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Kirchnerismo (R.I.P). María Teresa Romero

Desde ya ese gobierno se encuentra bastante aislado internacionalmente.

Lo que tanto se previó desde el pasado 11-8 tras conocerse los resultados de las primarias obligatorias, las famosas PASO, finalmente sucedió en las recientes elecciones legislativas en Argentina: el declive del kirchnerismo es un hecho evidente.

Pero no nos engañemos, aunque declinante, el kirchnerismo aún vive. Los populismos radicales no mueren así nomás. Los resultados de los comicios legislativos lo ponen en severo aprieto al perder los cinco principales distritos del país, pero todavía es la primera fuerza nacional, la más votada así sea con un precario 32% de adhesión, y conserva la mayoría parlamentaria. Sin embargo, sus posibilidades de recuperación son limitadas, especialmente si continúan los problemas de salud de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el acelerado deterioro político y económico que desde hace dos años -tras la reelección presidencial- sufren su gobierno y el país.

La debacle se alimenta de muchos problemas a la vez: los conflictos y divisiones dentro del peronismo mismo; el descontento popular producido por la mala gestión pública y la crisis económica, la inflación y la creciente pérdida de reservas; las peleas intersindicales; y los numerosos escándalos de corrupción, como el que tiene como protagonista al vicepresidente de la república, Amado Boudou.

Es lógico que la profundización del declive kirchnerista afecte también la política y relaciones internacionales argentinas, en particular con aquellos gobiernos aliados en Suramérica. De hecho, desde ya ese gobierno se encuentra bastante aislado internacionalmente en virtud de los problemas que mantiene con varios gobiernos. Con EEUU por los llamados “fondos buitres”, con el de Rajoy por el caso Repsol, y con Brasil y otros por motivos comerciales.

También afecta la estrecha y especial relación política y comercial que mantiene el gobierno de CFK con la Venezuela chavista en la última década. Más aún si en las también próximas elecciones municipales venezolanas, el madurismo sufre otra debacle electoral.


MARÍA TERESA ROMERO – EL UNIVERSAL

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