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“La centralización es característica de todo gobierno totalitario o comunista” Isabel Pereira Pizani

20 Oct. 2011

El gobierno inventó los consejos comunales para crear bases políticas a la revolución. Se pretende que la gente monte negocios donde pierda. La gente reclama pero la voz del pueblo no tiene ninguna resonancia, señala la socióloga y directora del Centro de Divulgación del Pensamiento Económico.

Por: Macky Arenas

Es socióloga, investigadora y analista acuciosa. Forma parte del equipo de CEDICE – Centro de Divulgación del Pensamiento Económico – en calidad de Directora de Políticas Públicas. Se ha especializado en hacer seguimiento a los mecanismos de participación popular, qué los facilita y qué los obstruye. La conflictividad ciudadana, qué la activa y qué la mantiene. El tema social es su preocupación constante. Su estudio la ha llevado a desenredar muchas madejas y desmoronar muchos mitos, lo que ha fortalecido su confianza en el pueblo, en este pueblo que hoy parece andar sin rumbo, en medio de la desesperanza. Estas son sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana.

– Con frecuencia escuchamos que la paciencia del venezolano no tiene límites, pero ante el avance indetenible de la crispación social, parece que sí hay una frontera a la tolerancia…

– Es lo que estamos viviendo. La famosa paciencia nuestra está muy relacionada con la capacidad que tienen las comunidades de entender las causas de las crisis que las están afectando, qué origina los apagones diarios, el deterioro de los hospitales, qué pasa con las vías que cada día están en peores condiciones, por qué tanta inseguridad. Si se va al mercado, la inflación desbocada pone a la gente a pensar, los salarios ya no estiran más. La penuria de la gente no conoce antecedentes…

– ¿Aunado a la indefensión?

– La gente reclama, pero la voz del pueblo no tiene ninguna resonancia. Encontramos comunidades que pasan 24 horas al día sin luz, pierden sus alimentos, regresa la luz y se les dañan los aparatos eléctricos. Es un impacto demasiado duro para quien gana dos salarios mínimos.

– ¿Venezuela se hunde?

– Y lo peor es que no es sorpresivo. Desde hace más de un año los ingenieros en Venezuela están alertando sobre cómo la ruptura de las tuberías subterráneas que transportan agua, horadaba las bases de las vías públicas. Entonces vemos aparecer los hundimientos y huecos en la Panamericana, en calles y autopistas a causa de ese tejido de tuberías que colapsa por falta de mantenimiento. Han caducado por una desidia que lleva 12 años instalada en la administración pública. En Venezuela se han olvidado los servicios vitales para la población.

– Y todo el mundo sabe que han sido 12 años en los cuales ha entrado al gobierno más dinero que a ningún otro en toda la historia…

– El gobierno inventó los Consejos Comunales como una manera de crear bases políticas a la revolución. Pensaron que resultarían en una red de solidaridad y apoyo incondicional al proceso, tipo los CDR cubanos. Pero no ha sido así. En Venezuela hay cerca de 40 mil. En cada pueblo, la primera tarea que se impusieron fue elaborar un diagnóstico de sus problemas y necesidades. Luego establecieron prioridades con la promesa del gobierno de responder a esas demandas. Y no respondió, así que los Consejos Comunales se han convertido en núcleos de conflictos, de protesta, porque ellos si saben qué es lo que está pasando, lo viven en la cotidianidad y por toda respuesta reciben la displicencia del gobierno.

– ¿Estamos ante un fracaso del centralismo?

– La centralización es característica de todo gobierno totalitario-socialista-comunista. No quiere nada por fuera, sino asegurar y mantener el control de todo lo que se mueva por parte del aparato del partido y del Estado. Aquí lo llaman socialismo, pero es comunismo puro. En Venezuela veníamos avanzando en un proceso descentralizador. Muchos de los sistemas de salud en los estados tenían un funcionamiento ejemplar. ¿Cómo negar el caso de Carabobo o Aragua, donde las administraciones regionales habían comenzado a desarrollar una gestión directa que beneficiaba a los ciudadanos, que tenían excelentes maternidades y hospitales? La Maternidad del Sur en Carabobo o el Núcleo de Hospitales Enrique Tejera en Valencia son emblemas. Parecían clínicas privadas por la atención, la calidad, el respeto al ciudadano. Todo eso lo acabó la concentración del poder en este gobierno.

