Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Hacia una sociedad de cómplices. Andrés Volpe

El salvaje en el hombre
nunca llega a erradicarse
completamente.
Henry David Thoreau

Cuando se está frente a una transición en la sociedad la sumisión de los individuos es esencial. El paso de una democracia latinoamericana al comunismo ecléctico es un fenómeno que, aunque tiene sus propias características intrínsecas, puede encausarse en el estudio de la ingeniería social y el modernismo.

El Holocausto, por ejemplo, fue un fenómeno de ingeniería social y del modernismo. Asimismo, el estudio de la conducta del venezolano frente a este cambio puede muy bien asemejarse a la de los judenräte en la Alemania nazi. Estos cuerpos administrativos conformados por líderes judíos bajo la orden nazi cumplían el propósito de organizar, archivar, y brindar soporte logístico para la deportación y exterminación en los ghettos. La escritora judía Hannah Arendt, en su obra “Eichmann in Jerusalem”, considera que de no haber existido este órgano administrativo el exterminio de los judíos en Europa hubiese sido mucho menor. La razón es sencilla: el aparato burocrático nazi dependía de un mecanismo de organización y de racionalización interno a los judíos para poder recabar la información necesaria para hacer de un exterminio sistematizado un hecho asequible. Es decir, no hubiesen podido abarcar con precisión el número de propiedades ni las listas de nombres sin ayuda interna ni la sumisión organizada de sus víctimas.  De la misma manera, el gobierno de Maduro no pudiese llevar a Venezuela al comunismo sin la cooperación de muchos que, aunque no actúen bajo los mismos intereses e incluso se opongan a él, sigan acatando las normas que él impone.

Este hecho increíble presupone una sola condición: obediencia.

¿Cómo podría calificarse la conducta de aquellos que hacen colas en tiendas de electrodomésticos y se dejan marcar la piel con un número? ¿Cómo podría calificarse la conducta de los que hacen colas para esperar el litro de leche que les da un policía con pistola en ristre? ¿Cómo podría calificarse la conducta de aquellos que subordinadamente siguen actuando de acuerdo a las órdenes y leyes de un gobierno apartado de la ética democrática y brutalmente autoritario?

La obediencia es el mecanismo psicológico que vincula la acción individual con un propósito político. Es la sustancia que ata a los hombres a los sistemas de autoridad. Más importante aún es el fenómeno que causa la “necesidad de obediencia” frente a la responsabilidad individual. La responsabilidad individual se ve diluida frente a la sumisión a la autoridad, ya que el individuo transfiere la responsabilidad individual a la autoridad que ha dado la orden o iniciado el procedimiento. Quizás así se pueda explicar la actitud miserable de los que consideran que están saqueando justamente la propiedad privada de otro o que la están adquiriendo a precio justo. La burocracia, entendida como el gobierno centralizado, termina siendo un organismo para la transferencia de culpas.

No obstante, estas consideraciones van mucho más allá. Ellas tocan las fibras del fenómeno ideológico que engloba todas las conductas en Venezuela en el presente: la ingeniería utópica del comunismo designada como meta del gobierno y, por ende, de toda la sociedad en conjunto. Los venezolanos ya han empezado a perder su condición individual para ser considerados como masa. Es un proceso conocido como  “counteranthropomorphism”, según Stanley Milgram. Ello implica que los sistemas abstractos de origen humano trascienden cualquier agente humano. Es decir, los sistemas abstractos -la revolución- se extiende más allá del control de cualquier persona, sentimiento o emoción. Existe entonces una despersonificación y una sumisión del individuo. Por ello, cuando Maduro dice que la revolución debe continuar está negando la humanización de la realidad y del presente. No importa que el caos, el desabastecimiento, la violencia y la desesperación sean las realidades humanas, porque el sistema abstracto de la revolución debe continuar.

Dicho esto, ya se pueden ver en Venezuela los mecanismos autoritarios en marcha para la sumisión final de la sociedad hacia una sociedad de esclavos taciturnos y obedientes. Ahora sí se puede palpar concretamente la transición hacia la carta de racionamiento y las largas colas para evitar la inanición -están a la vuelta de la esquina. La culminación del sometimiento del individuo a la extravagancia estatal. Ya se puede ver al buen salvaje reptando hacia una sociedad de cómplices.

ANDRES VOLPE ― EL UNIVERSAL
@andresvolpe