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Imperialismo o crisis económica made in Venezuela. Jesús A. González

La acostumbrada externalidad (¡el culpable es otro!) que caracteriza los planteamientos evasivos del Gobierno venezolano en materia económica (y muchas otras), ha encontrado en una Orden Ejecutiva extranjera la excusa suficiente para soslayar la explicación que esperan los ciudadanos relativa a las políticas y estrategias que instrumentará el Ejecutivo Nacional, en aras de contener (al menos) la vertiginosa caída del bienestar de la población a la luz de una hiperinflación que vuelve migajas la confianza en su moneda, la calidad de vida y la movilidad social (aumentando la pobreza) ante una realidad marcada por el desabastecimiento y la escasez que ha impulsado la aparición de un “mercado paralelo” de bienes regulados (sin control de precios), y lo que es más grave: un “mercado ilegal” de alimentos (con denigrantes colas), hasta aumentar el marco de “ilegalidad” ya existente en materia de divisas.

En armonía mediática, incorporan al escenario de la “guerra de humo” a otro actor: el imperialismo estadounidense, el cual (afirman) representa una amenaza para la estabilidad nacional (¿?), para la democracia (¿electoral?) y para el “exitoso” transitar de la revolución socialista anti-imperialista apartada (al mejor estilo cubano de antaño) del desarrollo capitalista, en una negación de la ortodoxia que sostiene sobre la necesidad de su existencia para crear e impulsar desde su seno una revolución de enfrentamientos sin confrontaciones; amenaza que de ser cierta ya hubiese recibido el rechazo natural y automático (sin presiones coercitivas) del valiente pueblo venezolano.

Sea propicio señalar, que el término imperialismo utilizado en la actualidad hace referencia a las “potencias” que actúan bajo el mandato del capital (expansión mundial de los oligopolios), a efectos de ampliar mercados, reducir costos y aumentar la productividad en evidente desmedro de las medianas y pequeñas empresas domésticas y del aparato productivo nacional, causado especialmente por la remisión de utilidades de las inversiones extranjeras incorporadas al fluir de la economía; contexto donde desaparecen las guerras inter-imperialistas (mencionadas por Lenin) y el antagonismo económico entre grandes naciones con alarde militarista, para dar paso a una mayor asociación económica entre capitales de distinto origen en torno a un patrón mundial de consumo flexible y producción variada de indiscutible penetración global que continua afectando (como en el pasado) las oportunidades de comercio internacional (y de desarrollo económico-social) de aquellos países, que como Venezuela, no han logrado superar su condición de exportadores de materia prima. Tal situación no implica, de forma alguna, que estén amenazados por una “ocupación territorial imperialista” que pueda poner en riesgo la continuidad del capitalismo mundial ante una absurda “invasión” a cualquier país dentro del bloque de economías en vías al desarrollo; más aún cuando las nuevas potencias que se están incorporando con liderazgo al comercio global (con evidentes recursos naturales y militares) como es el caso de Rusia, China, India, Brasil y Sudáfrica muestran una próspera clase capitalista local con ansias de presencia y participación activa a nivel del comercio mundial.

Venezuela, luego de eliminar la autonomía del Banco Central (2005) a los efectos de facilitar la intervención (sin control) del Ejecutivo Nacional por la vía de un gasto público populista financiado con dinero inorgánico, ha configurado una nueva década perdida (2005-2015) que ahora coincide (para males mayores) con un acoplamiento del mercado petrolero mundial y una reducción del precio (por un lapso indeterminadamente largo) en más de un 50% (se profundizará ante la reincorporación de Irán), que para nuestro país equivale, casi linealmente, a una disminución superior al 55% en el ingreso de divisas, siendo que se requiere una cifra aproximada de US$ 80.000 millones para mantener un “funcionamiento” promedio anual (en 2015 ingresará un 39% de ese monto); con la catástrofe que implica ello para su indeseable economía de puertos que se ha sostenido en el tiempo gracias a la presencia de un “imperialismo amistoso” históricamente estadounidense (reciben más del 30% del total exportado),  ahora complementado con el imperialismo chino en conjunto con el trueque latinoamericano (petróleo por comida) apuntalado por un desorden macroeconómico asociado a una ineficiente referencia ideológica, que ha contribuido a dilapidar durante el “proceso” (1999-2014) más de ¡US$ 850.000 millones de ingresos petroleros! a lo cual deben sumarse unos US$ 205.000 millones por concepto de deuda (externa e interna), pero igualmente “restarse” un monto superior a US$ 300.000 millones que se “fugaron” luego de instrumentarse en 2004 el control de cambio (¡!), lo que referencia, sin duda alguna, que ese mal proceder contó con una manifiesta complicidad y tutela corruptiva.

Finalmente, asumimos que no es necesario a efectos del presente artículo, adelantar un “profundo análisis” para diagnosticar cual es la verdadera amenaza que condiciona la actual  crisis económica-social y alteración democrática que muestra Venezuela; suficientemente conocida, por ejemplo, en Iberoamérica al extremo de motivar la elaboración por parte de  un importante número (más de 22) de exjefes de Estado y de Gobierno, del documento Declaración de Panamá que será presentado en rueda de prensa durante la VII Cumbre de las Américas que se celebrará del 8 al 10 de abril 2015 en Panamá.

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ
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@JESUSALEXIS2020