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Entre el pasado y el futuro. Carlos Goeder

Toda revolución intenta fundar su Roma ¿No se percibe ese espíritu en la Revolución Bolivariana?

La verdadera autoridad nunca precisa de la violencia para ser reconocida. En este tiempo convulso, del cual forma parte protagónica Venezuela, sólo es posible encontrar un rumbo social si primero nos detenemos a pensar. En el tema político precisamos volver a la filosofía ciudadana.

Una pensadora muy útil para ello es Hannah Arendt (1906-1975). Aquí comentaré su obra Entre el Pasado y el Futuro (uso la edición Between Past and Future, Penguin Books, 2006). Arendt cree estar “acertada al sospechar que la crisis en el mundo actual es principalmente política… ” (p. 140).

Me concentro en el capítulo “¿Qué es la Autoridad?”. Arendt afirma: “… Estamos de hecho confrontados con una disminución simultánea tanto de la libertad como de la autoridad en el mundo moderno” (p. 100) y, agrega, “De manera práctica tanto como teórica, no estamos más en la posición de saber lo que la autoridad realmente es”. Así nos resulta imposible responder una pregunta crucial para la libertad positiva: ¿Quién nos gobierna?

Una clave sobre la autoridad es que “excluye el uso de medios externos de coerción; donde la fuerza es usada, la autoridad ha fallado” (p. 92). Esta es la sutileza de la autoridad. En nuestro ámbito privado, hasta hace poco, la autoridad sobre el niño por sus padres y maestros era algo tácito.

Arendt hace un alto y distingue los estilos de gobierno autoritario, tiránico y totalitario. El estilo autoritario es piramidal, presupone una jerarquía y desigualdad; la tiranía condena a todos a ser iguales en cuanto a la ausencia de poder y el tirano está solo, es, según Platón, “el lobo con forma humana” (p. 99). Finalmente, el totalitarismo oprime a la sociedad desde un centro, pareciéndose a las capas de una cebolla donde cada capa está superpuesta sobre una visión única y el mundo mantiene una ficticia normalidad. A veces se confunden estos términos.

¿Cómo se construyó la autoridad en la filosofía política occidental? Arendt rastrea el origen en los griegos, para lo cual se vale de Platón. Él dijo que el filósofo busca la belleza y el estadista busca lo bueno. Comunicar tales verdades a los semejantes es inviable, puesto que quien se eleva y ve estos temas claros vuelve a una caverna con sus semejantes donde todo se ve difuso. Luego, Platón concibe una herramienta: la autoridad, la cual emana de algo externo y superior; puede consolidarse mediante el temor a lo malo. Hay un “estado futuro”, un “más allá” y una pena eterna para quien obra mal en este mundo. Aquí están las raíces políticas del Infierno.

Los romanos construyeron un concepto ajeno a los griegos, el de fundación y patria. La autoridad está construida sobre los ancestros y la reminiscencia de esa sacra fundación romana. “Autoridad” se vincula con “Autor” y deriva del latín “augere”, literalmente aumentar. Luego, los romanos crearon una trinidad de religión, autoridad y tradición. Su pirámide gubernamental apunta hacia “la profundidad de un pasado terrenal” (p. 124).

La Iglesia Católica preservó las ideas filosóficas griegas y las políticas romanas. Se presentó a sí misma como una refundación de Roma tras caer la ciudad en manos bárbaras. Y con ella se consolidó la figura del Infierno para quien contrariase las normas y virtudes cívicas. Ese amalgamiento mantuvo un mundo fundamentalmente estable.

La Modernidad creyó que podía quitar algo en la trinidad romana sin perder el resto. Los humanistas de la Ilustración pensaron que podría mantenerse la tradición occidental en la civilización sin religión y sin autoridad.

Disuelta esta trinidad, los revolucionarios han vuelto a la idea de una nueva fundación. Toda revolución intenta fundar su Roma ¿No se percibe ese espíritu en la Revolución Bolivariana? Se apela a una tradición de Guerra Independentista, junto a una religión civil que es el comunismo. Todos estos mecanismos intentan cimentar la autoridad de un caudillo, y hay un infierno capitalista para los burgueses que se nieguen a la conversión.

Lo cierto es que sólo una revolución moderna, la independentista estadounidense, construye algo comparativamente estable en los siglos recientes. En gran medida su éxito se basó en que sus “padres fundadores” constitucionales “se habían mantenido más cercanos al espíritu romano original” (p. 140).

Concluyendo, en nuestro ámbito privado y público hemos renunciado al Infierno, mas estamos sin conseguir un cielo tras ello. La autoridad ha quedado sin restablecerse.

Por: Carlos Goeder

El Universal
Lunes 22 de octubre de 2012