El Estado Comunal

– ¿Eso lo revertirá la pretendida “sociedad comunal”?

– Hay que hacer una diferencia entre los consejos comunales y la postulación de la sociedad comunal. Hay la intención de “bypassear” a los consejos comunales pues el gobierno ha visto cómo es difícil manejarlos y ponerlos automáticamente a fungir como defensores de la revolución. Ahora quieren la conversión de la comunidad en comunas, que se amalgamarían entre ellas para crear las ciudades comunales. Estas tendrían una planificación dependiente de unos “distritos motores”, que a su vez dependerán directamente del Presidente. Este es el modelo super-concentrado, autoritario, que quieren imponer en Venezuela con las leyes que aprobaron a finales del año pasado en la prórroga legislativa. Un modelo que la sociedad no quiere.

– ¿Se han politizado los consejos Comunales?

Los consejos comunales, en su gran mayoría, ya lograron una articulación con las comunidades, al punto de que son expresión de ellas. Lo he constatado en visitas, en cientos de reuniones sostenidas con ellos, en plazas, debajo de árboles, en casas de señoras del pueblo; no son reuniones políticas en su gran mayoría, son encuentros de trabajo comunitario. No niego que algunos trabajen bajo fuerte influencia política oficialista, pero en su gran mayoría puedo decir que no es así. Una cosa es un consejo comunal y otra el montaje de un Estado comunal. Es un objetivo que el gobierno no va a lograr pues está enfrentado al amor que la gente tiene a sus comunidades, al deseo de participación directa y, en la comuna, el individuo desaparece. Lo que se crea es una masa amorfa, la comuna, que se conecta para sustituir nuestras ciudades tradicionales.

– ¿Son las misiones una expresión del Estado Comunal?

– Fracasan porque el piso político del gobierno cruje. Creían imbatible su base de sustentación al montar los consejos comunales y ellos han sido su gran derrota. En la realidad son centros democráticos de participación, algo totalmente distinto a una comuna y, por supuesto, a los CDR (Comités de Defensa de la Revolución) cubanos, a los que querían emular. La comuna es, en esencia, una propulsora del colectivismo, una defensora de la propiedad social…

– ¿Existe eso de la propiedad social?

– ¡Pues claro que no! La propiedad es la capacidad de la persona o el propietario de disponer del bien u objeto. En otras palabras, el dueño decide qué hacer con el objeto que posee. No sería así en la comuna, donde el propietario sería el Estado y, en este caso, el partido. Eso, simplemente, es un despojo al ciudadano. La propiedad comunal es la imposición de un modelo basado en el colectivismo, en la propiedad social, donde la participación de las personas, los individuos y la familia no existe. Sólo hay cabida para la figuración política de las células del partido, de los comités de defensa, de los comisarios políticos del gobierno, nada más. No hay misterio en esto, ha sido así en todos los países socialistas de corte comunista. Esto se opone totalmente a lo que los venezolanos entendemos y aspiramos como democracia. El venezolano quiere participar, tomar decisiones, ser consultado, pues eso es lo que permite aspirar, tener sueños, realizar anhelos, a través de la legítima retribución por nuestro trabajo y nuestro esfuerzo.

– Buena explicación, pues mucha gente cae en la trampa del colectivismo, un término de connotaciones casi épicas en un sistema totalitario…

– El colectivismo se monta sobre la propiedad de aquellos que han creado los bienes, los servicios o las empresas. La propiedad colectiva consiste en apoderarse de lo que antes era privado y convertirlo en colectivo, algo que no existe como tal, no tiene personalidad jurídica, así que termina siendo del Estado, en otras palabras, de quien controla el gobierno. Si usted tiene en un barrio la propiedad colectiva de la tierra, nada es suyo. ¿Apostaría invertir sus ingresos, sus ahorros o su salario, en algo que no es suyo? ¿Arriesgaría todo lo que tiene para meterlo en algo de lo cual sólo el Estado puede disponer? Es por eso que el gobierno se indigna cuando la respuesta social es una actitud de defensa cada quien de lo suyo y acusan a quienes evidencian esta realidad de llevar el tema de la propiedad a términos personales. ¡Pero lo es! En la propiedad va implicado el esfuerzo y el trabajo de muchos años.

