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Europa y Venezuela: miseria del populismo

…Los rasgos comunes que se aprecian en esta crisis son: desorden en las finanzas públicas, con déficits fiscales que superan el cien por ciento del PIB; existencia de un Estado Benefactor incapaz de autosustentarse…

Por la milésima parte de los desmanes cometidos en Venezuela, Grecia anda sumida en una grave crisis financiera que le costó la salida al ex primer ministro Papandreu; Italia tuvo que despedir a ese Mussolini aristocrático llamado Berlusconi, y España y Portugal se tambalean. En la Madre Patria, la erosión económica le propinó al PSOE la salida del Gobierno, y una derrota humillante una José Luis Zapatero y su compañero de partido Arturo Pérez Rubalcaba.

Los rasgos comunes que se aprecian en esta crisis son: desorden en las finanzas públicas, con déficits fiscales que superan el cien por ciento del PIB; existencia de un Estado Benefactor incapaz de autosustentarse a través de los ingresos ordinarios, lo cual quiere decir, pago de tributos como el impuesto al valor agregado, el impuesto sobre la renta y las cancelaciones que se derivan de las transacciones aduanales, importaciones y exportaciones.

En esos países el Estado no cuenta con un sector de empresas públicas importante, que demande transferencias o subsidios del Gobierno central, ni se incurre en gastos militares desmesurados. Después de la caída del Muro de Berlín, ya atenuadas las tensiones con Rusia, Europa redujo los gastos en armamentos a su mínina expresión. Antes, durante el período de la Guerra Fría, quien se ocupaba realmente de la seguridad del viejo continente eran los Estados Unidos. Los aportes de los europeos eran menguados, lo que les permitió dedicarse a reconstruir su economía, diezmada por la II Guerra Mundial. Esta verdad les cuesta mucho aceptarla a los franceses.

Las sociedades europeas confrontan dos serios problemas: el crecimiento desmesurado del Estado de Bienestar y la incapacidad de sus élites de ponerse de acuerdo sobre planes de mediano y largo plazo que permitan introducir las correcciones necesarias. El cálculo político bastardo provoca maniobras de baja estofa que impiden acuerdos duraderos. En Grecia existía el temor a encarar un electorado que pretende jubilarse a los 57 años, cuando la esperanza de vida supera las 80 primaveras.

En España los partidos no querían confrontar a unos votantes que se niegan a que se les retarden dos años el retiro, a pesar de que la esperanza de vida sigue aumentando y que el crecimiento vegetativo no logra reponer la población envejecida.

El encarecimiento de la fuerza de trabajo por contratos colectivos que no toman en cuenta la productividad y el rendimiento de las empresas, y la estabilidad granítica en el trabajo, que ha eliminado en la práctica el mercado laboral, han reducido la competencia de Europa, frente a monstruos como China y la India, donde la remuneración y la protección al trabajador son mucho menores. La inmensa complejidad de la globalización ha sido ignorada por la élite europea, que trata de seguir operando como si los gigantes asiáticos no existieran.

Las enseñanzas que se derivan de las traumáticas tensiones en Europa, provocadas no por el capitalismo, sino por su acérrimo enemigo, el populismo, no han sido comprendidas por el régimen venezolano. Mientras más en peligro está el viejo continente debido a la erosión causada por la demagogia, más insiste el Gobierno nacional en cometer los mismos y aún peores errores.

El Estado continúa adquiriendo compromisos impagables. Sin ningún tipo de cálculos previos, promete retornar al esquema de las prestaciones retroactivas. Crea un fondo para financiar las viviendas de quienes hoy son inquilinos y no poseen techo propio.

Promete equipar las casas de millones de familias humildes. Continúa la vorágine expropiadora. Confisca empresas que cancelan tributos. Sigue regalándoles dinero a Cuba, Bolivia y Nicaragua. Mantiene el cerco sobre el sector privado. Persiste con el control de precios y de cambio, y las regulaciones que alejan las inversiones y contraen el empleo. No hay exabrupto que no cometa.

La causa de todo este desbarajuste se encuentra en el precio del barril de petróleo. Los 100 dólares a los cuales se cotiza el crudo en los mercados internacionales, ha permitido al Presidente desatar esta orgía populista, a la que llama inclusión y redistribución socialista del ingreso. Lo secunda un gabinete irresponsable que le aplaude las insensateces que están conduciendo a Venezuela a un despeñadero. Pensemos nada más que los precios del crudo se desplomen porque la tasa de crecimiento de China e India retrocede. Se habrá acabado la ilusión creada por el populismo petrolero, y con ella se habrá hundido el país.

@tmarquezc

Publicado: Jue Nov 24, 2011

Opinión