Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
La Buhonería ya es Industria

Eira Lange sacó la mercancía de su negocio para competir con los vendedores de Candelaria. “Es el drama del país”, dice una socióloga que advierte que la invasión de las aceras se resuelve con más empleos.

Rafael Gutiérrez antes vestía camisa y corbata, encendía el carro y partía desde su casa hasta La Trinidad, a la agencia de publicidad en la que trabajaba. Desde esos días de 2001 hasta los de hoy, han pasado muchas cosas: luego de un periplo por el mundo de los desempleados, ahora es buhonero. Por eso anda con jean y franelilla por Sabana Grande mientras le regatean las copias ilegales de discos de música, que ofrece a 2.000 bolívares en un puesto que instaló.

No le gusta el calor, por supuesto, ni esperar debajo de un toldo para pasar la lluvia, pero aun así afirma que gana el triple de antes. Asegura que en un día malo vende 100 discos compactos, por lo que dice que en ese puesto de tres metros cuadrados, aproximadamente, mueve por lo menos 6 millones de bolívares al mes. “Calcula cuánto vendo en diciembre”, señala. Esa cifra, sin embargo, no es la ganancia que obtiene. Gutiérrez es la cara de una cadena que articula a prestamistas, empleados, carretilleros, vendedores de comida y otros que también viven o se benefician de la economía informal.

“De esta forma muchas empresas formales, así como muchas importadoras de bienes diversos, se valen de estas redes comerciales para distribuir sus productos”, indica el economista Wladimir Zanoni, en una investigación que publicó este año el Centro de Divulgación de Conocimiento Económico bajo el nombre de Buhoneros en Caracas. Existen evidencias de que la buhonería también es una industria, a pesar de que no fabrique productos. Para muestra, el antiguo estacionamiento Génesis de Candelaria: se convirtió hace siete años en depósito de 500 comerciantes informales. Resultó más rentable alquilar el espacio a buhoneros que pagan 2.000 bolívares diarios, que a los conductores que transitan por la avenida Universidad, comenta Carlos Valenzuela, uno de los siete empleados del lugar.

En la Plaza Caracas, por su parte, hay quien alquila baños, personas que improvisan cocinas para vender almuerzos a los buhoneros, y hasta quien, por 1.000 bolívares, se encarga de trasladar tobos de agua para ese merendero.Las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadísticas indican que 53% de la población laboral del país está a la sombra de la formalidad, lo que traduce que un poco más de la mitad de los 10.446.538 ciudadanos que salen a trabajar no tienen empleo formal, no cobran tiquets de alimentación ni cuentan con el respaldo de un seguro social, por lo que tampoco pagan impuestos. Tal vez no tendrán facturas ni puntos de venta, tampoco baños ni aire acondicionado; cuando mucho un apretón de manos al finalizar una negociación, pero lo cierto es que 5 millones de venezolanos viven de hacer tortas, manejar un taxi o vender ropa en la calle. De esa cifra, 30% son buhoneros. Es decir, un millón y medio de personas venden mercancía en las aceras de Venezuela. El tema es complejo.

El ministro de Participación Popular, Jorge García Carneiro, dice que la línea entre lo formal y lo informal es muy pequeña: “Muchos de los buhoneros le trabajan a los propietarios de negocios, para evadir impuestos”. “El drama del país” Algunos buhoneros comentan que compran la mercancía en el mercado de El Cementerio o en los distribuidores de La Hoyada. Otros reconocen que comercian contrabando o productos ilegales. Gutiérrez, por ejemplo, adquiere CD en la plaza Diego Ibarra, donde los clientes deben comprar los discos, estuches y cancioneros por separado. Los mayoristas de la plaza no dan tarjetas de presentación ni teléfonos a los desconocidos. Sólo precisan que los discos grabados cuestan entre 700 y 750 bolívares al mayor, los estuches 380 y otros 180 los papeles que identifican a los discos o películas. El propietario de una de las ventas de papeles impresos destaca que recibe clientes de Barquisimeto, San Cristóbal y Valencia. Sin dar su nombre, agrega que “la economía informal no sólo da trabajos directos”. Lo dice porque tiene cuatro empleados y dos mensajeros que transportan los pliegos desde las litografías. “Ese es el drama del país”, resume Isabel Pereira. La coordinadora de la Unidad de Análisis y Políticas Públicas de la Economía Informal del Cedice está convencida de que la invasión de las aceras son un problema económico antes que urbano, por lo que asegura que la solución no son mercados de buhoneros, sino generar empleos. La socióloga explica que a falta de trabajo, la gente ha optado por vivir en el mercado paralelo. Tanto así que Eira Lange hace cuatro años sacó una mesa con la mercancía de su local para que, entre tantos buhoneros, los transeúntes también miraran los productos que vende su familia desde hace 30 años en la minitienda Bazar 1619 de Candelaria. Los cambios fueron radicales.

Asegura que afuera despacha 80% de las ventas. Aun así advierte que está muy lejos de los 6 millones de bolívares que Gutiérrez dice vender. “Nadie me ha reclamado por agarrarme la acera, pero es muy triste tener que salir a vender en la calle”, lamenta. Gutiérrez también suspira: “Lamentablemente se puso duro el país y esto me da de comer, pero yo sé que nos van a sacar en enero de 2007, cuando terminen las elecciones presidenciales”.

Artículo publicado por el Diario El Universal el día 21/11/05