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Imposición del Embargo: Agresión o Justificación. Hildebrando Chaviano M.

Desde que el presidente norteamericano Barack Obama y el líder cubano Raúl Castro anunciaron el restablecimiento de relaciones bilaterales entre sus respectivos países, el tema del embargo norteamericano contra la isla vecina se ha puesto de nuevo bajo la lupa de la comunidad internacional y de políticos, comentaristas y economistas de los dos países. Hasta el momento, el debate público en la región se ha enfocado desde la supuesta ineficacia del embargo a provocar cambios políticos a Cuba, y de las posibilidades económicas que surgirían con resultado de su levantamiento. 

Desafortunadamente, este discurso entiende mal el porqué del embargo, junto con sus supuestos efectos. Se ha calificado de un acto de agresión por parte de los yanquis contra la nación cubana y el responsable de los varios males económicos a que enfrenta la isla. Pero una mirada a la verdadera historia del embargo la muestra falsa esta narrativa. Lejos de ser un acto de agresión no provocado, el embargo fue reacción justificada a las acciones del gobierno comunista de Cuba y el gobierno castrista y sus políticas fracasadas – no el embargo – han sido la raíz de los problemas económicos que plagan a Cuba.    Todos los días la prensa cubana radial, televisiva y escrita le dedica horas y páginas completas al tema del embargo financiero norteamericano contra el gobierno de Raúl Castro. En el mundo se gastan millones de dólares en campañas anti bloqueo, como le llaman, y este año la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas condenó una vez más la medida, por tener carácter extraterritorial y ser lesiva al bienestar del pueblo cubano, según sus detractores.

Todavía más, hombres de negocios en los propios Estados Unidos, incluso algunos de origen cubano, y un sector de la oposición interna cubana se encuentran abogando por el levantamiento del embargo con la excusa de que el hecho traería no sólo más alimentos, ropas y medicinas para el pueblo, sino que al no verse presionado, Raúl Castro permitiría las libertades conculcadas por más de medio siglo y aquí no ha pasado nada.

Pero la historia no es tan simple. En realidad esta campaña anti embargo comenzó cuando se vino abajo la Unión Soviética, mecenas de Fidel Castro para sus proyectos de socialismo caribeño. Hasta ese momento, el dictador cubano se reía del embargo:

“Al principio (los Estados Unidos) bastante que fastidiaron con sus cancelaciones…pero cuando ya por suerte, no dependemos de ellos para nada, ni en el comercio, ni en los abastecimientos, ni en nada, si ya salimos victoriosos ahora, después de la victoria, ¿con qué nos pueden amenazar? ¿Con cancelar qué…, qué cosa?” (1).

“Los Estados Unidos tienen menos y menos cosas que ofrecer a Cuba. Si pudiésemos exportar nuestros productos a los Estados Unidos, tendríamos que hacer planes para nuevas líneas de producción (…), porque todo lo que producimos ahora y todo lo que vamos a producir en los próximos cinco años ya ha sido vendido a otros mercados. Deberíamos privar a otros países socialistas de esos productos para venderlos a los Estados Unidos. Pero los países socialistas nos pagan precios mucho mejores y tienen relaciones mucho mejores con nosotros que las que tenemos con los Estados Unidos. Hay un dicho popular que dice: “No cambies una vaca por una chiva”. (2)

El embargo es una criatura de Fidel Castro que le sirvió muy bien en sus objetivos de dominación política absoluta. En lo interno, logró el cierre de filas alrededor de su figura aún en los momentos de mayor desprestigio de su gestión, ofreciéndose como única opción: o él, o el caos. Hacia afuera, despertó sentimientos de solidaridad con el pueblo que ha usado como rehén.

En realidad la historia de este enfrentamiento comenzó antes, cuando el 17 de mayo de 1959 el Consejo de Ministros, usurpando funciones constituyentes y legislativas, dictó la Primera Ley de Reforma Agraria (3) por la cual fueron confiscadas sin justa compensación tierras y otras propiedades de ciudadanos norteamericanos. Como respuesta, en julio de 1960 el gobierno norteamericano redujo la cuota azucarera de Cuba en el mercado norteño de un millón a setecientas mil toneladas.

Como si lo tuviera preparado de antemano, el 6 de julio el gobierno cubano dictó la Ley número 851 (3) autorizando “…la nacionalización, por vía de expropiación forzosa, de los bienes o empresas propiedad de personas naturales o jurídicas nacionales de los Estados Unidos de Norte América o de las empresas en que tengan interés o participación dichas personas, aunque las mismas estén constituidas con arreglo a las leyes cubanas.” Este acto se llevó a efecto el 6 de agosto de 1960, mediante la promulgación de la Ley de Nacionalización de veintiséis empresas norteamericanas. El 17 de septiembre fueron nacionalizados los bancos norteamericanos.

El 13 de octubre del propio año, el régimen cubano continuó con su arremetida contra los propietarios en el país, emitiendo otra ley de nacionalización (3) que afectó a 380 empresas, desde centrales azucareros (algunos norteamericanos) hasta salas de cine. Sólo quedaron en manos privadas pequeños negocios como bodegas y fondas, los cuales sobrevivieron hasta el año 1968 en que la segunda ofensiva revolucionaria los liquidó.

