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Jesucristo o Aristóteles

Emeterio Gómez

La grave crisis que vive Venezuela, de alguna manera se conecta con la no menos grave que sacude a la civilización occidental. Cualquier esfuerzo que hagamos para salir de la nuestra y, más aún, la posibilidad de reconstruir el país cuando esta locura chavista explote, pasan sin duda por una comprensión adecuada de la precariedad intelectual que socava a Occidente. Precariedad incubada a lo largo de 3.000 años y que permanentemente nos evoca un dramático punto de quiebre.

Para aproximarnos a esa profunda endeblez de la cultura occidental –¡¡en la cual no podemos apoyarnos ni para enfrentar a Chávez ni mucho menos para reconstruir el país!!–, una vía muy fértil es el cotejo entre el cristianismo y la filosofía griega, los dos ejes de nuestra civilización. Porque buena parte de las profundas fallas que ésta tiene –la esencia de su “ya no dar más”– viene de ese injerto mal armado entre espíritu y razón, esto es, entre Jesucristo y Platón primero y Jesucristo y Aristóteles, mas tarde, que se produjo a lo largo de la Edad Media.

Un injerto que, además, no fue parejo ni equilibrado, porque Atenas predominó abiertamente sobre Jerusalén. La rampa de lanzamiento estaba lista para que, con Descartes y la filosofía moderna, la lógica aplastara –si no definitivamente, sí hasta nuevo aviso– al alma. Lo que vino después fue trágico: la razón se impuso radicalmente, sólo que convertida ahora en ciencia, tecnología, maximización de la ganancia, publicidad, planificación estratégica, cirugía plástica, outsourcing, etc. Cualquier cosa, menos Amor al Prójimo o identificación espiritual con nuestros semejantes.

Degustemos este triunfo aplastante de la razón griega –primero contra la poesía y luego contra la religión– en las hermosas palabras de María Zambrano, filósofa española: “Es en Platón donde encontramos entablada la lucha con todo su vigor, entre las dos formas de la palabra, resuelta triunfalmente para el logos del pensamiento filosófico, decidiéndose lo que pudiéramos llamar ‘la condenación de la poesía’; inaugurándose –para ésta– la vida azarosa y como al margen de la ley, su andar errabundo… su locura creciente, su maldición. Desde que el pensamiento consumó su ‘toma del poder’; ¡¡la poesía se quedó a vivir en los arrabales!!…”.

Y luego, contra la religión: “… ‘En el principio era el verbo’, el logos, la palabra creadora y ordenadora, que pone en movimiento y legisla. Con estas palabras, la más pura razón cristiana viene a engarzarse con la razón filosófica griega. La venida a la tierra de una criatura que llevaba en su naturaleza una contradicción extrema, impensable, de ser a la vez sagrado y humano, no detuvo con su divino absurdo el camino del logos platónico-aristotélico, no rompió con la fuerza de la razón, con su primacía… ésta, como raíz última del universo, seguía en pie”.

Un indicio de hasta dónde la razón helena se ha impuesto al cristianismo es que María Zambrano ¡¡en párrafos dedicados a comentar esa imposición!! llama logos y razón cristiana a “la palabra creadora y ordenadora”, esto es, al espíritu. ¿Lapsus o muestra clara del error profundo de occidente: creer que la razón pueda ser “la raíz última del universo” o del ser? La disociación radical entre poesía, religiosidad y razón, que no puede producir sino un hombre y una sociedad dolorosamente escindidos. Un punto de partida muy débil a la hora de enfrentar la barbarie mesiánica y, sobre todo, a la hora de rehacer un país.

emeteriog@cantv.net

Publicado Diario El Universal