Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Ese líder que…

En las Constituciones de la Compañía de Jesús el santo fundador de la orden dedicó un capítulo a la definición de su propio rol y misión: “Atender al bien universal como fin propio, intentar el buen gobierno, preservar la congregación y estimular su crecimiento, para mayor gloria de Dios, haciendo las tareas y misiones encomendadas por el Papa”. Ignacio de Loyola creía que una responsabilidad como esa debería ser para toda la vida, por lo que la selección debía ser el producto de un escrutinio cuidadoso. Por eso definió algunas condiciones que debían ser exigidas al candidato: La primera era la obvia: Que sea “muy unido con Dios nuestro Señor y familiar en la oración y todas sus operaciones”, para que lo mejor de él impregne a todo el cuerpo de la Compañía. No se puede pretender tener buenos resultados desde la escasez espiritual, la perversidad y la maldad.

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La segunda condición es que sea una persona cuyas virtudes puedan servir de ejemplo a sus seguidores. Sobre todo, dos, la caridad para con los próximos, y la humildad verdadera, esa que produce en el carácter la práctica de la amabilidad.

La tercera condición es la sobriedad emocional. “Ser libre de todas pasiones, teniéndolas domadas y mortificadas, para que interiormente no le perturben el juicio de la razón, y exteriormente sea tan compuesto, y en el hablar especialmente tan moderado, que ninguno pueda notar en él cosa o palabra que no le edifique”.

La cuarta condición es la justicia. “Que sea capaz de mezclar apropiadamente la rectitud y severidad necesarias, con la benignidad y mansedumbre”. En otras palabras, que sin abandonar el esfuerzo y la firmeza que sean precisos para lograr los objetivos, el líder no deje de mostrar la compasión y comprensión con sus colaboradores. De esta forma se asegura que incluso los reprendidos o castigados reconozcan que procede rectamente y con caridad en lo que hace.

La quinta condición la magnanimidad y fortaleza de ánimo, ambas muy necesarias para compensar  las flaquezas de los colaboradores, comenzar proyectos de gran envergadura, perseverar en la instrumentación de esos proyectos, sin perder ánimo por las contradicciones y dificultades, ni dejarse apartar del logro de los objetivos por más que muchos anuncien un desastre inminentes. El líder siempre logra imponerse, sin dejarse ensoberbecer con los éxitos ni abatirse de ánimo con las adversidades, estando siempre muy dispuesto a dar el todo por el logro de la misión encomendada.

La sexta condición corresponde al talento, la inteligencia y el buen juicio para comprender y aplicar sabiamente tanto la teoría como la práctica de las cosas que están a su cargo. Un buen líder cuenta con un conjunto coherente y consistente de ideas, pero también es lo suficientemente prudente como para discernir apropiadamente sobre el curso de los acontecimientos y apoyar a los colaboradores para que no se extravíen en la turbulencia de las dificultades. Pero sobre todo el líder es confiable y discreto de tal manera que siempre puede tener acceso a las personas, dentro y fuera de la compañía.

La séptima condición es que sea vigilante y cuidadoso para comenzar y esforzado para llevar las cosas al fin deseado y con la calidad esperada, sin descuidarlas ni dejarlas a medio hacer. Las cosas que se comienzan se deben terminar.

La octava condición es la condición y apariencia física. Todo debe reflejar decencia, autoridad y fortaleza para ejercer el cargo. Ni muy viejo para no tener la energía suficiente ni tampoco mucha juventud como para no tener todavía la autoridad ni la experiencia conveniente.

La novena condición es la buena reputación. Para Ignacio de Loyola es indispensable tener buen crédito, buena fama y mucha auctoritas, o sea, respetabilidad.

Al final San Ignacio reduce todas estas condiciones a unas que si son indispensables: Bondad, compromiso, buen juicio, inteligencia y talento. Estas se deben tener, las otras pueden obtenerse en el camino “con la ayuda y favor divino”. Carl Jüng dijo en alguno de sus libros que los padres -y en consecuencia los líderes- no forman a sus hijos con las cosas que dicen sino con las cosas que hacen. Tenía razón. Ese líder que todos deseamos ser o tener modela con el ejemplo.