Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Insistirán con el comunismo. Emeterio Gómez

…Se le abren las puertas a la otra vía, la de la Moral, la del Desarrollo Ético del Ser Humano.

La muerte de Chávez podría ser vista -hegelianamente- como el último acto del Desarrollo de la Idea de Revolución, esto es, como la muerte de dicha Idea. Un “último acto” ya póstumo y bastante rezagado, por supuesto, porque en realidad todo se había acabado ya con la Caída del Muro de Berlín. Allí, en 1989, se cerró un ciclo de 400 años de historia de la Noción de Revolución. Esas cuatro centurias que se inician en el siglo XVII con el acceso de la Burguesía Inglesa al poder; y que llegan a su apogeo en 1789 con la Revolución Francesa que consolidó la Modernidad. En dichos 400 años, la Idea de Revolución tuvo dos fases muy bien diferenciadas: una, por demás loable y positiva y, la otra, la segunda, nefasta y lamentable. La primera fue la de las Revoluciones Burguesas, que produjeron un formidable salto hacia una Sociedad Superior; que impusieron radicalmente tres o cuatro ideas valiosísimas y elevadas: la Igualdad Plena entre los seres humanos, la Libertad Individual radical y profunda, la Autonomía de la Conciencia Individual, los Derechos Civiles y Políticos del ciudadano y, por sobre todas estas, ¡¡la Idea de Democracia!! La abolición de la Monarquía, el Feudalismo, la Aristocracia y la Esclavitud.

La segunda etapa de la Idea de Revolución, la Revolución Proletaria, o sea, el Comunismo, se desarrolló en los siglos XIX y XX y estuvo signada por una radical Inviabilidad, por la Utopía y la Barbarie que le generaron a la Humanidad un daño inmenso. Fue la pretensión necia de Marx, Lenin, Stalin, Trotsky, Mao, Pol Pot, el Che Guevara, Fidel Castro ¡¡y Chávez!!, de imponer a sangre y fuegoel Socialismo, la igualdad material entre los seres humanos. Una Utopía imbécil que no pudo imponerse ¡¡ni aun con las dictaduras totalitarias que dichos procesos asumieron!! La Primera Etapa, la de las Revoluciones Burguesas, había asomado la Igualdad Jurídica, Política y Formal; la Igualdad de Derechos entre los seres humanos, que ya era muy difícil de lograr, pero que finalmente se impuso. La Segunda Etapa, en cambio, la de las Revoluciones Comunistas, pretendía igualar materialmente a los hombres, ¡¡hacerlos idénticos en los resultados!! Aunque sus niveles de Inteligencia y, sobre todo, de Creatividad, fuesen profundamente disímiles. Una ilusión que sólo se puede medio lograr omedio imponer por la fuerza de una Dictadura (la del Proletariado)… o por un Desarrollo Espiritual y Ético que, obviamente, la Humanidad está bien lejos de tener.

Con la muerte de Chávez, decíamos, se acaba definitivamente la pretensión de construir una Sociedad Socialista o Comunista -que son exactamente lo mismo- y se le abren las puertas a la otra vía, la de la Moral, la del Desarrollo Ético del Ser Humano, que por supuesto requiere de un esfuerzo espiritual muy grande. Un esfuerzo que empieza por descubrir algo que Occidente nos ha ocultado: ¡¡Que podemos influir o imponernos sobre nuestra condición moral, o sea, sobre nuestro propio Espíritu!! Porque de lo que se trata es de producir cambios en la “Naturaleza” misma de Lo Humano. Una “Naturaleza” que afortunadamente no es tal o, por lo menos, no tiene la dureza o inmodificabilidad de la “Verdadera” Naturaleza. Porque el “Ser” de Lo Humano no tiene esa especificidad o diferenciación radical del Ser de un perro, un chivo, una mesa o una tuerca. Una “Naturaleza” -la de Lo Humano- que puede modificarse, por mucho que tengamos que bucear en nuestro Espíritu, es decir, en la Inescrutabilidad Radical de nuestro Espíritu, o sea, en la Noción de Dios que sin la menor duda (adormecida) subyace en nosotros.

EMETERIO GÓMEZ ― EL UNIVERSAL

gomezemeterio@gmail.com