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Faría y lo humano

¿Creerá Jacqueline que está contribuyendo a la construcción de un nuevo modelo de sociedad?

Por: Emeterio Gómez

Para quien desee reflexionar sobre qué es lo humano, nada mejor que estar en Venezuela en estos días. ¿Qué pudo llevar a esta bella mujer a aceptar un cargo obviamente creado para acabar de liquidar la democracia, para pisotear la más mínima legalidad o institucionalidad, para imponer un régimen al cual lo de totalitario ya le va quedando corto? ¿A qué apelará su mente para justificarse? ¿O es que ellos no necesitan justificarse, porque no tienen ningún concepto de lo humano que los reprima, los condicione o les imponga un deber ser, como tal vez idiotamente ha pretendido la civilización occidental? ¿Será que ellos -igual que los nazis- han descubierto “en la práctica”, lo que la filosofía por 2500 años intentó inútilmente encontrar “en la teoría”: ¡que no hay ninguna definición seria de lo humano, que los valores morales son meras convenciones y que podemos hacer exactamente lo que nos dé la gana, porque la libertad individual no está atada a ninguna responsabilidad o exigencia ética!

Pero, fuera ya del plano de la moral, bien lejos de la esfera axiológica ¿qué pensará Jacqueline de la viabilidad práctica del comunismo? ¿Creerá ella que está contribuyendo a la construcción de un nuevo modelo de sociedad, más justa y más humana, o sabrá ya que todo esto no es más que una coartada, un montaje, para que otros -no ella, por supuesto- se cojan unos reales? ¿Qué pensará cuando lee en la prensa zonceras como esta: “En las empresas socialistas no habrá diferencias salariales. El proyecto de Ley de Propiedad Social plantea que no habrá diferencias en las remuneraciones de los trabajadores, sin importar cuál sea su posición jerárquica dentro de la empresa” (El Universal, 21-04-09).

Porque lo humano en Jacqueline -y en cada uno de nosotros- se conforma alrededor de esas dos esferas: la ética y la razón. Y es comprensible que ella no esté en condiciones de juzgar éticamente al socialismo, que no pueda detectar el absurdo infinito que es pretender igualar por decreto a seres que son profundamente distintos, unos más capaces, más inteligentes, más creativos& o más hábiles que otros. Todo ello se puede aceptar en el plano ético, en ese terreno nuestra heroína está más o menos disculpada. En el siglo XXI no se le puede pedir a una persona relativamente joven que entienda la estupidez de Marx al postular el comunismo& o los crímenes masivos de Stalin, Mao, Pol Pot y Fidel Castro para imponerlo por la fuerza.

Pero en el plano de la Razón -en el de la inteligencia pura y simple- cualquiera puede pedirle a Jacqueline que entienda la monumental estupidez que conlleva el que, en una empresa, los salarios no guarden relación con la posición jerárquica, la capacidad, inteligencia, habilidad o creatividad, de cada quien. No puede ser que no capte que este problema absolutamente nada tiene que ver con el comunismo, el capitalismo, el mercado, el feudalismo o las cooperativas, sino que atañe más bien a lo Humano, a un componente esencial de lo humano: la noción de justicia. Porque una de las grandes deficiencias que desde siempre confrontó el comunismo -una que, ella sola, lo torna inviable- es la inmensa injusticia que supone el que un hombre que produce el doble, el triple o diez veces lo que otro, gane lo mismo que él. ¡A no ser, repito, que Jacqueline ya sepa que en esta mezcla fascinante de comunismo y corrupción que es el chavismo, el diferencial de productivi- dades -el eterno rompecabezas de la ciencia económica- se resuelve permitiéndole a los más capaces robar en proporción a sus habilidades e inteligencias!

gomezemeterio@gmail.com