobierno. Nada de eso nos ha perturbado, tal vez porque el candidato de la alternativa democrática se ha mantenido en sus cabales, enfocado en su estrategia y atenido a ese contacto cercano que ha tenido como respuesta la excitación colectiva que se entrega en cada mitin, caminata o caravana. No hay organización que pueda contra la voluntad manifiesta de la sociedad que pide un cambio.
El fin de semana me encontré con Joseph G. Fue mi alumno, y ahora vive su extrañamiento en Europa. Uno de los miles que se fue. Sin embargo, volvió. Vino a votar. Vino por su cuenta, invirtiendo sus ahorros, y quien sabe con cuanto sacrificio. Vino a dar su cuota. No es el único. Victor G. está volando desde Australia, 24 horas de viaje, porque él viene a ejercer la ciudadanía que no está dispuesto a endosarla en forma de indiferencia. Ambos me pidieron que no dejara de escribir su gesta, y que no pasara la oportunidad de contrastarla con la indolencia de otros que tal vez tienen más recursos. Supe de una que a pesar de sus furibundas arremetidas por las redes sociales, ya decidió que no venía a votar. Ella está condenada a la insignificancia de su inconsistencia, y tiene para el resto la misma importancia de los que saltan talanqueras y se suicidan en primavera. Sólo sirven para apreciar que la estupidez siempre será un incomodo compañero de vida.
El último tramo es el de las cartas en la mesa y la jugada hecha. Llegamos hasta aquí, hasta los confines de la victoria porque al fin le encontramos sentido a la unidad, y estuvimos dispuestos a pagar el costo de tener una nueva oportunidad para ser libres. Pero no hemos ganado aun, y todo ese entusiasmo hay que transformarlo en voto, firmeza, serenidad y ganas de reconciliar al país. ¡Ojala!
La gente tiene en sus manos los argumentos para el contraste. Entre este presente de estancamiento, represión y resentimiento. O darle una oportunidad al futuro. En este último tramo esas son las alternativas a discernir. Quien quita si nos va mejor si cambiamos insultos por resultados.
Víctor Maldonado C
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Twitter: @vjmc

Publicado en http://blogs.noticierodigital.com/maldonado: General | Septiembre 27th, 2012 Sin Comentarios »

Por: Víctor Maldonado C.