Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Hacia el Marx de Isaiah Berlin. Carlos Goedder

Isaiah Berlin (1909-1997) hizo uno de los estudios biográficos e intelectuales más interesantes sobre Karl Marx (1818-1883)

Al profesor Massimo Desiato

¿Por qué Marx en el Siglo XXI?

Lo primero es porque la nación más poblada del planeta, China, se considera heredera de las ideas políticas marxistas. Lo segundo es que inspirado por Marx, se construyó en el Siglo XX el nefasto totalitarismo soviético y habría que entender cómo los ideales marxistas degeneraron en tal barbarie. Y tercero, en América Latina, específicamente Cuba y de manera creciente en Venezuela, hay voluntad política por perpetuar el legado político y económico marxista.

Como liberal, me desagrada el ideario marxista. Ahora bien, también como liberal reconozco que sólo se puede contrariar una teoría tras leerla y entenderla, además de creer que incluso ideas erradas pueden acercarnos a la verdad por contradicción. Desmerecer a Marx es un error y estoy convencido que algún atisbo de deseo por la libertad habrá en su trabajo. Algo rescatable tiene que haber en un pensador cuyas ideas tuvieron tanta influencia. Sin analizarlo, es imposible ofrecerle una crítica seria.

Lo que complica todo es lo árido de los escritos de Marx. Difícilmente se puede soportar la tarea de leer los volúmenes de El Capital, por ejemplo. Ahora bien, hay trabajos más ligeros y por supuesto estudios que hacen otros pensadores sobre Marx, ahorrando el trabajo de ir a la fuente. En este caso, inicio la referencia a un estudio elaborado por Isaiah Berlin.

Berlin, miembro del pueblo hebreo, nacido en Letonia, trasladado a Rusia donde vivió la Revolución Bolchevique y luego emigrado a Reino Unido, escribió un libro sobre Karl Marx, el cual es importante rescatar. Hay una traducción castellana de ese trabajo por Alianza Editorial, publicada en 2000. En mi caso recurro a la edición inglesa, la cual tiene esta referencia: BERLIN, Isaiah. KARL MARX. Fontana Press, 1995. El trabajo original de Berlin es de ¡1939! Esta edición actualizada que refiero, al igual que la traducción de Alianza, incorporan una valiosa introducción hecha por un estudioso del liberalismo, el profesor Alan Ryan. Este pensador señala en tal introducción que “KARL MARX fue el primer libro de Isaiah Berlin. Tenía apenas treinta años cuando apareció.” (p. vii)

Si hay un pensador que haya trabajado a fondo el concepto de libertad, es precisamente Isaiah Berlin. Así que acudir a su Marx es un ejercicio necesario para liberales. Antes de abordar ese trabajo, voy a hacer una suerte de “apuntes introductorios” sobre Marx por Berlin. Los tomo de una serie de entrevistas que ofreció el propio Berlin y que constituyen una suerte de autobiografía intelectual.

Estas entrevistas han sido publicadas como CONVERSACIONES CON ISAIAH BERLIN. Hay una traducción castellana publicada por Arcadia / Atmarcadia en 2009. Nuevamente la que manejo es la original en inglés, la cual tiene esta referencia: JAHANBEGLOO, Ramin. CONVERSATIONS WITH ISAIAH BERLIN. Second Edition. Halban, 2007. El sr, Jahanbegloo publicó esta colección de cinco conversaciones, la cual es una lectura deliciosa sobre el pensamiento correspondiente a Berlin sobre temas como libertad, racionalidad y toda la trayectoria intelectual desarrollada por tan genial escritor. En el texto hay secciones donde Berlin habla sobre su Marx y ese es el preámbulo en que me concentro antes de abordar, en un artículo futuro, su trabajo biográfico-intelectual sobre el demiurgo marxista. El grueso de esas reflexiones está en la Primera Conversación.

