Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Guerra económica y suprema felicidad social. Luis A. Herrera Orellana

Desde hace meses, quien ocupa el cargo de Presidente de la República, altos funcionarios del Gobierno Nacional y de otros poderes públicos, afirman que en Venezuela los graves problemas económicos que afectan a la población (escasez, desabastecimiento, falta de divisas para importaciones, desempleo, devaluaciones, aumento de la deuda, etc.) sin distingo de clases sociales y posiciones políticas, es resultado no de la política socialista aplicada por el Gobierno, sino de un plan deliberado que están desarrollando empresarios privados, partidos y líderes políticos de oposición e, incluso, algún Gobierno extranjero, en opinión de Eleazar Díaz Rangel. A ese plan lo llaman “guerra económica”.

Si más de la mitad de los ingresos de la nación no se usaran al margen de la Constitución, a través de “fondos” que nadie controla, si no estuvieran vigentes controles de precios y cambiarios desde hace más de una década, si la libertad económica no hubiera sido anulada por mandatos de planificación central (no cabe llamarlos regulaciones) y la propiedad privada no estuviera siendo sistemáticamente desconocida desde hace años, esa afirmación solo causaría risa, pues es por lo antes dicho y por una “guerra económica” que tenemos tales problemas económicos. Pero como todo eso está vigente, gran parte de la población no acepta que allí está la causa del problema y estamos en medio de otra campaña electoral, la “guerra económica” no se la puede tomar a risa, y se impone alertar, por agotador que resulte, acerca de su falsedad y carácter propagandístico.

Días pasados, el Gobierno Nacional creó una instancia central con el compromiso de lograr que cada venezolano sea plenamente feliz. Con la excusa de seguir en ello a Bolívar y no al Gran Hermano de la novela 1984, se creó el Viceministerio para la Suprema Felicidad Social, el cual según el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación, es “la visión de largo plazo que tiene como punto de partida la construcción de una estructura social incluyente, formando una nueva sociedad de incluidos, un nuevo modelo social, productivo, socialista, humanista, endógeno, donde todos vivamos en similares condiciones”, es decir, igualdad material. El Viceministro ha dicho que se propone “incidir en todos aquellos factores que perturban la posibilidad de que las personas sean felices”.

Igualmente, si otras instancias no menos cuestionables como Sundecop, Indepabis, Sada y Cadivi no hubieran demostrado el alto precio que las sociedades pagan cuando abrazan el credo socialista, y en general, los venezolanos tuvieran claro que la felicidad es una noción subjetiva, individual, asociada a la idea de bien y placer que cada individuo, pareja, familia o grupo asume en forma autónoma, y que no puede ser definido e impuesto por el Estado, también cabría reírse de un torpe despropósito como éste. Pero por desgracia, para una considerable parte del país, en efecto, la felicidad no solo individual, sino “social” (algo inexistente) depende de la acción del Estado, del Gobierno, del Presidente.

Guerra económica contra el sector privado y suprema felicidad social son, aceptémoslo, dos nociones que no chocan con las creencias morales y económicas de los venezolanos, ya que en los 40 años de democracia, si bien bajo otras formas, fue eso lo que desde el Poder se vendió a los ciudadanos: que el sector privado es explotador y que si estás con el partido y el Gobierno tu vida será mejor. Solo insistiendo en los hechos que prueban el fracaso del socialismo, y defendiendo sin complejos la visión liberal de la persona humana, que ponga la libertad, la responsabilidad, las capacidades, el trabajo y el valor de la acción humana, en el centro de la discusión pública, se podrá derrotar esta nueva celada del colectivismo.


Luis A. Herrera Orellana – NOTITARDE