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Exterior: Asamblea Nacional, Sí; constituyente, no, por Trino Márquez

La gira de Julio Borges y Freddy Guevara por Europa fue todo un éxito. Quedó reafirmada la legitimidad de la Asamblea Nacional electa el 6 de diciembre de 2015. Los países más importantes del viejo continente ratificaron su preocupación por el giro dictatorial que Nicolás Maduro le imprimió a su gestión, la larga agonía vivida por la democracia venezolana y el declive de la República, acorralada por las continuas violaciones a la autonomía de los poderes públicos y la violación permanente de los derechos humanos. Simultáneamente, el Reino Unido, Francia, España y Alemania subrayaron su decisión de promover iniciativas internacionales orientadas a recuperar la democracia. El comportamiento de Borges y Guevara tuvo el tono y la dignidad adecuada: no se dedicaron a denunciar los abusos de un régimen cada vez más desprestigiado, condenado y aislado en el mundo, sino se orientaron a solicitar la ayuda humanitaria que el país reclama con urgencia y a abogar por los derechos humanos y los presos políticos, martirizados por la pandilla de sádicos que integran el gobierno.

El régimen, por su parte, fracasó en su intento de conseguir el reconocimiento internacional de la fraudulenta e ilegítima asamblea constituyente, que sigue siendo vista como lo que en realidad es: un aquelarre de la dirección del Psuv con algunos invitados de segunda categoría, carentes de todo peso específico. El señor Earle Herrera, quien no forma parte de la cúpula del oficialismo a pesar de su consecuente militancia en el oficialismo desde los orígenes del movimiento bolivariano, cansado de ser ignorado por sus colegas, decidió renunciar a la presidencia de la Comisión de Diversidad, adefesio encargado en teoría de promover la amplitud y desterrar el sectarismo. Esperar tal cosa del madurismo es como pedirle a Drácula que no jadee cuando ve sangre.
El desacierto de Maduro es tan patético que, en protesta por el comportamiento del gobierno de Caracas, el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, no asistirá a la cumbre de la Unión Europea con la Celac (organización promovida por Hugo Chávez para acabar con la OEA) prevista para octubre. Con lo cual, resulta previsible que el encuentro no se realice.
La respuesta del gobierno bolivariano ante la actitud internacional ha sido, como siempre, atolondrada. Con unas notas diplomáticas desabridas ha intentando contrarrestar el efecto positivo del viaje de Borges y Guevara. La muletilla del “injerencismo” es invocada con la monotonía de un reloj, por un mandatario que no toma ninguna decisión importante sin el beneplácito de Raúl Castro, dependencia de la que el propio Maduro se encarga de dejar constancia con sus permanentes viajes a La Habana.
Los países democráticos del planeta no están dispuestos a aceptar que la dictadura madurista pase incólume; que sus desmanes autoritarios queden ilesos como ocurrió con Fidel Castro, quien desterró la democracia de la isla caribeña bajo la mirada complaciente de la gran mayoría de las democracias occidentales y de los intelectuales “progresistas” del mundo, quienes quedaron imantados por un tirano a quien la historia política se encargará de ubicar en el lugar que le corresponde, luego de hacer el balance de su labor destructiva tras cincuenta años de haber martirizado a Cuba.
Con Maduro y la revolución bolivariana, afortunadamente, el cuento ha sido diferente. Ninguno de los Estados, congresos y partidos democráticos del mundo acepta sus explicaciones y excusas. El trato que le da al Parlamento venezolano y a los diputados solo se ve en los regímenes de fuerza. Su comportamiento autocrático lo pagará con creces.
Los resultados concretos de las gestiones Borges y Guevara probablemente no se vean en el inmediato futuro. Lo que sí está sintiendo el Gobierno en su médula espinal es la caída de la confianza de todos los mercados financieros internacionales, en cuyo origen se encuentra la crisis política provocada por su viraje dictatorial.

El Gobierno carece de divisas para cubrir incluso sus compromisos cotidianos en todos los frentes que debe atender. Este cerco, absolutamente legítimo porque lo que está en juego es el destino del sistema democrático en todo el continente latinoamericano, hará retroceder a Maduro y a los aliados que lo soportan en el poder. A esa casta lo único que se le pide es que respete la Constitución del 99 y retorne al modelo democrático. Este regreso lo emprenderá por las buenas, o tendrá que atenerse a las consecuencias, un ápice de las cuales está padeciendo. En América Latina no habrá otra Cuba.