Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
La ciudadanía en el Socialismo y el Liberalismo. Antonio Canova

La ciudadanía es la capacidad de las personas de ejercer derechos y deberes políticos. Según la Constitución, la ciudadanía solo puede perderse por sentencia judicial firme. Pero hay otra manera como las personas pueden verse privados de tales derechos políticos. Una forma más común, que no ha fallado nunca, que afecta de un golpe a toda la sociedad y que depende de la voluntad de los gobernantes: eliminar o reducir a su mínima expresión los derechos de propiedad (que incluyen también los derechos de libre empresa y libre mercado).

Suprimir la propiedad privada es la vía más eficaz para acabar con los ciudadanos. A la vez, es la vía que encuentra normalmente menos resistencia. Cuando un gobierno proscribe o restringe los derechos de propiedad de las personas; cuando socializa, nacionaliza o de cualquier forma se estatiza directamente o indirectamente la propiedad y asume el poder total sobre la economía del país, de inmediato todas las personas dejan de ser ciudadanos. De un día para otro quedan relegadas del ejercicio de sus derechos y deberes políticos.

Ser ciudadano tiene como presupuesto gozar de autonomía. Quien no es capaz de asegurar sus necesidades por sí mismo, sino que depende de otra persona para subsistir, no podrá tomar decisiones políticas libremente. La autonomía es el primer atributo de la libertad individual. Y autonomía tiene quien es capaz de generar riquezas por sí mismos, por contar de propiedades a tal efecto; e incluso aquél  que sin poseer bienes productivos tenga la posibilidad de tenerlos o, en todo caso, de asociarse con alguno que sí los posea para ofrecer su trabajo e ingenio. La fuerza obligatoria de los contratos permite a cada uno cooperar con otro, con el que más le convenga, para satisfacer las necesidades propias.

Por esto, en tanto exista propiedad privada, libertad económica y de asociación, habrá un sinnúmero de emprendedores y empresarios. Todos, propietarios o no, en el uso de su libertad, podrán gozar de autonomía suficiente ante la cantidad de opciones, y no tendrá que depender de la voluntad de otro para subsistir y alcanzar sus metas.

En cambio, cuando se acaba con la propiedad privada, cuando el Estado se convierte en el actor principal de la economía en un país, cada uno de los miembros de esa sociedad deja de ser autónomo, pues necesariamente tendrá que entenderse con el gobierno para subsistir, más bien, tendrá que someterse a la voluntad de los gobernantes.

Como normalmente el discurso oficial se dirige contra los empresarios, los ricos, los dueños de empresas e industrias, contra la clase alta, a quienes se les tilda de egoístas, especuladores, insensibles, por un lado, y, por el otro, se acompaña de ofertas utópicas de redistribución de riquezas y justicia social, grandes grupos de la sociedad no reaccionan contra esos ataques gubernamentales y hasta ven con buenos ojos los atropellos que se cometen en contra de los propietarios, enemigos del pueblo. No hay resistencia social, pues, a la abolición de la propiedad privada por gobernantes que solo quieren el poder.

Como los sistemas colectivistas (socialismo, marxismo, comunismo) tienen por objetivo la abolición de los derechos de propiedad privada, en ninguno de ellos hay ciudadanos. Se funden todas las personas en una masa, amorfa, presa de un gobierno todopoderoso, que decide sobre la vida toda, de todos.

Solo los sistemas individualistas, que ponen el acento en la libertad individual, en la dignidad de la persona y que estimulan, reconocen y garantizan los derechos de propiedad privada, la libre empresa, el mercado libre (liberalismo clásico, democracia liberal, capitalismo popular), fomentan y permiten la existencia de ciudadanos.

Por ello, respaldar los derechos económicos, que es uno de los pilares de los sistemas liberales, y oponerse a todo clase de colectivismo, es tanto como defender la participación ciudadana libre y responsable.

ANTONIO CANOVA GONZÁLEZ ― EL CARABOBEÑO