Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Inquilinos de la Misión Vivienda. María Josefina Mas Herrera

La misión vivienda no sentó bases sólidas para ofrecer a todos los venezolanos un techo seguro, propio y paso a enumerar su mayor debilidad. Esta epiléptica misión no resultó de un concienzudo diagnóstico, política de Estado o estrategia de desarrollo. Más bien devino de una enclenque salida gubernamental para limpiar los ministerios y albergues improvisados, de miles de damnificados que dejan a su paso las inundaciones del avisado periodo de lluvias. Los megapobres constituyeron, en los últimos años, la base electoral fundamental del partido de gobierno. Es triste cuando la tasa de crecimiento demográfico no ha sido el soporte para las estimaciones en la construcción de la política de vivienda en el siglo XXI. No respondió a una prospectiva clara en materia habitacional, más allá de las próximas elecciones que siempre acechan. Venezuela sufre del mal de la inmediatez y de la necesidad de su gobierno en agarrar lo que se pueda ya, mientras estemos y tengamos, −dicen ellos−.

Las misiones son salidas trasnochadas a los grandes dramas de los pobres que no lograron conseguir verdaderas respuestas ante sus necesidades estructurales, entre ellas, la tenencia de un hogar propio, confortable y estable. No hay plan que intente resolver la ecuación entre crecimiento de la población y construcción, venta y propiedad de vivienda para las presentes y futuras generaciones de venezolanos.

La ilusión que vendió dicha misión fue que los pobres tendrían casa en Venezuela, pero nadie les aclaró que las viviendas no serían propias, sino en préstamo, hasta que la beneficencia quisiese. El pueblo venezolano en su penuria de salir del peligro de las calles, sin discutir más nada, asumió la de “agarrando aunque sea fallo”, pues más vale pájaro en mano que vivir en refugio, en ranchos y quedar en el medio de la nada. El gobierno no entrega, ni un solo título de propiedad por los inmuebles dedocraticamente asignados. Las casas de la Misión Vivienda son un préstamo coyuntural, una concesión graciosa para algunos elegidos-escogidos en la interminable lista de los sin techo en Venezuela.

Pero ahora va lo bueno. Cuando recibes la casa prestada, llega el dueño-gobierno y te cobra vacuna de votos pues quedas anotado, automáticamente, en la lista del ejército de rehenes, milimétricamente revisados para obligarte a escogerlos electoralmente y aupar su proceso. Lo que narro no es cuento de camino, es la crónica de los propios inquilinos. Te amenazan con el cuento que “si no votas por nosotros, te sacamos de la casa”.
La espada en el cuello que te arranca la libertad y te hace pagar con genuflexión política lo que te corresponde por derecho, pues los fondos de las casas devienen de la riqueza petrolera que pertenece a todos nosotros. Vivir sin libertad y sin justicia es una amenaza terrible que pende sobre el cuello de los inquilinos de la misión vivienda.

Ahora bien, los edificios sin terminar por los lares de Tazón, acurrucados en el gran botadero de basura de Caracas dan cuenta de otra amenaza en esta misión. Contaminación y enfermedades pululan por la atmosfera de la zona. Seguramente, allí no se le asignará casita a los bien recomendados. Esos edificios son construcciones irresponsables por las nefastas consecuencias para sus habitantes. ¿Civiles viviendo dentro de un fuerte militar, primer objetivo de combate en guerra? Hay viviendas construidas en medio del basurero, como los del Fuerte caraqueño y otras en Bello Monte.

María Josefina Mas Herrera | EL diario de guayana