Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Inseguridad se escribe con Ch. Víctor Maldonado C.

Ha sido una semana terrible. Venezuela se vistió de luto y de fracasos. Explotó una refinería, se cayó un puente, se inundaron varios pueblos, masacraron a decenas de nuestros indios yanomami, y la inercia de asesinatos y crímenes urbanos siguió como siempre, regodeándose en la impunidad que le garantiza la indiferencia de un gobierno y un gobernante trastocados en carroza fúnebre. Nadie puede sentirse orgulloso, pero todos tenemos la responsabilidad ciudadana de intentar una explicación, indagar las posibles causas y determinar las responsabilidades políticas por la ocurrencia de estas ingratas circunstancias.
La seguridad es un derecho y una garantía. Supone que el gobierno es responsable y que por lo tanto funcionará apegado a la ley, protegerá los derechos humanos, velará por la convivencia pacífica, avalará el ejercicio pluralista de la ciudadanía y cuidara, como buen padre de familia, la integridad de los bienes y las personas que se ponen bajo su cuidado. Es por eso que el gobierno ostenta el monopolio de la violencia legítima. Por la misma razón tiene capacidad para proponer leyes, aprobarlas y velar por su estricto cumplimiento. Esta es la medida de su eficiencia: O garantiza vida y bienes, o simplemente no es gobierno. Será cualquier otra cosa, pero no cumplirá los mínimos requisitos para ser llamado gobierno. Tendrá, tal vez, las mejores intenciones, intentará convencer a todos que su corazón late al ritmo de las expectativas de la patria, pero todo eso no será sino malas excusas si no demuestra capacidad y eficiencia para que la gente pueda vivir en paz, y usar, gozar, disfrutar y disponer de sus bienes. Tan sencillo como eso. O tan difícil, como al parecer es para el régimen dirigido por Hugo Chávez.
La semana que cierra es un inventario de calamidades. El régimen, distraído entre el socialismo del siglo XXI, los afanes de la campaña y esa obsesión tan extravagante por salvar el resto del planeta, ha sentado las condiciones para el desplome del país. Mientras ellos hacen de la Misión “A toda vida Venezuela” uno de sus emblemas propagandísticos, nosotros, el resto de los venezolanos, tenemos que sufrir 49 asesinatos por cada 100 mil habitantes. Mientras el régimen enarbola el ingreso a Mercosur como uno de sus más glamorosos triunfos políticos, la empresa PDVSA, joya de la corona y puntal del intercambio comercial, sufre la consecuencia de haber evitado el talento y descuidado normas mínimas de mantenimiento y seguridad industrial. Lo ocurrido no es fortuito. La PDVSA de hoy es la consecuencia del uso férreo de la Lista de Tascon. En esta PDVSA roja-rojita vale más la lealtad al líder que el conocimiento técnico que evita explosiones y fugas. No hablemos de la seguridad jurídica en un país que cambia de prioridades presupuestarias en función de las ganas del presidente, y que expropia activos privados para transformarlos en parcelas inútiles. No hablemos del imperio de la ley, porque fue derrocado por la arbitrariedad oficial, y al resto nos toca vivir un “así como va viniendo vamos viendo” intolerable y desalentador.
Y si de seguridad nacional hablamos, basta simplemente decir que deploramos el abandono de nuestras fronteras en las que garimpeiros brasileños (el verdadero y único imperio de América Latina) masacran a nuestros connacionales y devastan nuestra selva amazónica. ¿Qué control tenemos sobre el país si más allá de todos esos discursos de dignidad nacional no somos otra cosa que la plataforma de lanzamiento de carteles narco? Ninguna. ¿Qué soberanía puede garantizarse con una economía que depende de importaciones masivas y precios petroleros altos? Ninguna. ¿Qué dignidad supone el enterarnos demasiado tarde de la masacre contra nuestras etnias? Ninguna. Pero mientras eso pasa nuestras FFAA se dedican a lanzarnos gas del bueno, facilitar el caos carcelario y administrar el racionamiento de gasolina. En sus narices cualquier forma de organización delincuencial hace su trabajo, mientras ellos pierden su tiempo en decir “sí, mi comandante en jefe”, desfilar y hacer discursos patéticos de adhesión a su líder y de ruptura con el espíritu y propósito de nuestra CRBV. Tanta distracción es criminal.
¿Seguridad? Ninguna seguridad. Pero al gobierno le resulta intolerable que un partido político aluda a este problema en una propaganda, y que la alternativa democrática insista en que este no es el camino de la prosperidad. Definitivamente no lo es, y por lo tanto hay que hacer un esfuerzo crucial para tomar otra senda. Ese esfuerzo no es otro que exigir un cambio para volver a tener gobierno.
Víctor Maldonado C
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