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El valor económico de la familia. Carlos Goedder

La familia, a pesar de sus efectos en bienestar personal, puede generar lazos y creencias que disminuyen la confianza hacia otros, el trabajo femenino, la innovación y la movilidad laboral.

Nunca hemos encontrado una institución superior a la familia para iniciarnos en la vida social. Sólo regímenes totalitarios (la China de Mao o Camboya), militaristas (como los antiguos espartanos) o filósofos extravagantes han pretendido reemplazarla. La familia es, como dicen los libros escolares y el catecismo acertadamente, la base de la sociedad. Y creo que es la mejor alternativa.

No obstante, este artículo trabaja con una verdad amarga: el tipo de arreglo familiar que priva en una sociedad puede ser un obstáculo para el crecimiento económico. Una sociedad con fuertes valores familiares puede acabar generando resultados adversos para el colectivo. Por supuesto, abordar esto puede ser una verdad desagradable y se puede creer que se trata de una visión economicista. Nada más ajeno a la verdad. El mismo día que escribo estas páginas, me encuentro fortuitamente que el formidable artículo semanal de psicología ofrecido por EL PAÍS SEMANAL considera el mismo asunto familiar. Se señala allí esto, por ejemplo: “La mayoría de las personas que sufren algún tipo de dolor anímico encuentran las causas del mismo remontándose a los años de convivencia familiar  o como ahora sabemos, a códigos inscritos en su árbol genealógico” (C.f. GUIX, Xavier. “Cuando la familia ahoga”. EL PAÍS SEMANAL, No. 1908, 21/04/2013, pp. 22-23). Partamos de una realidad: no elegimos la familia en que nacemos y crecemos. Si en algo opera el azar en nuestra vida es en ello.

En este artículo no abordo efectos económicos de problemas familiares como el divorcio, la violencia familiar y otras disfunciones en esta organización social. Lo que abordo es un artículo recién publicado, en el cual se considera cómo unos vínculos familiares muy fuertes, característicos por ejemplo en sociedades mediterráneas y latinoamericanas, pueden traer resultados sociales negativos. El artículo en cuestión está publicado en inglés. La referencia es: ALESINA, Alberto y Paola Giuliano. “Family Ties”. Working Paper 18966. National Bureau of Economic Research, Abril 2013.

Un primer problema con los lazos familiares fuertes es la confianza. Cuando la familia genera un lazo muy intenso, del tipo en que se asigna a la familia prioridad sobre la vida individual, se tiende a confiar en un entorno limitado. Fuera de la familia, el individuo con filiación familiar intensa se encuentra más desconfiado e incómodo. Por supuesto, establecer relaciones de negocios y contratos se complica en ese entorno. ¿Cómo funciona un mercado sin confianza? En el estudio de Italia, E. Banfield acuñaba en 1958 el término “familismo amoral”, para señalar la incapacidad de los individuos para actuar juntos por el bien común fuera del entorno familiar. Esto es un problema serio. El nobel de economía de 1972, Kenneth Arrow señalaba en el año que recibió el nobel: “Puede argumentarse plausiblemente que mucho del atraso económico en el mundo puede ser explicado por la falta de confianza mutua”. (lo cita la p. 17 del artículo que comento). La familia puede restar cohesión social necesaria para que opere el mercado y el imperio de la Ley. Es muy hispano aquello de “con los de uno, con o sin razón”.

Si alguna obra transmite el problema familiar de manera soberbia y en concreto cómo es la familia mediterránea, es EL PADRINO. Esta película de F.F. Coppola, fundamentada en la novela de Mario Puzo, es más que una historia mafiosa y nos seduce más por el drama familiar que por la violencia. El Padrino es el decálogo de los lazos familiares fuertes. De allí vienen sentencias como “nunca digas fuera de la familia lo que piensas”, “un hombre que no se ocupa de la familia no es un verdadero hombre”, “las familias nunca se deshacen” o “nunca tomes partido contra la familia”. Sentencias intensas, que nos llegan y la película muestra algo dramático: un tipo limpio del mundo mafioso, el joven Michael, acaba dejando su sueño de vida honrada (ha sido condecorado en la Segunda Guerra Mundial) por salvar a su padre. Es una ficción, mas nos coloca en la “Elección de Michael Corleone”: ¿Violaríamos la ley por socorrer a la familia? ¿Sacrificaríamos nuestro propio concepto de buena vida por adecuarnos al de la familia? ¿Debemos dar continuidad al negocio familiar a expensas de nuestros propios deseos? Estas no son cuestiones solamente personales. Tienen consecuencias sociales. De hecho y es lo interesante, mucho de esta línea de investigación sobre familia viene de autores italianos o de ascendencia italiana, como Alessina y Giuliano. Si algo distingue al Sur de Italia, incluyendo Sicilia, del Norte más próspero es precisamente la intensidad del vínculo familiar. En el Sur, “la famiglia” es una entidad con un poder enorme sobre el individuo y la sociedad.

