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La batalla contra lo animal

16/05/2010

Siempre habrán razones que expliquen ¡¡cualquier comportamiento humano!!

Por: Emeterio Gómez

El padre Honegger Molina me interpela en su misa de hoy en Unión Radio: “Háblanos un poco del proceso que te trajo al Cristianismo”. Y lamenté que no hubiese tiempo para contar la experiencia más reciente que profundizó mi acercamiento a Dios, a lo Absoluto. Una relacionada con mi último artículo, con la conexión entre el carácter Relativo ¡¡y al mismo tiempo Absoluto!! de la Moral. Dos amigos dijeron más o menos lo mismo: “Te agradezco el artículo, pero no sólo porque a mí me ayudó a profundizar en ese eterno problema, sino porque con él por delante ¡¡me atreví a discutir el asunto con mis hijos!!”. Si no hubiesen habido razones más profundas, aun sin ese dilatado proceso que se inició hace 17 años con el apoyo de los también sacerdotes Luis Ugalde y Luis de Diego, tal vez habría bastado con la declaración de esos dos amigos (por tratarse de sus hijos) para hacerme cristiano.

Ojalá pudiese discutir con ellos esta segunda parte de aquel artículo, un segundo nivel de comprensión ¡¡tanto de lo Relativo, como de lo Absoluto!! Porque no se trata -sólo- de que las presiones empíricas relativicen forzosamente los valores, haciendo que no matar pueda resultar inmoral o no mentir, idiota. Se trata de la Infinitud de las presiones que la Realidad ejerce y que conforman lo esencial de nuestro Ser. Las Presiones Sociales: el exceso de pobreza ¡¡o de riqueza!! pueden, ambos, animalizarnos; el exceso de incultura ¡¡o de cultura!! pueden castrarnos, convirtiéndonos, por ejemplo, en devotos del arte, con una sensibilidad estética exquisita, pero incapaces de amar al prójimo. Las Presiones Económicas: con la inflación por debajo de diez, usted es un Ser Humano; por encima de cien, usted es una bestia. Las Presiones Políticas: un régimen totalitario, nazifascista o socialista, puede generar chantajes que justifiquen cualquier crimen. Más las Presiones Tecnológicas: el hecho cada vez más claro de que nuestro ser más profundo es casi un celular. etc., etc.

Pero todas estas amenazas son ínfimas, comparadas con las que emanan de nuestra profunda y también infinita condición animal. Toda la presión de las hormonas, vísceras, glándulas e intestinos; más toda nuestra dimensión bioquímica, neurológica y psicológica; con mención aparte para el Inconsciente. Más la agresividad feroz, la propensión a la guerra, el egoísmo, odio, codicia, avaricia, lujuria, gula, envidia, pereza, ira, soberbia, etc.; todo eso y mucho más conforma nuestra dimensión animal. Que si ahora la reunimos con las cuatro esferas señaladas en el párrafo anterior, tendremos una visión muy clara de la profunda relatividad de los Valores Morales… cuando ellos se insertan en el Mundo. Las presiones que sobre la ética se ejercen son demasiado feroces, ¡¡y esto hay que intuirlo a fondo, antes de emitir cualquier juicio moral!! Esa es la tragedia esencial que vivimos: siempre habrán razones que expliquen ¡¡cualquier comportamiento humano!! Aunque sólo sea, precisamente, la falta de carácter. Todo comprender es en cierta forma, todo perdonar.

Pero la clave última del asunto está en entender que mientras más poderosas son las presiones que nos llevan a relativizar los valores, mientras más aplastante es esa masa infinita de realidades que nos determinan, más posibilidades -¡no digo necesidad, sino posibilidades!- tenemos de apelar a nuestros valores absolutos, es decir, más grande tiene que ser el Dios al que acudamos. ¡¡Él es, en ese sentido, la contrapartida exacta del Mundo!! Si en éste reinaran la Bondad, la Belleza y la Razón, muy poco necesitaríamos de Dios.

gomezemeterio@gmail.com

El Universal