– Las encuestas reflejan que un elevado porcentaje de venezolanos está dispuesto a defender su propiedad. ¿Qué es lo que se está incubando aquí?

– Una situación que conduce a algo muy positivo: la toma de conciencia masiva y progresiva de los ciudadanos de la manera tan clara como los perjudica el comunismo. Se incuba un rechazo indoblegable a la forma de vida que significa imponer el comunismo. La gente no quiere la propiedad social, no se sienten uno enemigo del otro. El gobierno pretende acabar con la libre iniciativa, con los empresarios, con los patronos, con toda forma de independencia en el trabajo. El trabajo por cuenta ajena es lo que genera empleos y crea riqueza. Eliminarlo es destruir el empleo o sustituirlo por empleos de baja calidad. Hoy tenemos un 8.3% de desempleo, pero saca la cuenta de cuáles son los empleos donde la gente cuenta con seguridad social, buenos sueldos y perspectivas y cuáles los que sólo pagan apenas salario mínimo, sin ningún tipo de protección.

Fracaso del centralismo

– Pero el gobierno exhibe un persistente discurso de argumentos a favor de sus medidas…

– Los que el gobierno esgrime como grandes argumentos a favor de sus políticas restrictivas, son calladamente, derribados por el ciudadano a través de esa reflexión y toma de consciencia. Hoy sabemos que nosotros nunca seremos comunistas, que aquí no se puede imponer un socialismo-siglo XXI como el que quieren, porque se entiende perfectamente que no es sino una modalidad del comunismo que se rechaza. Simplemente, la gente no acepta la propiedad colectiva. ¿Por que creen que los trabajadores defienden sus empresas? Porque quieren sus empleos y la participación en la toma de decisiones. Detestan la idea de que un colectivo anónimo o un partido decidan por ellos. Esta convicción no era así hace 12 años. Un duro aprendizaje ha llevado a los venezolanos a comprender que la destrucción de la propiedad privada es la destrucción de la economía.

– Luchando con un mensaje contradictorio, como aquél que obliga a la banca a extender créditos para comprar bienes que luego el Estado podrá confiscarte. O se promulgan leyes para proteger lo que luego será defenestrado…

– Hay dos leyes como la de Costos y Precios Justos y la de Arrendamiento, que no son sino la pretensión del gobierno de entrar en una fase final de destrucción de las empresas y de todo tipo de propiedad privada. Con la segunda pueden regular hasta la manera de alquilar una habitación en una casa que usted construyó con su propio esfuerzo y ahorros. Si alguien en un barrio agregó un cuartito que ahora quiere alquilar para complementar sus ingresos, ahora la ley le dice que no podrá hacerlo sino a través de regulaciones que le establezca el Estado. Resultado? Se agrava el problema porque nadie quiere alquilar nada.

– Volvemos al comienzo… ¿Estamos en la frontera de la tolerancia?

– Estamos cruzando el umbral de la tolerancia, definitivamente. Con la madurez política adquirida, los venezolanos hemos desarrollado una reflexión, a golpe y porrazo, llevando leña por el intento de imponer el comunismo, pero hemos logrado ver claro, preguntar por los derechos, defendernos ante los atropellos, asumir mejor nuestros deberes e identificar la arbitrariedad. Ahora nos preguntamos por nuestra autonomía como ciudadanos, por nuestra dignidad como personas humanas. La familia ha readquirido importancia frente al Estado avasallante. ¿Cómo es posible que el Estado tenga tanto dinero y seamos cada vez más pobres? ¿Cómo puede ser que el dinero no llegue a escuelas y hospitales? ¿Cómo entender que cada día la inseguridad cobre más muertos, ante la indiferente inoperancia del gobierno? ¿Es justo que los servicios y la vialidad se hayan deteriorado hasta el extremo en que se encuentran hoy?

– ¿Y el Plan Simón Bolívar?

– Es el plan de cómo destrozar un país en una década. Se pretende que la gente monte negocios donde pierda. Es lo que pasa ahora con el maíz, obligan a los productores a trabajar a pérdida, entonces no siembran. Si usted acude a trabajar para gastar más de lo que gana en comida y pasajes, un buen día se preguntará: ¿para qué trabajar? Así pasa con productores y empresarios. Las propuestas son inviables.