Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Esto no es gobierno. Victor Maldonado

Un buen gobierno es aquel que provoca el máximo bienestar posible para la mayoría de los ciudadanos. Por eso es que la sensatez es una exigencia crucial para todos aquellos que estén a cargo del gobierno. Sensatez no es otra cosa que la capacidad de manejar la complejidad de la realidad, saber que todo tiene que ver con todo, que no hay decisiones fáciles, y que la utopía de lo perfecto es su principal enemigo. Ser sensato es entender que debe haber un buen maridaje entre fines y medios, y que resulta criminal ofrecer lo que no se puede cumplir. También es tener presente que la represión, su uso ilegítimo, tiene sus costos, se devuelve en forma de ilegitimidad y pérdida de la reputación.

El sentido de realidad obliga a los gobernantes a usar el poder con límites institucionales. No solo que es muy peligroso decidirlo todo sin preguntarle a nadie, porque eso perturba el carácter y corrompe el ser y el actuar de los que se intoxican con sus excesos. También es muy difícil pretender que se puede correr la arruga hasta el infinito. Por eso son útiles los presupuestos y muy recomendable el mantenerse dentro de los flancos de las prioridades y la debida austeridad. Porque nadie puede gastar más de lo que produce, y si eso intenta se va a encontrar con que los déficit son reales e impiden que la prosperidad siga estando presente. El endeudamiento es un recurso que solo funciona cuando se utiliza apropiadamente y la economía tiene sus reglas que no pueden ser subvertidas por el discurso populista. La gente, al fin y al cabo, no vive del espectáculo, aunque le guste de cuando en cuando. El pueblo se siente mejor y más confortable cuando se siente libre, cuando puede tomar sus propias decisiones, cuando tiene opciones de empleos de buena calidad, y una infraestructura de bienes y servicios públicos que garantizan vida, salubridad, educación y posibilidades de desarrollo. Un gobernante sensato habla menos, hace más, pero intenta hacer dentro de los márgenes de la modestia asociada al servicio público. Los países más felices tienen estados austeros y sistemas de mercado robustos.

Que la gente pueda hablar con libertad, pensar con libertad, sobrevivir a la maldad de los otros, y realizar su plan de vida tiene como contraparte un gobierno que se ejerce sin prepotencias ni arrogancias. Que no se imponga sino que transcurra a través de los hechos y del reconocimiento de los derechos y libertades de los ciudadanos. Y sí que se ocupe de aquellos menos favorecidos, pero no para manosearlos, sino para darles el empuje necesario para que progresen. No para extorsionarlos a través de las dádivas, sino para que ellos mismos sientan que pueden superar errores, dificultades e inequidades a través de la educación y el trabajo.

Los buenos gobernantes son tolerantes y están abiertos a las críticas. Actúan sobre la base de principios que son esenciales para las repúblicas democráticas. No persiguen a nadie por razones personales, y tienen muy claro que el pacto entre él y el resto de los ciudadanos está previsto y regulado por la Constitución y las leyes. El derecho y la justicia son ejercidos con criterios universalistas, la ley es igual para todos, usa un mismo rasero para propios y extraños, y sabe que cualquier conspiración contra la ley afecta la estabilidad del sistema, abriendo boquetes los demagogos y caudillos de siempre.

Y finalmente, los buenos gobiernos se alternan. Un buen líder sabe que llega, hace lo suyo y se va, sin caer en la tentación de la perpetuidad. Por eso se apoya en planes y políticas de Estado, y se siente beneficiado por seguir haciendo lo que los demás iniciaron, o comenzar una obra que otros culminarán.
Pero, ¿qué es lo que tenemos? Esto no es un gobierno. Ni siquiera un mal gobierno. Esto que vivimos los venezolanos es un régimen de opresiones que transcurre en sentido contrario a todo lo que hemos descrito. Que no tiene vocación republicana ni nos considera como conciudadanos. Las leyes no se aplican y han sido sustituidas por la trama autoritaria de la coalición que dirige los hilos del poder. Vivimos una época en la que los buenos resultados y las buenas realizaciones están ausentes. Vivimos el deterioro como forma de vida. Transcurrimos en el envilecimiento donde nada es especialmente sorprendente. Vamos cuesta abajo, y no es porque queramos, sino porque no hay gobierno.

VICTOR MALDONADO | NOTITARDE
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