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Inflación y Reconversión

El brote inflacionario reciente es más grave de lo que se percibe por encima

Por: Domingo Fontiveros

Desde el colorado olimpo venezolano se viene anunciando una nueva unidad monetaria para 2008, en la que el bolívar actual equivaldría a una décima de céntimo. Producto de esta reforma o reconversión monetaria, la nueva moneda sería el “bolívar fuerte”, denominación adjetivada que aspira denotar poder, fortaleza, solidez.

En esencia, esta reconversión es un acto apenas aritmético, aunque para darle importancia inmediata mayor a la que tiene, el gobierno quiere vincularla a la lucha contra la inflación, creando otro espejismo.

La inflación obliga a ponerle ceros adicionales a la moneda, pero quitarle ceros a la moneda no tiene efecto sobre la inflación. Esto lo conocen quienes en el ente emisor saben de la materia, y por ello eluden afirmar que esta “reconversión” sirva por sí para atacar el problema.

En todo caso, la nueva moneda es para dentro de 9 meses y aunque sirviera para reducir la inflación, que no sirve, más sentido y utilidad tiene discutir sobre lo que se está o no haciendo ahora con una finalidad antiinflacionaria, porque dada la magnitud y características del fenómeno inflacionario eso sí tiene carácter prioritario para el bienestar de la población.

De hecho, siendo cuestión a futuro, la reforma monetaria no tiene entidad suficiente para constituirse hoy en el tema económico central de discusión, aunque para el gobierno pueda convenir distraer el foco de atención del tratamiento de problemas urgentes.

Y es que el brote inflacionario reciente es más grave de lo que se percibe por encima. Primero, porque se viene acelerando con rapidez en forma continua. La tasa anual de inflación general hasta febrero fue de 20,4%, cuando hasta mayo de 2006 fue de 10,4%. ¡Una aceleración de 97%! En el caso de los alimentos, hasta febrero, el aumento de precios fue de 36%, con una aceleración de 181% respecto al de mayo en 2006.

Segundo, porque no es atribuible a devaluaciones o a causas exógenas, como ha sido usual en Venezuela. Sino a presión de demanda interna, resultado de la mezcla de política fiscal-monetaria demasiado expansiva, y a la aparición de límites en la propia capacidad de producción interna acentuados por la represión comercial desde el gobierno.

Es decir, el gobierno no está tratando de validar monetariamente una devaluación previa, ni compensar un shock negativo externo. Al contrario, la causa primaria de la inflación venezolana está en el excesivo gasto presupuestario, que ha potenciado la demanda hasta sobrepasar la capacidad de respuesta de la oferta, incluyendo importaciones. También se ha creado una excesiva oferta de dinero que supera con creces a la demanda. La economía está recalentada por excesivo gasto público, financiamiento monetario del presupuesto y descuido de la infraestructura productiva, aunado a la progresiva implantación de un marco institucional muy antieconómico.

A este respecto, el gobierno no hace nada sustancial. La reducción del IVA alivia brevemente el nivel del PVP, pero al mismo tiempo refuerza el desequilibrio de la demanda respecto a la oferta. También se mantiene la tendencia en el gasto presupuestario y se agrava el acoso al sistema de producción privado. Camino al barranco, pues, con todo y bolívar fuerte.

dfontveros@cantv.net

Publicado Diario El Universal 18/03/07