Otros efectos de fuertes vínculos familiares son los siguientes:

1. Menor innovación. Los miembros de familias con lazos fuertes son menos proclives a iniciar negocios propios o adoptar nuevas ideas. Ya desde 1904 Max Weber encontraba menor iniciativa entre quienes tienen vínculos familiares muy estrechos.

2. Poca participación laboral femenina: en hogares demasiado vinculados, la mujer tiene un papel fundamental. Siguiendo a los autores: “con lazos familiares estrechos, la familia necesita alguien que la organice y la mantenga unida, y de manera típica es la esposa y madre. En este sentido, la familia se convierte en un formidable productor de bienes y servicios que no son contabilizados en la medición estándar del PIB, como cuidado infantil, cuidado de los ancianos y varias formas de producción hogareña.” (p. 21) El problema de esta estructura es que la mujer queda limitada para entrar al mercado laboral formal, tener ingresos salariales y formarse académicamente. La mujer asume un papel meritorio, mas queda excluida de salario y movilidad social al dedicarse al hogar y es más, sentirse obligada a ello. El feminismo tiene mucho qué decir sobre este asunto y una de sus grandes pensadoras en castellano es la profesora Gloria Comesaña Santalices.

3. Movilidad geográfica.  Quienes valoran mucho la familia son menos proclives a desplazarse adonde hay oportunidades laborales o académicas. Dejar la familia supone un coste emocional y moral enorme. Luego, esto incide en desempleo y en formación de capital humano.

4. Estado del Bienestar. Un tema clave es el sistema de pensiones. En sociedades con vida familiar intensa es menos probable que se desarrollen fondos de pensiones privados, por ejemplo. La familia es la que debe proveer calidad de vida al jubilado y anciano. Este asunto se extiende a otras dimensiones de la Seguridad Social: ayuda al desempleado, asistencia sanitaria, educación y cuidado de los niños.

Sobre este último asunto, el artículo considera tres tipos de arreglos del Estado del Bienestar. En el arreglo socialdemócrata de los países escandinavos, la lógica es que se quite a la familia el protagonismo en temas como el cuidado a ancianos y a niños. El modelo anglosajón es del tipo liberal, en el cual se cree que el mercado es la fuente del mayor bienestar para el individuo, algo que cuesta asimilar a quien sólo confía en la familia. Una tercera alternativa en fuertemente “familística” y supone que “las responsabilidades del bienestar recaen en los miembros de la familia” (p. 7). Es el que impera en Europa Continental, el Mediterráneo y América Latina.

El mérito del artículo es que intenta comprobar empíricamente estas intuiciones sobre la familia y su papel en la economía. Es un tema serio y debe añadirse otra dimensión: la persistencia. Las actitudes sobre la familia se transmiten entre generaciones y es un valor que se internaliza desde temprano, incluso ajeno a la educación que se reciba. Luego, una valoración intensa de la familia puede traspasarse casi como los demás atributos genéticos, mediante la cultura. El artículo hace una interesante comprobación viendo cómo se corresponden los valores familiares de los hijos de inmigrantes europeos que llegaron a EEUU antes de 1940 con los que mantienen las generaciones actuales que residen en Europa. Se corresponden. Descendientes de franceses en EEUU tienden a valorar la familia de manera análoga a los franceses. Y con los italianos en EEUU la correspondencia es más o menos evidente.

Una primera medición es considerar, en el ámbito nacional, qué tan intensa es la preferencia por la familia. El estudio World Wide Survey, conducido desde 1983 en varias naciones analiza esto mediante un cuestionario en el cual se consideran tres cuestiones: “qué tan importante es la familia”, “respeto a los padres” y “deberes de los padres”. Se hace una escala de medición. En el caso de respeto a los padres, por ejemplo, los que tienen fuerte preferencia familiar consideran que a los padres se les respeta siempre, mientras que los menos afines a la familia creen que ese respeto se gana.

