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Intelectuales Chavistas

Debe causar tristeza ser un intelectual chavista, tener que parir ideas para justificar la barbarie totalitaria.

Muchos pensadores y poetas franceses –en los años 30– defendían a Stalin, aunque ya sabían que en la URSS nadie sobrevivía si no pensaba exactamente como él. Y el bueno de Sartre, abogado de Mao, repartía en Paris la propaganda que justificaba matar a todo el que no fuese rojo rojito. Debe ser triste tener que callar ante el ministro Ramírez; aceptar que nadie puede trabajar en PDVSA, ni en ninguna oficina del Estado, si no se arrodilla ante el régimen. ¡Que un joven ingeniero no pueda conseguir empleo porque su padre –no él, sino su padre– firmó!

A no ser que no haya visto el video de Ramírez o la lista de Tascón, debe ser difícil para Rigoberto Lanz, valioso intelectual postmoderno, tener que escribir cosas así: “El debate que propiciamos debe hacerse cargo de todas las implicaciones de lo que se hace y se dice (incluidas las consecuencias políticas). El respeto por la diferencia y la valoración de la diversidad intelectual son condiciones inequívocas de ese debate”. ¿Tú crees de verdad, Rigoberto, que en la mente de Chávez –y en el totalitarismo que él tramposamente va a intentar imponer el 3D– hay espacio para “el respeto por la diferencia y la valoración de la diversidad intelectual”? ¿No te asalta nunca el temor de estar al servicio de un flamante Stalin tropical?

Los intelectuales chavistas se dividen en dos grupos: por un lado, los que aún creen en Marx, los que piensan que El Capital y el materialismo dialéctico son sólidas teorías científicas; y por el otro, los que ya saben que el marxismo fue una inmensa estafa intelectual. En este segundo grupo están Rigoberto y los pensadores que giran alrededor de la Misión Ciencia, los que desde posiciones avanzadas se adscriben al pensamiento postmoderno. Ojalá se produjera entre ellos un debate que sería muy provechoso para el país.

Si ese debate se da, nos ofrecemos para ayudar al bando de los marxistas. No para defender a Marx, sino para aportar ideas que muestren lo endeble que es también la Postmodernidad, un enfoque revolucionario que no encuentra donde fundar el comunismo, porque ya sabe que Marx fue el último mohicano del pensamiento moderno y que éste es ¡también! indefendible. Postmodernidad que admira a un brillante intelectual como Michael Maffesoli, que –hasta hace dos años– aún creía que hay algo así como una razón sensible. Igual que Ortega creyó en la razón vital, Hegel en la razón dialéctica, Zubiri en la razón sintiente y Popper en la razón crítica. Es decir, alguien que no ha descubierto que la razón sólo puede ser analítica.

Con todo lo cual arribamos al núcleo de este artículo, dirigido no a los intelectuales chavistas, sino a los que nos oponemos a Chávez. Nosotros tampoco tenemos un conjunto de ideas sólidas con las cuales oponernos al marxismo y a la postmodernidad. Nosotros también estamos inmersos en la profunda crisis de la filosofía occidental –no moderna, sino occidental– que hace rato con toda razón decretó la “muerte de las ideologías”. Los que nos oponemos a Chávez no podemos seguir aferrados al siglo XVIII. Al respecto, el párrafo más solidó del articulo de Rigoberto dice así: “Es el colmo de la ignorancia no tener noticias de la crisis de la Modernidad, que lleva décadas enterrando cadáveres”. Una idea que vale igualita para la Modernidad y la Postmodernidad, para el antichavismo y el chavismo.

emeteriog@cantv.net

Publicado en Diario El Universal 26/11/06