Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Esa vomitiva maldad totalitaria. Eugenio Guerrero

A este nivel de calamidad nacional es inútil escudriñar en los escombros del civismo para encontrar otra rigurosa confirmación, motivada a que se entienda –sin evasiva alguna- que hoy día se padecen las consecuencias de los más terribles actos de felonía al corazón de la libertad: el desprecio a la divergencia, el odio a la disconformidad, la abominación por la discrepancia y el ataque feroz al que piensa por sí mismo.

Estas típicas tropelías sólo pueden coincidir con aquel malévolo proyecto que propicia y pretende la sumisión total de la conciencia y de nuestra determinación voluntaria a ser libres. Hoy no sólo enfrentamos aquello, también la ejecución criminal por grupos que gozan de protección del Estado para que de manera impune puedan agredir –y hasta asesinar- a los ciudadanos en disenso con el partido de Gobierno y terminar de transgredir los vestigios de nuestras libertades civiles que mordazmente fueron enviadas al paredón que representa el quebrantamiento moral de la República.

Ese “hombre nuevo” -perdido entre las carcajadas de quienes ya no se comen el cuento pero lo narran muy bien para que otros lo profesen y lo defiendan por los medios que sean con tal de llegar al fin que los primeros se proponen-, ya más que claro está que no es “nuevo”, al contrario: es muy antiguo, muy salvaje y muy tribal; hoy día lo encontramos formado en el pelotón de la estupidez, en unos contingentes de la inmoralidad apuntando a la cabeza del raciocinio y disparando a quien exprese que el “socialismo del siglo XXI” y de todos los tiempos no es más que una estafa emocional creadora de taras mentales –en muchos casos- irreversibles.

Lo más agobiante de este siniestro totalitarismo, es la masa que defiende bárbaramente que quienes detentan el poder les arrebaten su libertad, y posterior a tan preocupante y enfermiza actitud creer que se puede imponer a los escapamos de tal atroz comportamiento, esa evidente suspensión súbita de la capacidad de discernir.

Lo que está en juego en Venezuela –y en aquellos países con Gobiernos socialistas- no son simples alternancias de “demo-dictaduras” entre compinches, o el sorteo de golpes para cambios radicales en la toma del poder; son dos modelos de civilización ineluctablemente contrapuestos: uno que se basa en un “extenso orden de cooperación social” en el cual los múltiples fines de los individuos poseen un lugar común donde manifestarse, estos, a través del respeto a los derechos de propiedad, el libre mercado, la división del trabajo y la igualdad ante la ley; y, aquel modelo que cree en “la lucha de clases”, la agresión institucional contra la libre iniciativa, la subordinación absoluta del individuo a los fines de una élite y, así, la entrega de cada ápice de libertad. Mientras que el primero es condición vital para la conservación, evolución y prosperidad de la humanidad en todo ámbito (modelo que claramente defendían y defienden muy pocos en un país cuasi-repleto de partidos socialistas, pero que parece estar calando al palpar las contradicciones innatas de tan perjudicial sistema colectivista), el segundo sólo demuestra lo anteriormente nombrado, en resumen: esa vomitiva maldad totalitaria.

EUGENIO GUERRERO.

@GuerreroEugenio