El resultado es interesante. Lo primero es resaltar que dentro de cada país hay diferencias regionales (ya se mencionó el caso italiano, con el Norte y Sur). Los países nórdicos salen con menor “intensidad familiar”, consistente con el modelo de Estado del Bienestar señalado. En el extremo de alta valoración familiar está Guatemala, Zimbabwe, VENEZUELA, Filipinas y Nigeria. El nexo entre la alta corrupción y violencia en estos países con esta preferencia familiar es tema de estudio. Naciones musulmanas como Arabia Saudí y Jordania también sacan una puntuación alta. Italia y EEUU salen con intensidad parecida y relevante. Contra mi intuición, España tiene menor intensidad en su indicador que EEUU o Italia. Los países asiáticos (China, Japón) y Rusia sacan valores bajos en intensidad de preferencia familiar.

El caso venezolano me sorprendió. Apréciese que este trabajo para nada habla sobre la estructura familiar. Puede ser un punto débil, mas no se considera en el trabajo preferencias sobre divorcio, hijos ilegítimos y fidelidad conyugal. Por ejemplo, en Venezuela, hasta 1974 el censo reportaba que sólo el 47% de los venezolanos nacían de uniones legítimas y de la mitad nacida fuera de matrimonio, quedaban sin ser reconocidos por su padre el 50%. Esto lo señala el autor Carlos Capriles Ayala, quien cita como dato curioso que el presidente de Venezuela entre 1983 y 1988, Jaime Lusinchi (un dipsómano corrupto), quitó del censo ese reporte al ser él mismo hijo “natural”, esto es, “nacido fuera de matrimonio”. (C.f. CAPRILES AYALA, Carlos. SEXO Y PODER EN VENEZUELA. Consorcio de Ediciones Capriles, 1991, p 113). Un autor venezolano, Manuel Barroso, ha estudiado ese tema de la figura paterna ausente en AUTOESTIMA DEL VENEZOLANO (Ediciones Galac). Luego, cómo conciliar estos datos venezolanos con la preferencia por la familia tan elevada puede sugerir, o bien que la sociedad venezolana ha evolucionado en esta materia o bien que hay cierta inconsistencia entre lo que se hace y lo que se dice. Está claro que hoy día nacer fuera de matrimonio es más corriente, en cualquier caso (el tiempo dirá si para bien o para mal).

Siguiendo con la formalización de las preferencias familiares, los autores acuden al autor Emmanuel Todd, Este pensador clasifica las familias usando una visión innovadora. Considera sus relaciones verticales y horizontales. Las verticales son la relación entre padres e hijos. Las horizontales entre los propios hijos. Una relación asimétrica verticalmente supone mayor autoridad paterna y mayor obediencia filial. La asimetría entre hijos supone, por ejemplo, desiguales derechos hereditarios, como ocurre con los primogénitos o bien con los hijos varones.

Se puede graficar las combinaciones en un gráfico de cuatro coordenadas. Este formato me lo complica y el artículo omite ese ejercicio ilustrativo que desearía ilustrar. Lo voy a solventar marcando con “+” cuando una relación es fuerte y “-“ cuando es débil. Se tienen cuatro tipos de familias:

1. Familia nuclear absoluta. (Vertical -, Horizontal -). En este caso la familia es vista como una institución en que los hijos dejan el hogar familiar al llegar a adultos o casarse. Cada persona es vista como independiente y su bienestar proviene de su propio esfuerzo. Nada impone repartos equitativos de herencia entre hijos. Es el modelo anglosajón.

2. Familia Igualitaria Nuclear: (Vertical -, Horizontal +). Los hijos dejan el hogar al llegar a adultos o casarse, mas aquí sí que se asume una igualdad para heredar, incluso ante la Ley, lo que intensifica la vinculación familiar. Este modelo impera en Europa Mediterránea y América Latina.

3. Familia Autoritaria: (Vertical +, Horizontal -). Varias generaciones del hogar viven juntas y no se asume que haya igualdad entre hijos, incluyendo temas como la herencia. Puede sorprender, más países germanos y nórdicos entran en este modelo. También Japón e Israel. La familia bíblica del Antiguo Testamento entra en este modelo. El Libro del Génesis refiere el caso de Jacob, quien chantajea a su hermano Esaú para quitarle la primogenitura y engaña a su padre Isaac para ganar los derechos del primer hijo varón. De allí viene aquello de “vender la primogenitura por un plato de lentejas”.

4. Familia Comunitaria: (Vertical +, Horizontal +). Cohabitan varias generaciones y los hijos tienen iguales derechos. Es el modelo asiático, incluyendo la mayor proporción de población mundial en China e India. También lo sigue Finlandia, como rareza y Cuba.

