Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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España irá bien. Lorenzo B. De Quirós.

La economía española saldrá de la recesión en el tercer trimestre de este año y registrará, en el conjunto de este año, un crecimiento negativo del PIB del orden del 0,8%, sensiblemente inferior al proyectado por el Gobierno, por el grueso de los analistas y por los organismos internacionales. Salvo la emergencia de shocksexternos negativos, la recuperación se fortalecerá a lo largo de 2014, año en el que el PIB registrará tasas de crecimiento más cercanas al 1,5% que al 1% y, en todo caso, más elevadas que las previstas. En este contexto, el proceso de destrucción de empleo finalizará en este ejercicio económico y se creará empleo neto a lo largo de 2014. Este es el escenario central en el que se moverá la economía nacional en el corto plazo. ¿Por qué existe aún un amplio consenso que cuestiona este enfoque? 

El grueso de los analistas no fue capaz de prever ni la dimensión ni la duración del ciclo recesivo iniciado por la economía española en 2008. En estos momentos es probable que sobrestimen los rasgos negativos de la coyuntura y su persistencia porque utilizaron modelos inadecuados para analizar la situación. No todas las recesiones son iguales. Las registradas durante la postguerra fueron provocadas por un endurecimiento de la política monetaria para reducir la inflación. El ajuste bajista solía ser corto. La Gran Recesión es un clásico ejemplo de una típica recesión de balances que sigue a un boomfinanciero en un entorno de baja inflación. En este caso, como sucedió en España, el boom que la precede es mucho más largo, los desequilibrios generados durante ese período más grandes y, por tanto, su corrección cuando llega la recesión desencadena efectos económico-financieros más dañinos y duraderos. Por eso, la recesión española es tan larga y el crecimiento de la economía en la primera fase de su superación será más débil. Si se acepta este enfoque, ¿cuáles son los motivos para el optimismo?

El sector exterior es uno de los factores fundamentales para abonar la recuperación. La conversión de un déficit por cuenta corriente en un superávit del 1,1% en la actualidad no obedece a un descenso de las importaciones, cuya participación en el PIB es prácticamente estable, sino una ganancia estructural de la competitividad de la economía española. La ratio exportaciones-PIB es la mayor de la historia, lo que muestra el esfuerzo de las empresas españolas de salir al exterior para compensar el hundimiento del mercado doméstico pero, sobre todo, la fuerte devaluación interna producida por el descenso de los costes laborales unitarios. Al mismo tiempo, las ventas al exterior han dejado de concentrarse en la Unión Europea para ampliarse a Estados Unidos, Norte de África, Asia y América Latina en donde han crecido a tasas alrededor de los dos dígitos.

Cuando las exportaciones suponen el 35% del PIB no cabe considerarlas un vector marginal, sino un motor real de la recuperación de la economía española. Si bien no son un sustituto suficiente de la demanda interna para retornar a tasas de crecimiento del PIB similares a las del anterior ciclo expansivo, es evidente que el afianzamiento de un sector exportador como el que se perfila en esta fase del ciclo terminará por tener un efecto arrastre sobre la inversión en bienes de equipo, lo que contribuirá a estimular la aportación de ese componente al aumento de la demanda doméstica. Por otra parte, la composición sectorial de las exportaciones muestra un progresivo desplazamiento de las ventas al exterior con bajo valor añadido a aquellas otras con un valor añadido mayor.

Por otro lado, el saneamiento del sistema financiero está en marcha. La reforma laboral ha creado un mercado de trabajo más flexible y ha reducido el umbral de crecimiento a partir del cual es posible generar empleo. Esto supondrá una moderada pero real reactivación del consumo privado en 2014. El proceso de creación de pymes se ha acelerado sin apenas crédito bancario y en nichos de mercado independientes del sector público. El precio de los activos es muy bajo, lo que hace de España un lugar atractivo para la inversión exterior. El sector privado está inmerso en un enérgico esfuerzo de desapalancamiento, 27,8 puntos del PIB en dos años, destinado a reducir su deuda. Los mercados financieros se han reabierto para las compañías. La prima de riesgo se ha reducido de manera sustancial y la bolsa, que ha anticipado en los últimos treinta años la recuperación de la economía, muestra una sólida trayectoria alcista. Todos estos elementos son datos que, ceteris paribus, apuntan hacia una clara reactivación de la economía.

Por añadidura, los indicadores de expectativas han sufrido una mejora radical respecto a su evolución en los pasados trimestres. Esto refleja un cambio fundamental en la percepción que tienen los hogares, las empresas y los inversores sobre la economía española. El indicador de confianza de Servicios ha registrado una rápida mejora en los dos últimos meses. La cartera de pedidos de bienes de inversión ha acelerado su tendencia alcista que comenzó en el tercer trimestre de 2013. El Índice de Confianza de los Consumidores alcanza el nivel más alto en año y medio. En la otra parte, en los indicadores de la economía real hay algunos de los adelantados cuya evolución ha anticipado tradicionalmente con exactitud la evolución de la economía española que también han experimentado una mejora sustancial, como son el Índice de Producción Industrial y la matriculación de turismos o la de vehículos de carga. Si los animal spitits existen resulta evidente que se ha producido un giro positivo en cómo contemplan quienes toman las decisiones de consumo y de inversión la marcha de la economía patria.

En las actuales circunstancias, el mayor peligro para España sería sucumbir a una fatiga reformista, esto es, considerar los ajustes estructural y presupuestario terminados. Ello sería un error e impediría la cristalización de los denominados brotes verdes, concepto poco afortunado, de la economía nacional y sería un ejercicio de autocomplacencia poco justificable. Todavía queda mucha tarea por hacer. La consolidación de la reactivación exige profundizar en el camino emprendido para fortalecer la credibilidad de la política del Gobierno y la confianza de los mercados.

LORENZO B. DE QUIRÓS.