Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Emprender un camino

La coincidencia es un misterio insondable en donde yo veo la clara mano de Dios jugando su propio ajedrez. Hace algún tiempo decidí enseñar porque el encuentro con los jóvenes me parecía muy gratificante.

Con ello no renuncié a nada. Asumí una forma de contemplar el mundo ajeno a las típicas fanaticadas deportivas. Los que me conocen saben que de eso sé lo elemental como para no perderme en una conversación, porque mientras los otros, con mucho juicio y mejor gusto, disfrutan sus noches competitivas, yo preferí dar clases, y deleitarme inmensamente con esa actividad. Sé poco de deportes pero puedo intuir que en el fondo, llevar una cátedra y jugar un deporte tienen algunas similitudes. Tal vez la más importante es que en ambos nunca se sabe el resultado. Las dos coinciden en que tienen momentos estelares y otros que rozan lo patético. Además, las dos actividades son valoradas más por la última jugada que por la trayectoria. El público es exigente en la retribución presente, y poco le importa lo que los demás han dicho o pensado anteriormente. O lo que uno ha hecho en tiempos pretéritos. Esa característica mantiene la tensión, y obliga a ejercer esas actividades con mucha responsabilidad.

Las cohortes son los compañeros de un tramo del camino. Y así como aparecen, llegado el momento se van. A veces la suerte, esa forma en la que Dios va jugando sus piezas, permite el reencuentro. Otras simplemente se convierten en memoria que poco a poco se va disolviendo, y entonces uno los puede soñar con vidas perfectas y el éxito que como aspiración todos ellos tienen en sus ojos. En algunos casos uno puede observar como la vida se va desencadenando, y a la distancia uno teme que se van a enfrentar a las complicaciones de la vida demasiado rápido. Ya veces, uno yerra. Cosas del azar, y de las durezas del camino.

Ignacio de Loyola siempre insistió en que la vida debía darnos la oportunidad de prepararnos para “vencernos a nosotros mismos y ordenar nuestra vida sin que ella sea determinada por afección alguna que nos lleve a la calamidad del desconcierto”. De acuerdo con él, la vida sólo vale la pena si se puede decidir con libertad, atributo que tiene que ver más con nosotros y nuestros planes, que con las circunstancias externas. Aprender a ser y a discernir forma parte del largo proceso de maduración que nos encuentra, a mí y a mis alumnos, en un breve trecho del camino de nuestras vidas. No hay una materia que se llame así, pero lo cierto es que a través del esfuerzo por conocer, apreciar y relacionarse con los otros, se puede llegar a tener la sabiduría suficiente para afrontar los retos del destino y aproximarnos a la felicidad, ese destello que nos reconcilia con lo que somos, y nos hace exprimir cada momento como si fuera el último. Se trata de “preparar y disponer el ánimo para el coraje y la determinación que exige el ser nuestros propios conductores”. Nadie debe endosar su vida a los otros. Tampoco deben exigirlo. Se trata de aprender a estar juntos pretendiendo autonomía y sin desdeñar la solidaridad.

En sus Ejercicios Espirituales Ignacio de Loyola insistía en ejercitar la actividad creativa. “Buscar y hallar para mejor hallar lo que se desea”. Tal vez un estímulo para que la inercia no sea la causante de nuestra trayectoria, y también para advertir que nadie debe dejarse embaucar por la trama de los otros. Pero no siempre las señales están claras. Algunos piensan, por ejemplo, que las oportunidades están en otras latitudes. Y el proyecto de la propia Libertad comienza a transformarse en un plan de fuga. Entonces los días se descuentan en una sucesión de angustias y justificaciones que provoca en algunos el fatal error de dejarlo todo para comenzar de nuevo. Dios mueve sus fichas, hace enroques, y anticipa las condiciones para el cierre. Pero es sobre todo la voluntad el argumento que define cuál será entonces el camino y el resultado final de las jugadas. El miedo no es el mejor consejero. Ni las fantasías. Ni esa necedad tan propia de los escasos años. Por eso no hay mejor esfuerzo que aprender a tener los pies sobre la tierra, sin miedo, espantando los temores, y por qué no, llenando las pequeñas grietas que provoca la aridez con dedicación y afecto. Enseñar que corazón y buen juicio pueden ir de la mano, que nada tiene sentido si uno tiende los puentes para la evasión y que la tiranía sólo nos puede ganar si nosotros no damos la batalla. El estar cerca y siempre disponible es todo lo que puedo prometer a los que ahora son mis ahijados de promoción. Espero que sea suficiente.

victor.maldonadoc@hushmail.com

victormaldonadoc@gmail.com

http://blogs.noticierodigital.com/maldonado

Twitter: @vjmc

0414-2408648