Marx fue el primer encargo hecho a Berlin en su exilio londinense y le fue ofrecido tras rechazar tal proyecto otros escritores. Finalmente, el profesor de Oxford H.A.L. Fisher se lo comisionó al joven Berlin. Esta oferta fue hecha en 1933 y según evoca Berlin (la traducción es propia):

“Quería conocer lo que Marx pensaba – el porqué sus seguidores aumentaban en todas partes. Pensé que si nunca escribiese sobre él, nunca lo leería, porque cuando leí DAS KAPITAL frecuentemente, y en particular al inicio, lo encontré ilegible (como le pasó a Keynes, si bien probablemente por razones distintas). Así que me forcé a leer Marx extensivamente. Mi idioma alemán no es tan malo, así que lo leí parcialmente en alemán, parcialmente en inglés, parcialmente en ruso, porque las mejores ediciones de los trabajos hechos por Marx y Engel habían sido prohibidas por Hitler en 1933, pero continuaron apareciendo en Moscú, en ruso”. (p. 31)

Entre las fuentes marxistas, Berlin incluye a Engels, claro está, a quien encuentra “por supuesto más claro, si bien menos profundo como escritor que Marx”. La otra fuente que menciona es Georgy Valentinovich Plekhanov (1856-1918), quien era menchevique (un grupo político distanciado de los bolcheviques) y rompió con Lenin. Berlin dice de él: “Lo leí con completa fascinación porque es polémico, provocativo y maravillosamente legible, al mismo tiempo que altamente informativo y siempre racional y claro.” (p. 32) [En castellano, este autor es G.V. Plejanov y hay traducciones disponibles]. Siguiendo a Berlin, “Plekhanov fue, como sabes, el verdadero padre del marxismo ruso, influyó grandemente sobre Lenin y luego peleó amargamente con él (p. 32).

Donde Berlin desarrolla más sobre Marx es en la sección que Jahanbegloo titula “Marx y el movimiento socialista del siglo XIX”. Allí hace el grueso de sus observaciones.

Señala que “Marx era un hombre obstinado y de corazón duro. Virtualmente sólo le gustaba Engels, su propia familia y muy poca gente adicional”. (p. 139) Hacia el final de su vida se aisló aún más, limitando su esfera de interacción al hogar.

A Marx le disgustaba su origen hebreo. Berlin, del mismo pueblo, señala “él identificaba a los judíos con el capitalismo. Por supuesto que estaba bautizado [era converso, al igual que su familia], como lo estaba su padre, y relegaba al judaísmo – como las otras religiones – a fenómenos pasajeros, productos o enfermedades del capitalismo – las cuales se desvanecerían sin dejar rastro después de la revolución” (p. 140) Amargamente, muchos contemporáneos de Marx lo atacaron precisamente por su origen judío, reflejando la terrible enfermedad antisemita que ya asolaba a Europa.

Sobre sus aportes intelectuales, Berlin señala que Marx era poco tributario con las ideas ajenas. Berlin encuentra que casis todas las ideas marxistas se pueden rastrear como provenientes de otras fuentes, si bien Marx las combinó con unicidad y genio. Siguiendo a Berlin: “Plusvalía, guerra de clases, el papel histórico dominante de los cambios tecnológicos, base y superestructura, todo eso puede ser encontrado en otra parte, en Saint-Simon, Fourier, Hodgskin, Ricardo y otros. Marx no era un hombre que reconociese su deuda con otros. No decía: ‘Le debo esto a Hegel, le debo esto a Saint-Simon’, o a Rodbertus, o Helvétius o Lasalle, aunque así fuera” (p. 141) No obstante, Berlin le reconoce que si bien sus ideas no eran del todo nuevas, fueron al menos más leídas (es el caso del cambio tecnológico por ejemplo, ya anticipado por Saint-Simon). Siguiendo a Berlin:

“Marx fue el primero en predecir el ascenso de la gran empresa, en identificar la influencia de la tecnología en la cultura general, en exponer las fuentes de la actividad capitalista. Abogó por la lucha de clases, y por supuesto exageró terriblemente – no es un fenómeno universal ni central ni generalizado como él piensa.” (p. 147) Otra ingeniosa idea de Marx es reconocer los intereses que subyacen ciertas líneas de pensamiento. Siguiendo a Berlin: “Los ideales a veces son intereses disfrazados, aunque no tan invariablemente como él suponía. La cuestión sobre una idea, un movimiento, una actividad – ¿a quién beneficia? ¿Quién gana más con ellos, cuáles son las motivaciones que los crean? Estas no son preguntas tontas.” (p. 148)