El 19 de octubre de 1960, el gobierno del Presidente Eisenhower impuso el embargo parcial a las ventas de productos norteamericanos hacia Cuba. Hasta ese momento, todas las medidas y contramedidas fueron en respuesta a decisiones de carácter económico tomadas por el régimen cubano en violación flagrante de las leyes internas y las normas sobre comercio reconocidas internacionalmente.

De inmediato el gobierno cubano consideró este embargo parcial como una agresión política, una confrontación de David contra Goliat o de la sardina enfrentada al tiburón. El régimen recién instaurado encontró la justificación para perpetuar el sometimiento político del pueblo cubano a la vez que culpar a un poderoso enemigo de todas las miserias que habría que soportar en lo adelante.

De paso, acusan al exilio cubano del embargo y sus supuestas consecuencias sin considerar que en esa temprana época, no había cubanos que ocuparan cargos en el Senado o Congreso estadounidense. En realidad, la mayoría de los cubanos que arribaban a los Estados Unidos en los sesenta iban con una mano adelante y la otra atrás, sin poder económico ni político, por lo cual pretender que el lobby cubano americano tiene algo que ver con el surgimiento, mantenimiento y recrudecimiento del embargo es algo así como culpar al recién nombrado Rey de España por la quema del indio Hatuey hace cinco siglos.

El verdadero origen del embargo lo fueron las absurdas decisiones populistas y ultranacionalistas tomadas unilateralmente por el líder supremo, quien, huyendo de un imperio, cayó en las manos de otro. Desde el principio, Fidel Castro subordinó la economía a la política. Todavía hoy el régimen utiliza el desastre económico y la miseria de la ciudadanía como herramientas para lograr apoyo en los foros internacionales y elevar la mendicidad a política de Estado.

A cada gesto por parte de diferentes presidentes norteamericanos en la dirección del levantamiento del embargo y la normalización de relaciones, el gobierno cubano ha respondido con medidas contraproducentes como el emplazamiento de misiles nucleares apuntando hacia territorio norteamericano (Kennedy), el envío de tropas a Angola (Ford), intervención militar en el Cuerno Africano, irrupción en la Embajada del Perú y emigración desordenada (Carter) (4), derribo de avionetas en aguas internacionales y más emigración desordenada (Clinton) y otras genialidades por el estilo, como enviar un barco cargado de armas a Corea del Norte (Obama).

Podrán escucharse muchos discursos sobre el tema del embargo y producirse cada año una votación de condena en la ONU, pero nunca debe perderse de vista que las expropiaciones sin justa compensación de los años 59 y 60 fueron el origen de las medidas que el régimen cubano considera una agresión política mientras sus opositores quieren verlo como el apoyo de los norteamericanos a la democracia en Cuba, pero ni una cosa ni otra, el embargo no es más que el resultado de la irracionalidad y la ambición por el poder de un solo hombre y le ha servido a unos para endurecer la política interna y a otros para esperar que la solución venga desde el norte.

Casi al finalizar el año 2014, el Presidente de los Estados Unidos decidió pasar la hoja al capítulo enfrentamiento con Fidel Castro y decretó la eliminación de un grupo de medidas con el fin de normalizar las relaciones con el régimen de La Habana y, de paso, cambiar una política perjudicial para sus relaciones con el resto del continente y quizás para ciertos sectores de la propia economía norteamericana.

Es cierto que la medida le da un respiro a Raúl Castro, pero la propia naturaleza del sistema político imperante en la isla, se encargará de poner límites a la apertura con el fin de que los cambios hacia adentro sean los mínimos posible. Está por verse ahora en qué medida las relaciones hostiles con los anteriores gobiernos norteamericanos condicionan la  falta de libertades que padecen los cubanos desde hace 56 años. Por lo pronto, el discurso pronunciado por el dictador anunciando los cambios en las relaciones entre los dos países mantiene la misma retórica de trincheras de los años sesenta.

En realidad, el levantamiento del embargo no solucionará a los problemas económicos de Cuba porque su causa no la es. Más bien, el bloqueo impuesto por la dictadura comunista es la verdadera raíz de todos los males que aquejan al pueblo cubano: corrupción generalizada, egoísmo, pérdida de valores cívicos y morales, restricción alimentaria, desempleo, baja productividad, crisis habitacional, decrecimiento poblacional, éxodo y otros. Ni Obama ni el Congreso de los Estados Unidos pueden resolver estos problemas.

Fuentes:
(1) Discurso de Fidel Castro en el I Congreso del Partido Comunista 1975
(2) Entrevista concedida por Fidel Castro a la revista Playboy 1985
(3) Seis Leyes de la Revolución, Edit. Ciencias Sociales, ICL, La Habana, 1973.
(4) Mesa Lago, Carmelo; Economía y bienestar social en Cuba a comienzos del siglo XXI. Editorial Colibrí.

HILDEBRANDO CHAVIANO MONTES
Periodista y Abogado Independiente, La Habana Cuba
hildebrando.chaviano@yahoo.com