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Guía para microempresarios responsables

Las pequeñas y medianas empresas también pueden ejecutar acciones de RSE. Seis directrices permiten establecer una estrategia de negocios competitiva, capaz de integrar consideraciones éticas, sociales y medioambientales.

No es necesario ser una gran corporación para poner en práctica principios y programas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE). Cualquier micro o mediana empresa puede hacerlo según los tiempos de cada organización. Tampoco es necesario desarrollar un proyecto de grandes dimensiones pues las acciones son tan variadas como lo deseen los empresarios y colaboradores de estas iniciativas. Lo primero es entender de qué se trata la RSE.

Si bien no hay una sola definición, se trata de una forma de gestión de negocios pautada por la relación ética, transparente y solidaria de la empresa con los públicos con que se relaciona y por el establecimiento de metas empresariales compatibles con el desarrollo sostenible de la sociedad. Implica el desarrollo de una nueva estrategia que integra el modelo de negocio con sus valores.

La RSE toma un lugar esencial en la competitividad, pues las empresas socialmente más responsables son más atractivas para clientes, empleados e inversores. He aquí seis directrices fundamentales: Principios, valores éticos y gobernabilidad Se refiere al modo en que una empresa integra los principios en la toma de decisiones, en sus procesos y objetivos estratégicos. Esto se conoce como “enfoque de los negocios basados en los valores” y se refleja en la misión ­el para qué­ y la visión ­el sueño­ de la empresa. Las conductas y decisiones deben atender las expectativas sociales, con transparencia, manteniendo la coherencia entre el discurso y la práctica. Este compromiso facilita las buenas relaciones con sus públicos.

La gobernabilidad implica asumir todas las prácticas de RSE plenamente, como parte del negocio. Esto es internalizar, comprometerse al fiel cumplimento de los valores éticos. Condiciones de trabajo, empleo y derechos humanos Son las políticas de recursos humanos que afectan a los empleados, tales como compensaciones y beneficios, carrera administrativa, capacitación, ambiente laboral, diversidad, balance trabajo y tiempo libre, trabajo y familia, salud, seguridad laboral, etc. Hay que tomar en cuenta la opinión de los colaboradores. Esta área incluye la vigilancia a las normas de seguridad industrial, facilidades de transporte, seguro para los empleados, respeto a los horarios, pagos de horas extras según la ley y prestaciones adicionales a las obligatorias como programas de capacitación, becas escolares para los hijos, seguros médicos. Todas las empresas pueden cumplir con el respeto a los derechos humanos. Las políticas éticas deben ser claras con respecto a la erradicación del trabajo infantil, la diversidad de la contratación de personal ­incluso discapacitados o a personas de clases sociales marginadas­ y evaluar a proveedores. Hay que impedir la discriminación por raza, nacionalidad, religión, sexo, salud, estado civil u orientación sexual. También establecer políticas contra el acoso, sea sexual o de otro tipo.

Medio ambiente

Conservación del entorno y compromiso con el desarrollo sustentable. Puede incluir la optimización de los recursos naturales, el manejo y destino de los residuos, reducción del consumo de energía, apoyo a campañas ambientales, capacitación y educación del personal, creación de plantas de saneamiento y jornadas de arborización.

Mercadeo

Esta política involucra decisiones relacionadas con sus consumido res y se vincula con la integridad del producto, las prácticas comerciales, los precios, la distribución, el mercadeo y la publicidad. Las campañas deben basarse en la integridad, justicia y honestidad: desde las políticas de definición de precios hasta el empaque y etiquetado de los productos. Hay que conocer las implicaciones sanitarias y advertir al consumidor cuál es la fecha de fabricación y caducidad de lo que está adquiriendo. La privacidad y confidencialidad que se ofrece a los clientes, así como el respeto a la libre competencia también están incluidas en esta práctica.

Apoyo a la comunidad

Es el amplio rango de acciones que la empresa realiza para maximizar el impacto positivo de sus contribuciones, ya sean en dinero, tiempo, productos, servicios, conocimientos u otros recursos. Incluye el apoyo al espíritu emprendedor para el crecimiento económico de toda la sociedad. También incluye voluntariado, destinando tiempo de los empleados para organizaciones de servicio a la comunidad. La empresa puede colaborar con instituciones gubernamentales, municipales, no gubernamentales, privadas con programas de salud o educación, bien sea a largo plazo o en actividades concretas de la comunidad.

Política pública

Esta práctica se refiere a la congruencia de los intereses de la empresa y los intereses públicos. Un empresario socialmente responsable excede los requerimientos legales y de transparencia exigidos por las instituciones que regulan su actividad. Asimismo, colabora en aquellas áreas en las que las instancias públicas tienen aún desafíos importantes para alcanzar el desarrollo nacional, como la salud y la educación. Fuentes: Fundemas (El Salvador), Instituto Ethos (Brasil), Cedice (Venezuela), Deres (Uruguay), Comisión Europea.

Publicada Diario El Nacional 10/10/06