Sobre la evolución que tuvo Marx en sus ideas, Berlin señala:

“Estaba ciertamente obsesionado con sus propias ideas. Nunca desdijo nada; una vez que pensaba algo, consideraba que hacía una contribución de validez universal. Tampoco admitía haber modificado su visión. Pero, como sabes, el joven Marx y el viejo Marx no son el mismo. El Marx de Das Kapital no es el mismo Marx de Los Manuscritos Económicos y Filosóficos o de La Ideología Alemana; en cualquier caso, nunca hay un intento de decir: ‘He evolucionado, tengo nuevas ideas, lo que dije antes era inadecuado.’ No obstante Marx, aunque sus ideas hubiesen evolucionado, era mucho más unitario y sólido que lo que alguna gente en Francia quiere creer. No pienso que haya un temprano Marx humanista y un Marx economicista después, un Marx científico y un Marx romántico. Me parece que la gente ha intentado pensar esto porque odian el estalinismo, y desean rescatar a Marx de Stalin. Pero si lees a Marx, la continuidad en él y de él a Plekhanov, Lenin, Stalin es muy clara.” (p. 141)

Había potenciales semillas totalitaristas en Marx desde que su filosofía preconizaba la violencia, si bien nunca anticipó lo que ocurriría bajo los soviéticos. Berlin lo propone así: “No concuerdo con los nouveaux philosophes en Francia, cuando dicen que Karl Marx conducía directamente al Gulag. A Karl Marx le gustaba la violencia y la violencia alimenta a la violencia. Aún así, Karl Marx no abogaba por el asesinato en masa – esta es una idea nueva en Occidente. El verdadero autor de esto es Lenin. Bajo Lenin fue exterminada más gente inocente que bajo cualquier revolución previa, muchos más que en 1793, ó 1848 ó 1870. Hubo terror real, no en la escala de Stalin, pero un terror real que golpeó a izquierda y derecha y fue en el cual se fundamentó el leninismo.” (p- 146) Considerando ese legado, Berlin dice que el número real de muertos bajo Stalin fue de ¡Cincuenta millones de almas! (p. 146). Y elocuentemente, Berlin señala: “Creo que el comunismo es un fracaso total y hay más crímenes terribles en su conciencia – si es que existe – que en cualquier otro movimiento de la historia, incluso de las grandes persecuciones religiosas.” (p. 146)

Berlin en su entrevista (estamos en los primeros años noventa) consideraba que había un giro mundial hacia la derecha, si bien identificaba que el marxismo seguía muy vivo en América Latina y allí lo tenemos en 2012 con Castro y sus seguidores Chávez, Morales y otros potenciales. Siguiendo a Berlin: “No creo que en la Unión Soviética actual halla verdaderos marxistas convencidos – si los hay, muy, muy pocos. En Inglaterra sí, en Francia sí, y muchos en América Latina. ¿Pero en Europa del Este? ¿El hogar de todo? Algo ha colapsado”. (p- 145)

Sobre el totalitarismo en que degeneró el marxismo, está esta sentencia de Berlin, aludiendo al dramaturgo y poeta Bertolt Brecht (1898-1956): “Incluso Brecht, quien era estalinista, dijo una vez: ‘primero llena el estómago de alguien, la moralidad viene después’. Eso es una defensa del estalinismo, pero bajo Stalin tanto la comida como la moralidad colapsaron, hubo hambruna y exterminio vicioso.” (p. 145)

Como conclusión, dado su pensamiento y las consecuencias que tuvo, incluso los liberales tenemos que conocer a Marx con criterio y desarrollaré más sobre el ensayo de Berlin en futuras entregas. Como dice este gran historiador de las ideas sobre Marx: “… Sus doctrinas cambiaron la historia, para mejor o peor. Y sus análisis son frecuentemente de gran valor. El mundo podría haber sido un lugar más feliz, algunos piensan, sin Karl Marx, pero él existió y sus ideas han entrado en la textura del pensamiento moderno, incluso de aquellos que se oponen profundamente a él.” (p. 142)

Madrid, Noviembre de 2012