Considerando estas formalizaciones, los autores hacen varias regresiones estadísticas mediante las técnicas de econometría. Y encuentran la correspondencia predicha por la teoría. Hay un efecto estadísticamente significativo de la estructura familiar en temas como confianza, participación de la mujer y los jóvenes en el mercado laboral, formación universitaria femenina y se añade menor interés por participación política en familias con vínculos más estrechos. Por si esto no es suficiente, se encuentra un efecto negativo sobre crecimiento en países donde la preferencia familiar es fuerte. El efecto institucional también es notable: cuando prevalecen las estructuras de familia con nexos fuertes, la sociedad tiene peor control de corrupción, servicios públicos, calidad regulatoria y libertad de expresión. Es intuitivo que bajo el Comunismo, la familia comunitaria, con su verticalidad donde priva la obediencia y su igual reparto de responsabilidad familiar es un modelo consistente con los valores socialistas (dejando de lado a los radicales y fanáticos marxistas más extremos que querían disolver la familia).

Este estudio tiene una advertencia importante: la dirección de causalidad. Una estructura familiar puede ser el resultado y no la causa de ciertos resultados sociales. Cuando falla el Estado del Bienestar o el mercado es débil, la familia da soluciones incapaces de producirse en otros arreglos sociales. Es lógico un fuerte apego familiar cuando la sociedad anda disfuncional, porque el único refugio es el hogar. No obstante, parece plausible que la causalidad desde la familia hacia la sociedad es fuerte.

Una aplicación interesante de este tipo de estudios se realiza en España, donde el desempleo juvenil es superior al 50%, y la hacen los autores Bentolila e Ichino en 2008, quienes son citados en el artículo. Se señala: “Los resultados empíricos indican que un incremento en la duración del desempleo entre los cabezas de familia masculinos es asociada con una menor pérdida de consumo en hogares italianos y españoles. Concluyen que redes familiares extendidas constituyen la institución social que juega el papel crucial en reducir el coste del desempleo cerca del Mediterráneo. En España e Italia, la familia parece suplementar la falta de generosidad del sistema del bienestar y la imperfección de los mercados de capital. En este sentido, la solución familiar mediterránea parece proveer un resultado deseable desde un punto de vista del bienestar dado que permite suavizar la pérdida de consumo,” (p. 26) Que en España no se haya producido una revuelta social con un desempleo general superior a 26% y juvenil superior a 50% probablemente se debe más a solidaridad familiar que a subsidio del desempleo. Apréciese además la heterogeneidad de modelo familiar entre países europeos y especialmente que tanto Bruselas como Berlín tienen una estructura familiar distinta al Mediterráneo y Escandinavia.

El estudio encuentra el reverso de la moneda sobre este efecto perjudicial de los nexos familiares fuertes sobre el crecimiento económico y las instituciones. Mediciones de felicidad y salud son empíricamente comprobadas robustas en sociedades con lazos familiares muy fuertes.

Una sección interesante del estudio considera que la cultura es una heurística, esto es, una herramienta individual que tenemos para confrontar la realidad. Valores familiares y creencias religiosas son aproximaciones a entornos complejos, que rebajan el coste de diseñar nuevas alternativas mentales para enfrentarnos al azar y la incertidumbre. Cuando adoptamos una estructura de valores sobre la familia nos ahorramos dudas y el coste de obtener nueva información y añadirnos más incerteza. Esto incide en la transmisión intergeneracional de muchas creencias sobre la familia. Darlas por sentadas nos da protección mental. No obstante, en algún momento el individuo y la sociedad deben meditar sobre el coste y beneficio, no sólo económico sino mental, emocional, institucional y social de ciertos arreglos familiares. Tenemos la obligación de pensar estas cosas para ser más felices.

Sólo criticaría del artículo que omite entre sus referencias el estudio que sobre la familia hace el nobel Gary Becker, considerando asuntos como la selección de cónyuge, la elección del número de hijos y el altruismo dentro del hogar. Podríamos decir que Becker analiza la dimensión microeconómica de la familia y el artículo de Alessina y Giuliano la macroeconómica. (la obra de Becker está en castellano como TRATADO SOBRE LA FAMILIA. Tengo la edición de Alianza Editorial de 1987, que me fue recomendada por el profesor M.J. Cartea. Haré un artículo sobre esta obra).

En fin, como cierre está la frase de G.K. Chesterton (1874-1936) que he conseguido en PROVERBIA.NET: “El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia.”

CARLOS GOEDDER

Madrid, Abril de 2013

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@carlosgoedder