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Gobierno en mengua. Domingo Fontiveros

Economía y política se dan así la mano en el reino de la arbitrariedad.

El modelo del gobierno se viene deshilachando al ritmo de sus crecientes fracasos. Del alucinante imaginario del socialismo del siglo XXI con mar de la felicidad incluido, está pasando a una etapa de mengua y burdo burocratismo que no inspira nada de las sublimes ilusiones del chavismo de hace varios años y sí una desagradable sensación de desgano mezclado con rechazo en nuevos segmentos de la población. Fatalmente herido en lo económico, pasa ahora a vaciarse de energía en lo político y social. No obstante, en lugar de ingresar a un salón de terapia intensiva, evade su responsabilidad constitucional recurriendo a triquiñuelas que ni engañan ni sirven para comprar mucho tiempo.

Hay dos casos de actualidad suma que ilustran esta circunstancia. El Sicad 2 ha sido promovido oficialmente como la panacea cambiaria.

Servirá para superar la escasez de bienes y divisas, y favorecer el mantenimiento de los puestos de trabajo. En su exaltación las voces oficiales destacan que el tipo de cambio será fijado por la oferta y la demanda y que su apertura ha permitido la revaluación del bolívar.

Niegan, de paso, que tenga repercusiones inflacionarias ya que apenas representa un 8% del flujo transaccional de divisas. De paso, también, han dejado saber a fabricantes y comercios los nuevos precios para innumerables artículos aunque hasta ahora se abstienen de publicarlos en Gaceta.

Una explicación más exacta del asunto diría que la tasa Sicad 2 se convierte en marcador oficial de los objetivos en materia cambiaria para los otros tipos controlados y que las expectativas inflacionarias seguirán de cerca el nivel y el diferencial entre los distintos tipos de cambio. También diría que por primera vez el gobierno legitima la interacción entre oferta y demanda como mecanismo para determinar precios, dejando suspendida, provisionalmente al menos, la cláusula socialista a este respecto, aunque se reserva el derecho de revertir sus decisiones en caso de no gustarle el resultado o estimar que llegue a estar preparado para un nuevo zarpazo.

El caso de MCM es otro emblemático del orden y estabilidad jurídicos como son entendidos por el gobierno. Sin dejarla ejercer defensa alguna fue despojada de su cargo de representación popular por una orquestada secuencia de órdenes y sentencias despegadas de la Constitución y ceñidas al más rupestre instinto de extinguir la disidencia política para preservar el poder, y amedrentar intenciones similares. El texto fundamental de la República ha quedado así interpretado más como reglamento de un campo de concentración, donde el derecho y deber principales son cumplir las órdenes superiores sin chistar.

Economía y política se dan así la mano en el reino de la arbitrariedad y el capricho del poderoso, muy lejos de la libertad, la democracia y el mercado. No extraña que en esta dimensión de lo bizarro, el gobierno se proclame a sí mismo como garante de los derechos humanos, paladín de los pobres y supermán de la paz y el amor. Y acuse a personas inocentes de los más horrendos crímenes, como terrorismo, asesinato y traición a la patria. ¿Tendremos los venezolanos que pedirle a Francisco que venga a iluminar con la cordura y la humildad a esta cultura nuestra que amenaza destrozarse a sí misma?

DOMINGO FONTIVEROS | EL UNIVERSAL
dfontiveros@cantv.net