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La banca. Oscar García Mendoza

Recientemente leí en un análisis de la situación económica y política del país, que uno de los sectores que sobrevivía era la banca. El razonamiento era que sus operaciones son en bolívares y que pagan poco por los depósitos y cobran por los préstamos lo que les permite realizar una buena utilidad.

Hasta ahí va bien y estoy de acuerdo. Pero lo que pasa es que el análisis debe ser más profundo.

La banca refleja la situación económica del país donde funciona. Cuando hay crecimiento, desarrollo, generación del empleo y creación de riqueza, la banca irá bien pues está entrelazada con todos los sectores de la economía y puede prosperar. Caso contrario sufrirá como todos.

En Venezuela el gobierno, en su afán de mantenerse en el poder ha impulsado los niveles de liquidez monetaria a montos enormes. Esa gran liquidez monetaria genera inflación. Los bancos reciben los fondos y como son tantos, la ley de la oferta y demanda, les permite pagar poco o nada por intereses.

A esto se suma la presencia de un control de cambios que, al restringir las transferencias internacionales, hace que queden represados en la banca fondos destinados a pagos en el exterior u otras funciones.

Ese dinero depositado en la banca debe ser colocado. Y la banca lo hace así: el crédito dirigido por imposición del gobierno; créditos a su clientela privada, tanto personal, como corporativa y en la compra de bonos o letras al Estado.

Desde CAP I se establecieron para la banca carteras de crédito obligatorias (que por cierto son una idea del generalísimo Francisco Franco). El gobierno decidió que los bancos debían colocar una parte de los fondos de los depositantes en sectores impuestos por el gobierno. La idea es mala para depositantes y bancos, pero no la discutiremos aquí.

Hoy día casi un 50% de la cartera de los bancos está en colocaciones obligatorias, que pagan intereses por debajo del mercado y con deudores subnormales que tienen pocas, si no ninguna, posibilidades de pago.

Sudeban vigila cuidadosamente que los bancos coloquen en estas carteras, pero no tiene ninguna preocupación por el pago de esas deudas. Las multas por el incumplimiento son expropiatorias. En algún momento los bancos deberán aprovisionar con cargo a las utilidades.

Otra parte de los depósitos y muy grande, la han destinado los bancos a la compra de papeles y bonos del Estado. Son muy atractivos pues pagan buenos intereses, mientras que por los depósitos se paga poco. Los montos colocados en estos papeles exceden los límites de la prudencia. Sudeban se hace de la vista gorda; no fija límites, ni obliga a mantenerlos al precio de mercado. La práctica del gobierno es emitir cada vez más papel para cubrir sus necesidades y el servicio de la deuda. En algún momento los bancos deberán aprovisionar con cargo a las utilidades.

También está la cartera de créditos constituida por dos grandes sectores. El consumo y el corporativo. Los particulares tomarán tanto crédito como les sea ofrecido, pues las tasas de interés están muy por debajo de la inflación y sus ingresos están bajando. Pero, ¿qué les sucederá de aumentar las tasas de interés? Los créditos corporativos siguen creciendo. Parece ilógico en una economía en contracción, pero no lo es. Ninguna empresa invierte en estas condiciones de caos, inflación y devaluación. Además las tasas de interés están muy por debajo de la inflación, lo que hace razonable pedir prestado.

Cuando las tasas de interés se ajusten y la liquidez merme, la situación cambiará radicalmente. La banca tendrá que enfrentar una situación como la que no ha visto desde 1994. Y entonces tendrá que ajustar sus ganancias (si las tiene) hacer reservas (si puede) y sufrir, junto con sus depositantes.

Además, para desconsuelo de los depositantes, más de un tercio de la banca está en las manos del gobierno y también hay bancos privados que ejecutan prácticas no ortodoxas.

OSCAR GARCÍA MENDOZA | EL UNIVERSAL
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