Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Feliz Navidad. José Ramón Acosta

La libertad en el cristianismo trasciende el plano terreno, pero lo contiene

Hoy es 24 de diciembre. Si usted es católico, considerará que se encuentra en la víspera del nacimiento del Niño Dios. Si no lo es, igualmente para usted hoy es 24 de diciembre de 2012 porque todos usamos el sistema de tiempo gregoriano, fundamento del calendario aprobado por el Papa Gregorio XIII el año 1582, que se organiza precisamente a partir del nacimiento de Jesús de Nazaret. Quiero decir, sin menosprecio de las demás religiones, que el nacimiento de Cristo es un evento tan importante que nos afecta a todos, independientemente de nuestras creencias religiosas.

Navidad significa, según el diccionario de la Real Academia: “Natividad de Nuestro Señor Jesucristo”. Mañana todos conmemoraremos el alumbramiento de un hombre; en tanto los católicos, el nacimiento del Hijo de Dios. Es por eso que hoy es un buen día para formularnos una pregunta: ¿fue Jesús de Nazaret comunista?

Digámoslo de una vez, esa interrogación tiene el mismo sentido que discutir si Jesús usaba iPhone o BlackBerry. Simplemente, ¡no!, pues en su época no existían ni el comunismo ni el capitalismo, así como tampoco existía la telefonía celular. Entonces, primera conclusión: Jesucristo nada tiene que ver con el comunismo.

Ahora bien, la discusión sobre la relación ente el socialismo y la religión católica tiene al menos 150 años. Incluso, al final de los años 60 y durante los años 70 del siglo pasado, algunos teólogos y sacerdotes latinoamericanos afirmaron que el cristianismo era socialista. Lo llamaron Teología de la Liberación. Yo sé que el lector está apurado para hacer sus compras navideñas, de última hora, por lo que no voy a ponerme a explicar aquí en qué consintió la Teología de la Liberación. Simplemente permítanme afirmar que, basados en la opción de Cristo por los pobres, en uno que otro versículo de la Biblia, cómo “Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios” (Mc 10,25) y en una lectura que afirma que en el Nuevo Testamento se hace énfasis en la frugalidad de Jesús, se llegó al extremo de afirmar que Jesucristo hubiera sido socialista (no se decía comunista porque Marx había afirmado que el comunismo era ateo) e, incluso, algunos sacerdotes de la Teología de la Liberación tomaron el camino de la guerrilla.

En relación con esto último, es obvio que el mandamiento de Jesús, amaos los unos a los otros, entra en clara oposición con el tomar las armas como opción de vida. Sabemos que el mismo Cristo al momento de ser apresado condenó la opción de la violencia por parte de Pedro (Jn 18,11). De modo que sabemos: 1) El cristianismo no puede ser comunista porque el comunismo es ateo. 2) El socialismo, al fundamentar el problema social en términos de contradicción y de lucha de clases, va contra el mandamiento cristiano.

Queda claro que el cristiano no puede ser ni comunista ni socialista, pero ¿puede afirmarse que los valores del cristianismo y los valores del capitalismo convergen o divergen? Esto también es muy fácil si se conocen cuáles son los valores del uno y del otro. El capitalismo se fundamenta en el derecho a la propiedad privada y en disfrutar los frutos del trabajo. El cristianismo es una opción por la salvación del espíritu y la vida eterna. Sin embargo, mientras el hombre se encuentra en la Tierra, es decir, mientras vive, está en transición. En este tránsito, el cristianismo afirma claramente la libertad como principio. El propio Jesucristo ratifica los mandamientos de Moisés, en especial el referido al respeto a la propiedad (no robarás) y el de no envidiarás (no codiciarás lo ajeno). “Porque los mandamientos: No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro, se resumen en éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Rom 13,9). Este precepto incluye el imperativo de atender las necesidades del cuerpo, incluso su cuidado, como si fuese un templo (1 Cor 6,19). Por lo que el trabajo (2 Tes 3,7-12) y la libertad (Libertatis Nuntius de 1984) son valores perfectamente aceptados por ambos. La libertad en el cristianismo trasciende el plano terreno, pero lo contiene. La libertad con la responsabilidad que ella conlleva (Libertatis Conscientia de 1986) es la piedra angular de los valores del capitalismo y el cristianismo. En realidad no puede afirmarse que el catolicismo es capitalista, pero no existe ninguna contradicción entre ser a la vez capitalista y católico.

Feliz Navidad para todos.

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@cedice

Fuente: El Universal