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Fuerte libertad

Publicado Diario El Universal 11/11/07

Por: Domingo Fontiveros

La abstención comienza a parecer como opción menos aprovechable

Al nuevo bolívar lo llamarán fuerte, pero lo que sí demuestra fortaleza en Venezuela es el sentimiento libertario. La reacción adversa al arbitrario proyecto de cambio constitucional perorado “como si nada” por el Gobierno así lo evidencia. Ni la opinión pública ni los expertos constitucionalistas, incluyendo al magistrado Cabrera, ni lo expresado civilmente por el general Baduel ni lo demostrado por los estudiantes en las calles ni lo expresado por dirigentes reconocidos de Podemos, respaldan las intenciones aviesas de ese proyecto en materia de libertades políticas, económicas y laborales.

Esta reacción no es superficial. La gente por instinto se niega a aceptar un suicidio político colectivo para entregar todo el poder a la voluntad de quienes jefaturan al Estado. Así se explica que el rechazo al proyecto supere los registros de apoyo a la llamada oposición. Más allá de las fallas constitucionales en el procesamiento de la “reforma”, que no tienen por qué ser conocidas por la mayoría, lo que realmente pesa en el ánimo general es el contenido presentido de muchas de sus disposiciones medulares.

La nulificación del sufragio personal a través del artilugio de los consejos del poder popular deja fuera a la soberanía del ciudadano y transfiere en la práctica a los gobernantes la facultad de elegirse y reelegirse a sí mismos en forma indefinida. Liquidar la libertad de dedicarse cada quien a la actividad económica de su preferencia deja a los ciudadanos sometidos a tener que estudiar, trabajar o invertir en lo que el Gobierno resuelva por ellos. Absolver a los funcionarios públicos del deber de servir a la ciudadanía y de rendir cuentas de sus actuaciones, realmente pone a la población a merced de los más extremos abusos que puedan cometer los potentados de la burocracia oficial.

La gente no está dispuesta a renunciar a sus derechos y garantías más preciados. Ello abarca tanto a libertades políticas y de trabajo, como a las libertades económicas y la propiedad. Porque hacerlo equivale a entregarse a la voluntad de un solo partido y de un solo propietario, de un solo gobernante y de un solo patrono, de un solo pensamiento y un solo argumento.

Desde siglos atrás ha pervivido el aforismo “prefiero una libertad peligrosa que una esclavitud tranquila”, que traduce la enorme energía del ser humano que acepta los problemas de la libertad antes que los “excesivamente tranquilos” de la esclavitud. Puede ser que el miedo someta temporalmente a seres libres por naturaleza. Pero el ideal de libertad no tiene marcha atrás. Y a ello siempre le han temido los tiranos.

El momento no les llega a quienes aspiran imponerse por la vía del miedo en Venezuela. Por encima de cosas comparativamente menudas entre quienes adversan a la dirección del régimen, la libertad prevalece, se manifiesta sobre amenazas y coacciones, y coaliga a las múltiples tendencias que suman para impedir la marcha al barranco.

Detener la reforma es una opción que legalmente está en manos del TSJ y de Chávez. Votar en contra está en manos de la ciudadanía, y viene ganando más fuerza. La abstención comienza a parecer como opción menos aprovechable en una contienda que se vislumbra políticamente perdida por el régimen, aunque los votos doctorados puedan favorecerle en el conteo. Veremos.

dfontiveros@cantv.net