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La carta corta. Domingo Fontiveros

La salida del ministro de planificación representa el fin de la marcha al socialismo.

Quien no tiene tiempo, escribe una carta larga, y se disculpa. Esto por supuesto en medios culturales donde hasta en este detalle se cuida la estética económica. No así en los predios dominados por el tipo especial de socialismo que viste el gobierno venezolano, donde por ejemplo, los nombres de los ministerios ocupan más espacio que el dedicado a la substancia en muchos memos oficiales. Aquí una carta corta puede considerarse afrentosa para el destinatario, una falta de respeto, un desprecio.
Cuidando este extremo formal, el ya rápidamente famoso texto epistolar del nuevamente exministro Giordani anda circulando cual “J’accuse”, denunciando nada menos que el manejo irresponsable de la política económica y el enorme desastre así provocado en la economía nacional.

Déficit y corrupción en las finanzas públicas y en el control cambiario, entre otras “menudencias”, forman parte de lo denunciado como fallas que apartan al país de la construcción del socialismo.

Nada nuevo frente a lo ya dicho y repetido desde innumerables instancias, cercanas y lejanas al gobierno, venezolanas y extranjeras.

Excepto que lo deja por escrito y publicado quien durante la mayor parte de los calamitosos 15 años de chavismo, ahora devenido en madurismo, formara parte del alto gobierno en materia económica y de la dirección político-ideológica del régimen; y que también ha provocado la más obvia y furiosa urticaria entre quienes aspiran mantenerse y ascender de escalafón en el venidero congreso del partido de gobierno.

La primera circunstancia respalda una lectura de quienes ven “al monstruo” desde adentro, aunque la misma es en este caso notoriamente parcial con algunas ominosas exclusiones (salario real, pobreza, escasez, entre otras) que hieren el nivel socioeconómico de la población, con especial y expresa referencia a la migración del dominio sobre Pdvsa, Banco Central y grandes fondos financieros públicos fuera de la competencia del organismo cúpula en materia de planificación.

La segunda circunstancia acusa la pena infligida por la larga y cortante carta, y pone de relieve la pugna competitiva interna entre factores revolucionarios así como la disposición inmediata por parte de sus autoridades de corregir disciplinariamente los disensos y protestas, en forma análoga a como lo hizo el gobierno con la protesta estudiantil y popular de meses anteriores.

Respecto a la substancia de la crítica económica contenida en la epístola de Giordani el gobierno no ha respondido (ni responderá), limitándose a descalificar al emisor. Nada qué decir sobre el déficit fiscal, excepto a dejar implícito que el mismo será abordado por medidas cambiarias y financiado el remanente con nuevos empréstitos, incluyendo de origen externo y que el centro de gravedad en lo económico se mueve hacia lo que probablemente sea una nueva autoridad única que coordine entes como Pdvsa, Banco Central, finanzas y fondos especiales.

Cualquiera sea el significado y contenido de esta “nueva” política económica, lo cierto es que el camino parece allanado por el descenso de la prima riesgo-país ante la interpretación de algunos agentes financieros de que la salida del ministro de planificación representa el fin de la marcha al socialismo entre nosotros. La carta quedará así olvidada muy pronto.

DOMINGO FONTIVEROS | EL UNIVERSAL