Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Horizonte 2014. Domingo Fontiveros

Represión, acoso y control en lugar de corrección, incentivo y liberación.

La perspectiva económica venezolana quizá como nunca en los últimos 100 años se encuentra tan constreñida por el hecho político. En lo fundamental, el gobierno ha anunciado, con un caradurismo extremo, que para superar las múltiples expresiones de la crisis en desarrollo no hace falta otra cosa que aumentar la dosis de socialización de la economía nacional.

Asistido por la peor asesoría económica que pueda encontrarse en el mundo, el gobierno acentuará, siguiendo este derrotero, el grado de control político de las variables económicas y ampliará su dominio para anexar territorios de la economía al manejo de su burocracia mercenaria.

Hacer prospectiva en forma numérica sobre inflación, crecimiento, empleo y otras variables clave en el análisis económico, en las actuales circunstancias, se ha convertido más en un ejercicio de predicción de la información que hará pública el gobierno, porque al fin y al cabo es el gobierno quien controla el flujo de estadísticas más o menos a su antojo. Es decir, la economía del país va por un lado, y las mediciones oficiales van por otro. Así se da el caso, por ejemplo, de que en el transcurso de la crisis más honda de este siglo, el desempleo oficializado descienda a la tasa más baja en décadas, cortesía de las metodologías políticamente autorizadas.

Es verdad que el aparato oficial de controles ha prevenido hasta ahora el colapso total de la economía en medio de los desequilibrios financieros más extravagantes de la historia patria, aunque ello se haya logrado con graves costos sociales y productivos. Sin embargo, la amenaza de colapso continúa como un espectro acechando en el futuro, a pesar de las ventajas coyunturales que brinda la riqueza petrolera. El interés chino por el petróleo venezolano ha sido realmente una carta jugada varias veces por el gobierno para salir de aprietos. Pero en toda baraja hay un número limitado de “monos” o “jokers” como éste.

Sin correcciones de fondo en el ámbito macroeconómico, las manifestaciones inflacionarias continuarán y con ellas la presión social y las diversas formas en que la población trate de protegerse, buena parte de las cuales son llamadas ahora delitos económicos. La orientación oficial a este respecto es bastante clara. Represión, acoso y control en lugar de corrección, incentivo y liberación.

Es difícil asegurar hasta dónde llegarán unas autoridades que no dan visos de reconocer límites al ejercicio del poder del Estado. Cuentan con la infraestructura “legal”, con la cual ya fiscalizan y controlan una miríada de actividades, están montando ahora la burocracia para controlar el comercio exterior, y probablemente pasen a instaurar lo que puede convertirse en un sistema de indización y otro que establezca un esquema de “racionalización” de compras y ventas, mejor conocido como “racionamiento”.

Estos no son buenos augurios. No obstante, reflejan lo que es la continuación lógica de un modelo perverso de dominación. Algo parecido a lo que hicieron los Castro a pesar de que en la isla no tuvieron reservas petroleras comparables a las venezolanas. Ciertamente es un problema político más allá de lo económico. Ojalá que el discurso de los entes pensantes finalmente incorpore el terrible dilema que enfrenta la nación “con todos los hierros”, como dicen.

DOMINGO FONTIVEROS ― EL UNIVERSAL
dfontiveros@cantv.net