En nuestra cotidianidad cuando escuchamos la palabra democracia solemos relacionarla rápidamente a elementos como el sufragio, la justicia o la seguridad; recordamos que un Estado democrático está muy relacionado con la capacidad de los individuos de expresarse en la vida política, pero a veces dejamos de lado otras esferas importantes que pasan desapercibidas. La libertad y específicamente el derecho a la libertad de expresión compone una de las bases principales de la democracia y debe verse reflejado en todos los ámbitos de nuestra vida, desde ejercer el voto durante una elección presidencial hasta decidir qué programa deseamos ver en nuestra televisión. Y aunque podrían parecer cosas muy distintas guardan más en común de lo que podamos pensar.
La expresión cultural por años ha constituido dentro de la sociedad una herramienta para la compresión de la estructura política de las naciones y la expresión de la libertad. Desde el cine hasta la música, la construcción y el fortalecimiento de nuevos valores que ven sus inicios con las ideas libertarias dieron paso a que distintos movimientos artísticos percibieran en sus disciplinas una herramienta que les permitiese visibilizar la realidad y además convertirse en un actor importante para el ejercicio del poder. Es así como los regímenes autoritarios han utilizado el arte y su censura para adoctrinar y limitar el ejercicio de la libertad, ya que han sido empleadas por los mismos individuos dentro de esas dictaduras
para anteponerse al sistema.

Pero esto no es algo nuevo, el historiador Joaquín Piñeiro explica que a nivel cultural para 1937 en Europa “Todo lo novedoso fue aplastado y etiquetado por el régimen con el adjetivo de degenerado.” (Piñeiro, 2014, p. 3). De esta forma, en distintos momentos históricos aquello que representara una lucha contra la injusticia, la violencia y la defensa de los derechos individuales fue vetado; lo hizo el Imperio Británico con sus colonias, Mussolini, Hitler, la URSS y actualmente lo observamos de manera radical en países como Cuba o Corea del norte.

Otro ejemplo cercano lo encontramos en la década de 1970 en Argentina, donde el comité de radiodifusión de la nación prohibió canciones de distintos géneros musicales por considerarlas no actas para el público. Obras de Pink Floyd, Queen, Camilo Sesto y bandas de rock alternativo nacional fueron censuradas en las emisoras durante casi una década por decisión gubernamental.

Es por ello que el Estado no debe fungir como un ente controlador; el determinar qué se debe escuchar, ver, qué se puede decir y qué está prohibido, no solo limita el desarrollo crítico de una sociedad, sino que atenta directamente contra el individuo. La participación incisiva dentro del proceso cultural es un arma sigilosa que trae consigo graves consecuencias, no puede existir arte si no hay libertad, ya que como mencionaban The Beatles la revolución está en liberar tu mente.

De tal forma, cada vez que escuchemos esa palabra tan utilizada es necesario pensar en las pequeñas acciones, en lo común, en el decidir de nuestro día a día, y si allí vemos limitadas nuestra capacidad de discernir es momento de preguntarnos nuevamente: ¿Qué es la democracia?

Kairis Carmona

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