Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Ética, Genética y Religión

Con un profundo respeto por las ciencias duras… me atrevo a opinar sobre la tesis según la cual “ya estaría demostrado” que nuestros valores y nuestro accionar ético dependen de nuestro código genético.

Con un profundo respeto por las ciencias duras -respeto inevitable cuando se es, como yo, un ignorante absoluto en esos predios- me atrevo a opinar sobre la tesis según la cual “ya estaría demostrado” que nuestros valores y nuestro accionar ético dependen de nuestro código genético.

Una primera versión de mi argumento salta a la vista: si la genética predeterminase a la moral, el Libre Albedrío no existiría; y como éste existe, como con exactamente mi mismo código genético soy libre para perdonar o no una ofensa, se deduce entonces que -¡¡por suerte!!- mis genes no pueden coartar mi Libertad. Si la genética regulase a la ética, simplemente seríamos animales. ¡¡Son éstos los que carecen de Libre Albedrío y los que, en lo absoluto, pueden hacer nada que no esté prefijado en sus instintos!!

Pero, para profundizar ese argumento, cabe reflexionar acerca de qué noción de la ética puedan tener las ciencias duras, que las lleve a creer que aquélla venga preestablecida por la genética. Porque hay dos enfoques muy distintos de la moral y en uno de ellos dicha tesis puede tener algún asidero: es aquél según el cual la ética es “el conjunto de principios y valores que la cultura, la tradición, la educación, las creencias y los dogmas nos inculcan”. Es esa idea ingenua según la cual nuestra ética son los valores que la sociedad nos impone. Cuando se cree que la moral es eso, es comprensible que se piense que ella pueda estar bajo la férula de la genética. Porque, al parecer -y eso sí que “ya estaría demostrado”-, nuestra historia antropológica y nuestra cultura se van incorporando con los siglos a nuestros genes. Por ejemplo, los milenios que estuvimos conviviendo con las fieras ¡¡comiendo la carroña que ellas dejaban al engullir a sus presas!! Si la ética fuese eso, tal vez podría estar regulada por los genes.

Pero si se la entiende en el otro enfoque, el verdadero; si se la asume como la Libertad Absoluta que me permite imponerme a mí mismo mis valores; si descubro que puedo crear en mi espíritu -¡a partir de la nada, o sea, exnihilo!- el Bien, la Tolerancia o la Humildad; si acepto lo que es evidente: que con exactamente las mismas razones, el mismo contexto, los mismos traumas, la misma estructura emocional o pasional y, sobre todo, ¡¡con exactamente los mismos valores convencionales!! puedo asumir una actitud ética o exactamente la contraria: robar o no, suicidarme o no, matar o no; cuando descubro que eso es lo que la moral es y no ese conjunto -herrumbroso, anquilosado y necio- de valores que la sociedad y la tradición incrustaron en mi cerebro, entonces intuiré fácilmente que ella nada tiene que ver con mi código genético.

E intuiré también que la psicología, la psiquiatría y todas las neurociencias juntas no tienen ninguna posibilidad de captar la infinitud y la absolutez, radicalmente inescrutables, del Espíritu Humano. Porque un ente que, sin duda, es infinito y absoluto y, lo esencial, que sin la menor duda es creador -no creativo sino creador ¡¡igual que Dios!!- no puede por definición llegar a ser conocido o descifrado. Porque, como ya dije, la posibilidad de escoger entre dos alternativas exactamente válidas, de crear una realidad o exactamente la contraria, no puede estar preestablecida en ninguna genética. Porque dicha capacidad de decidir atañe precisamente a nuestra conexión con Dios, ¡¡una esfera en la que la ciencia no podrá nunca penetrar!!

Posdata: todo lo cual será discutido en el Diplomado, Ética Avanzada y Religiosidad, organizado por Acoinva, la Asociación Empresarial de Valera.

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