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La desesperación del chavismo

Las circunstancias de hoy han transformado al oficialismo hacia el olvido de la política. La violencia se ha vuelto herramienta recurrente y el cinismo es servido diariamente.

Con su líder enfermo y un futuro tenebroso, el chavismo se ha tornado cada vez más agresivo. Ponen en peligro la vida de Henrique Capriles Radonsky en un acto de rutina electoral convertido en acontecimiento mundial gracias a la torpeza de los trogloditas. Insultan a la oposición y la atacan sin piedad. Se olvidaron de la política. Sacaron el hacha de la guerra. Los partidarios del gamonal no aceptan ningún tipo de negociación ni acuerdo, solo buscan la confrontación abierta. El combate cuerpo a cuerpo.

El cinismo forma parte del guión. Tarek el Aisami dice que la oposición adelantó la campaña electoral, pero resulta que Chávez tiene catorce años dedicado a promoverse y eternizarse en el poder.

Rafael Ramírez declara en una asamblea a la que obligó a asistir a los empleados de PDVSA, que la empresa estatal, patrimonio nacional y propiedad de todos los venezolanos, se declara en campaña para asegurar la reelección de Hugo Chávez. Ventajismo que únicamente con este régimen se ha visto. Venezolana de Televisión, canal financiado con fondos públicos, dedica su programación diaria a denigrar de Capriles.

Aristóbulo Istúriz, favorecido por AD y COPEI, con un programa hace algunos años en Globovisión -Blanco y Negro- y candidato perdedor en las elecciones a la Alcaldía Metropolitana en 2008, es uno de los arietes de la lucha contra Capriles. Para ser demócrata se requiere cierta dignidad. El personaje carece de esa virtud.

La ausencia de Chávez del panorama político cotidiano ha tornado a sus lugartenientes en una falange sumamente peligrosa. Con el caudillo enfermo sus palafreneros no saben qué hacer. Se encuentran descolocados y desconcertados. Mientras se reacomodan atacan a mansalva.

Buscan a sus pistoleros para agredir una manifestación de rutina, y luego salen en fila a declarar que la culpa es de las víctimas. Carecen del coraje para admitir que son violentos, a pesar de que todas las evidencias gráficas los incriminan. Crean el ambiente para suspender las elecciones indefinidamente. ¿Podrán hacerlo?

Ahora están quedando en evidencia los límites del régimen personalista forjado por el Teniente Coronel.

El sustituto no se vislumbra y carecen del tiempo necesario para construir una figura alternativa. Los tres millones de electores que concurrieron a las primarias pesan demasiado. Si Chávez, producto de la enfermedad que lo carcome, no puede acudir a la cita electoral del 7 de octubre, resulta muy complicado suplantarlo. No hay tiempo para realizar unas elecciones parecidas a las efectuadas por la oposición.

El dedo atómico del caudillo es bueno para designar ministros y embajadores, pero no para escoger candidatos presidenciales en un ambiente donde el contrincante fue escogido por millones de votantes. La legitimidad de origen en este caso pesa demasiado. Son millones de venezolanos que expresaron su voluntad libre y soberana, frente al capricho de un cacique decidido a imponer su voluntad. Ese candidato oficialista comenzaría a volar con mucho plomo en el ala.

Postergar las elecciones no resulta tarea sencilla. La Constitución, la mejor del mundo según palabras del Presidente, fija límites precisos.

El período constitucional dura seis años y el nuevo lapso comienza el 10 de enero de 2013. Ese día solo caben las siguientes opciones: el Presidente en ejercicio continúa en sus funciones luego de haber ganado los comicios del 7-O; el primer mandatario le coloca la Banda Presidencial al candidato oficialista triunfador en la consulta del 7-O; o, finalmente, el jefe del Estado actual, o quien esté ejerciendo el cargo para ese momento, le impone la Banda a Henrique Capriles R. Estas son las alternativas constitucionales.

Todo indica que el régimen saca las cuentas con otra máquina calculadora. El electoral no es el único escenario que aparece en sus radares, de allí la violencia, el descaro, la impudencia con las cuales actúa.

Al Gobierno hay que obligarlo a ceñirse a los límites constitucionales. Mantenerlo sujeto a ese marco. Las provocaciones continuarán e, incluso, elevarán su tono. Pero, la consigna deberá ser: sin consulta al pueblo el chavismo no podrá mantenerse en el poder ni un día después del 10 de enero de 2013. Esa es la orden de la Constitución.

8 de marzo, 2012

@tmarquezc