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Inventar enemigos. Domingo Fontiveros

Para la MUD no cabe sino permanecer en resistencia activa y en espera organizada.

El régimen ha inventado enemigos desde que se estrenó hace 15 años.

Convirtió a adversarios, rivales y competidores, nacionales y extranjeros, en enemigos. Más que suyos, del país. Con una ecuación espúrea igualó a todo lo que no fuera chavismo incondicional con las más arteras conspiraciones. Así basó el discurso para su plataforma de poder hegemónico. El régimen ejerce el poder decisivo en lo Legislativo, Judicial, Contralor, Militar y Ejecutivo. Todavía.

Frente a esta avalancha de voluntad dominadora, la Unidad Democrática (MUD) ha sido un fenómeno electoral. Sobreponiéndose a obstáculos de todo tipo interpuestos por el régimen y corrigiendo varias de sus propias fallas, ha venido sumando caudal de votos hasta llegar a equipararse con los votos “oficializados”. Aún así, su gran falla es que carece casi totalmente de poder efectivo para hacer; aunque ha logrado tener cierto poder para evitar que el Gobierno haga su todo. ¿Qué le falta a la MUD?

La revolución se ha presentado a sí misma, desde 1998, como moralmente justa, prístina, adalid de pobres y clases medias, identificada con los mejores valores de la humanidad, y suma autoridad en todo lo concerniente al Libertador Bolívar. Con estas cualidades autoproclamadas, ha construido un mensaje de exclusión caprichoso contra todo enemigo. Con apoyo en dólares petroleros y asistencia de China, Rusia, Irán, Cuba, entre otros, se ha dibujado a sí misma como encarnación del pueblo y de todo lo que lleve a la máxima felicidad.

A la MUD y a sus dirigentes les ha puesto el Gobierno encima esta alfombra de asfixio. Desde todos los ángulos los ataca permanentemente. Bien como agrupación o como individuos. Son los enemigos de la felicidad y de todo lo bueno. Incluso de Bolívar. El creciente aparataje mediático del Gobierno está al servicio de este lineamiento.

Ante esto, la MUD no puede descansar y mucho menos ceder espacios ciudadanos que pertenecen a la democracia. Se trata más de resistir y mantener la tensión superficial que de vencer ya. Al fin y al cabo, el régimen está siendo derrotado por sus inmensos fracasos económicos y sus colosales inconsistencias políticas. Por cosas como la galopante inflación y la pérdida de su centro carismático, el régimen está demasiado ocupado en estirar la arruga como para preservar algo de la credibilidad que llegó a tener. Lo de convertir a Venezuela en una potencia económica, militar y política quedó en el reino de lo onírico, de donde nunca debió salir.

Ahora el régimen pide ayuda a la burguesía para lo económico; a Colombia para el abastecimiento; a la Chevron para que invierta; a EEUU para que no deje de comprarle petróleo. Y ahora, también, China pide rendición de cuentas, Putin y el mundo preguntan qué hace Venezuela entre los exportadores de gas natural, y Cuba prefiere que Snowden se asile aquí y no allá.

Como se ve, inventar enemigos no es un negocio redituable. Los estafadores más conspicuos compran amigos desde el principio, pero no necesitan inventar enemigos porque saben que los reales saldrán cuando conozcan de la estafa. A estos políticos el pueblo les cobrará la estafa. Para la MUD no cabe sino permanecer en resistencia activa y en espera organizada. Ello implica identificar, no inventar, al verdadero enemigo del país.

DOMINGO FONTIVEROS ― EL UNIVERSAL
dfontiveros@cantv.net