Lo que conocemos como el Régimen Internacional Liberal (RIL), afianzado como modelo de desarrollo mundial, después de la desaparición del bloque comunista con la caída del muro de Berlín, y la consiguiente desmembración del bloque soviético, se fundamentó en tres pilares fundamentalmente económicos, según sostiene Dermot McAleese, (2004) en su libro titulado Economics for Business Competition, Macro-stability and Globalisation: Siendo el primero, el referente a la competencia y el sistema de mercado, con políticas favorables a la libre competencia, la flexibilización del mercado de trabajo, la privatización de empresas estatales y servicios públicos, y la desregulación de los mercados financieros y comerciales. Así como la configuración de un entorno institucional y
jurídico favorable a las empresas. El segundo, patrocinó la Macro-estabilidad económica, con políticas que coadyuvaran a la estabilidad de precios, por medio de un Banco Central Independiente, que garantizara una política monetaria autónoma y un tipo de cambio libre, acompañados de un equilibrio presupuestario y consiguiente control del gasto público. En lo que respecta al tercer pilar, el mismo demandaba la inserción económica de los países, con la apertura económica de estos, a los mercados internacionales, tanto financieros como de bienes y servicios, a través de políticas de libre comercio, así como el estímulo a la inversión extranjera y la liberalización y movilidad de los flujos de capitales internacionales.
La mejor ejemplificación de estos principios abstractamente descritos la podemos encontrar en la cita que hace el citado autor, en su mencionado libro, del connotado profesor y economista Jeffrey Sach, sobre la aplicación de los tres elementos antes descritos, en el contexto del plan de estabilización de Polonia a finales de los años ochenta. Y según el citado economista “El objetivo básico era pasar de una situación de escasez extrema e hiperinflación, a otra de equilibrio entre la oferta y la demanda y precios estables. Para ello, Polonia necesitaba políticas macroeconómicas estrictas con el descontrol de los precios. Para tener un sistema de precios que funcionara, Polonia necesitaba competencia. Para tener competencia necesitaba libre comercio internacional. … Para tener libre comercio,
necesitaba no sólo aranceles bajos, sino la convertibilidad de la moneda. Para tener convertibilidad de la moneda a un tipo de cambio estable, necesitaba disciplina monetaria y un tipo de cambio realista" Dermot McAleese, (2004) Economics for Business Competition, Macro-stability and Globalisation (pág, 27). Pearson Education Limited.

La aplicación de estos tres fundamentos, no fue ni lineal, ni homogénea, pues tuvo diferentes matices en cuanto a implementación se refiere, como a la consolidación e institucionalización de las mismas y su consiguiente éxito. Pues
factores endógenos de tipo cultural, político y social, marcaron la diferencia entre aquellos países que lograron el éxito económico y los que no lo alcanzaron en la aplicación de estas estrategias. Mas no la falta de consenso internacional, pues el al alcance mundial de este consenso económico, fue su característica más notable. Como ejemplo podemos mencionar que: en Europa y Norteamérica, los puntos de inflexión clave de estas políticas fueron las reformas políticas de la primera ministra inglesa Margaret Thatcher y el presidente estadounidense Ronald
Reagan en la primera mitad de la década de 1980, de igual forma, otras naciones como Nueva Zelanda y Australia desarrollaron políticas económicas aún más radicales a favor del libre mercado, en Latinoamérica en la década de 1980, se adoptaron iniciativas de reforma económicas drásticas entre los cuales podemos nombrar, el caso de Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Chile, y México, entre otros. Y en lo referente a Asia, cabría destacar las reformas que la India adoptó a principios de los noventa centradas en el incentivo de sus mercados laborales y
comerciales, acompañadas con la apertura de su economía al comercio y a la inversión extranjera, y la consiguiente implementación de políticas de estabilidad fiscal. De igual forma China siguió estas mismas directrices en sentido general.

A diferencia del escenario internacional de consenso arriba descrito, el actual, esta signado por un proceso de reconfiguración forzada de la globalización por los conflictos de índole geopolíticos y geoeconómicos, surgidos entre China, principalmente y Rusia, por un lado, con los Estados Unidos, sus aliados europeos y asiáticos por el otro. Pugnas que han comenzado a minar los tres pilares económicos ya referidos, generando incertidumbre y distorsiones de tipo comercial, institucional y financieras a escala mundial.

El impacto asociado a las disrupciones de la Cadenas de Valor Globales, como en la reconfiguración geopolítica de los suplidores energéticos de la Unión Europea principalmente, a causa de la guerra entre Ucrania y Rusia, entre otras causas. Han generado la tormenta perfecta para desconfigurar los fundamentos básicos del orden económico liberal internacional. Trayendo esto como consecuencia mayores niveles de incertidumbre, y el riesgo asociado que el
mismo ha generado, indefectiblemente en los agentes económicos y en las sociedades a nivel global.

Pues los fundamentos de estas políticas sustentadas en procesos de decisiones empresariales signados por principios de: La racionalidad económica, como el de la eficiencia empresarial, el de las ventajas comparativas y competitivas, las asociaciones estratégicas internacionales, la inversión extranjera directa y financiera, la libre movilidad de los capitales internacionales, la creación de mecanismos nacionales e internacionales que garanticen la seguridad jurídica de dichas inversiones a través de mecanismos de conciliación y arbitrajes, entre otros. Se han visto distorsionados y fuertemente afectados por la actual coyuntura global.

Todos estos principios fueron concebidos con el fin de crear las condiciones óptimas posibles para institucionalizar, la libre y transparente competencia entre los agentes económicos, sin la interferencia de factores distorsionadores, como el proteccionismo, la intervención estatal a favor de grupos o sectores económicos bajo supuestos de índole geoestratégicos entre otros. Sin embargo, han sido los imperativos geopolíticos y geoeconómicos actuales impulsados por las pretensiones de China principalmente, y de Rusia, las que han provocado esta confrontación, con el régimen liberal internacional liderado por los EEUU y sus aliados, a pesar de que el gigante asiático paradójicamente se ha
beneficiado enormemente del (RIL), gracias a las oportunidades de acceso que este le permitió al mismo, a los mercados internacionales, y a la inversión extranjera directa.

Todo este complejo juego de intereses geopolíticos y geoeconómicos, se ha transformado en el mayor desafío que el mundo libre ha tenido que enfrentar después del fin de la Segunda Guerra Mundial, y de la guerra fría
correspondientemente. Pues a diferencia de esta última, el actual contendiente no es un gigante militar con pies de barro económico, como lo fue la desaparecida Unión Soviética, sino un fuerte adversario económico, que ha desarrollado un importante potencial industrial y tecnológico, a costa de las ventajas que él mencionado régimen le ofreció, y que de una manera paradójica hoy en día está amenazando.

La capacidad de liderazgo de los EEUU en crear un nuevo consenso económico con sus tradicionales aliados, será la clave fundamental para revitalizar la sana competencia de bienes y servicios globales, como la macro-estabilidad
económica internacional, y el libre mercado, capaz de reducir la incertidumbre sistémica que ha generado este conflicto a escala global. Así como el de crear un nuevo orden capaz de diferenciarse del orden internacional que China principalmente, junto a Rusia, han estado tratando de conformar bajo cada una de su pretensiones geopolíticas y geoeconómicas tanto a nivel individual como colectivo.

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Fuente: www.cedice.org.ve

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