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Ética para el (sub)desarrollo

11/10/07

Casi simultáneamente con su discurso sobre el Proyecto de Reforma Constitucional, Hugo Chávez introdujo en la Asamblea Nacional las Líneas Generales del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2007-2013. El propósito de esta consignación no queda claro. El propio Chávez se había encargado de eliminar en la Constitución de 1999 la obligación que antes tenía el Poder Ejecutivo de presentar los lineamientos del Plan de la Nación ante el cuerpo legislativo. Sin embargo, como la norma en este régimen es dar un pasito hacia delante y dos hacia atrás, el Presidente tuvo la cortesía con los señores diputados de hacerles conocer sus lineamientos estratégicos, los cuales apuntan claramente, al igual que el proyecto de reforma, hacia el comunismo tipo cubano.

Por: Trino Márquez

La finalidad explícita de las Líneas Generales consiste en conducir a Venezuela hacia el socialismo del siglo XXI, para lo cual se señalan siete grandes estrategias: 1. Nueva Ética Socialista; 2. Suprema Felicidad Social; 3. Democracia Protagónica y Revolucionaria; 4. Modelo Productivo Socialista; 5. Nueva Geopolítica Nacional; 6. Venezuela: Potencia Energética Mundial; 7. Nueva Geopolítica Internacional. Hoy comentaré el primero de los puntos.

A los comunistas, que se consideran superiores al resto de los mortales, sobre todo en el plano moral, les encanta hablar de los supremos valores éticos de la revolución y de los revolucionarios. Nada los seduce más que el “Hombre Nuevo”, suerte de encarnación de los ángeles pintados por Rubens. “Socialismo y hombre nuevo deben ser sinónimos”, dicen (p.3). Estos son seres movidos por el amor al prójimo y la solidaridad con los desamparados. Por supuesto que para alcanzar tan elevados principios hay que trascender el capitalismo. Este sistema está basado “en el individualismo egoísta, en la codicia personal, y en el afán de lucro desmedido”. (p.1) Se trata de “la construcción de un Estado ético. . . Un Estado de funcionarios honestos” (p.2). El “proyecto ético bolivariano” convertirá a los hombres “en personas y ciudadanos justos, solidarios y felices” (p.2). El objetivo del Plan es nada más ni nada menos que “Refundar ética y moralmente la nación (p. 3) Cualquier cosa. (¡Cuanto placer les provoca la grandilocuencia!).

Tanta virtud conmueve. Sin embargo, ocurre que en el Proyecto de Reforma Constitucional, Art. 141, el comandante Chávez elimina la responsabilidad de los funcionarios en el ejercicio de la función pública y su obligación de rendir cuentas, normas taxativamente apuntadas en la Carta del 99. Al suprimirse del proyecto de modificaciones estas obligaciones, la corrupción, que ya campea por todo el aparato administrativo, marchará a la velocidad de las Hummer. Los “Estados éticos”, si es que tal cosa existe, sólo pueden alcanzarse en medio de climas donde se elimina la impunidad y se acaba con los incentivos que estimulan la corrupción. Con llamados piadosos a la honestidad, a la “conciencia revolucionaria”, como hacen los comunistas, no se obtiene nada beneficioso, menos aún si la Contraloría ha desaparecido o solo se ocupa de saber cuánto gastan los alcaldes de Chacao y Baruta. Los chinos maoístas combinaban las exhortaciones con la amenaza del paredón para los funcionarios que incurrieran en delitos de corrupción. En Venezuela no se debe pedir la aplicación de métodos primitivos y bárbaros como la pena de muerte, pero sí que al menos la Contraloría cumpla con su deber. Lo de ser “justos, solidarios y felices”, tal como propone el “proyecto ético bolivariano”, no es misión del Estado ni del Gobierno, sino de la educación, la familia y la religión, espacios que conviene mantener fuera de las garras del Estado. Lo que sí es obligación de este último es lograr que los ciudadanos sean iguales ante la Ley y la respeten sin ningún tipo de privilegios, cosa que nunca se logra en los regímenes comunistas, donde la norma consiste en que “unos son más iguales que otros”, según el célebre principio establecido por Orwell.

Quienes redactaron el Plan desempolvaron el Marx de Crítica al Programa de Gotha y lo citaron de una manera libre: “De cada quien según su trabajo, a cada quien según sus necesidades” (p.3). Así se resume una de las viejas aspiraciones de la sociedad comunista. Los ciudadanos deben recibir independientemente de cuál sea su aporte al bienestar y la riqueza social. Quien debe decidir cuánto recibe cada cual es el Estado, ser omnisciente, justo y equilibrado. De acuerdo con este axioma lo que han hecho los comunistas es distribuir con gran habilidad la miseria. Nada más parejo en las sociedades rojas rojitas que la pobreza de las grandes mayorías. Eso sí, en la cúspide de la pirámide social se encuentra la claque gobernante, que siempre disfruta de privilegios exagerados e inmerecidos.

Otra de las estrategias para alcanzar la ética socialista consiste en “desarrollar la conciencia revolucionaria” (p.3) y “superar la ética del capital” (p.4). Ya resulta extraño que esta sea una función del Estado, pues a quien corresponde esa tarea es al partido revolucionario y a las organizaciones de la sociedad civil que están con el proceso. El Estado debería ser una organización laica, al margen de la ideologización y fanatización de los ciudadanos. No obstante, ocurre que en los países comunistas desaparecen las sanas fronteras que deben separar el Estado, el Gobierno y el Partido, y todo pasa a estar dominado por la ideología y las tesis políticas del Parido o grupo gobernante.

En razón de esta mezcla tan dañina es que no se puede confiar en los supuestos buenos deseos de los redactores de los lineamientos cuando dicen que el proyecto ético busca edificar una sociedad “plural, diversa y tolerante” (pp. 2-3). ¿Cuál tolerancia, pluralidad y diversidad puede haber en un sistema político que se propone imponerle a la nación una antigualla tan cruel y empobrecedora como el comunismo?

La “nueva ética socialista” en realidad está constituida por los viejos prejuicios y dogmas del comunismo más rancio.

tmarquez@cantv.net

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