Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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La dramática vileza del socialista real. Eugenio Guerrero

Aún suenan las voces -ni tan lejanas- de aquellas turbamultas tribales que la civilización evolutivamente superó en el momento que el hombre empezó a reclamar su individualidad; una permanente asechanza de aquellos que por temor a la libertad y a ser propietarios de sí habían quedado en los anales de la historia como sometidos por el credo del colectivo y la represión de sus diferencias; paradójico pero cierto, todavía retumban en el seno de la Sociedad Abierta el eco del salvaje que incapaz de dar el paso para ser responsable de sus actos, seguía órdenes y caprichos de quien pensaba por ellos, y la exclusión de todo ejercicio de sobresalir por talento propio era la norma de aquella moral que hacía que la condición del hombre en general permaneciera entre la miseria y el atraso. 

El asunto está que en la Venezuela actual, donde el Socialismo (de ahora y todos los tiempos) despierta aquellas motivaciones del salvaje bajo el ropaje del político que reclama aquella indefinición llamada “justicia social”, se disemina una de las máximas de tal ideología que consiste en relativizar la vida, la libertad y la propiedad; éstas pasan a ser lo que al líder se le antoje -lo cual es inseparable de su programa político- y por la fuerza del Estado creen que tienen permitido realizar cambios impulsivos al final de cada bostezo del funcionario mayor.

Convivimos en la sociedad de la permisividad del gobierno para dar rienda suelta a que la perversidad y la irracionalidad formeln parte de los hábitos institucionales heredados por los más salvajes comportamientos. Pero esto no llegó por sí solo, la cultura política socialista venezolana ha ayudado a que esas semillas de envidia rindan sus frutos, y que la venganza de quienes se creyeron el cuento de la lucha de clases y el advenimiento de una sociedad mejor sin trabajar por ello -sólo despreciando al empresario y al que progresa – se manifiesten hoy día con violencia a saquear en tiendas o a la forzosa seudo-compra cómplice de la extorsión legalizada, y no sientan ni el mínimo remordimiento, al contrario, consideran que hacen justicia por sus manos y producto de la pereza intelectual, no ven más allá del asunto para encontrar una respetable explicación a los precios elevados. Cuando un gobierno puede jugar con la ignorancia de los ciudadanos, es porque estos les dejaron el camino abierto al renunciar al ejercicio del pensar por sí mismos.

García Pelayo razón tenía al referirse al resentimiento “como un odio impotente hacia aquello que se admira o se estima, pero que no se puede ser o no se puede tener”, y si existe una élite que pueda liberar esa impotencia por medio del saqueo sin importar violar derechos, y llevándose por el medio a todo vestigio de decencia de los que luchan por mejorar y defender lo que queda de su propiedad, no tenemos más que la irresponsabilidad como forma de gobierno y el vandalismo como filosofía política.

Y es así cómo se desenvuelve el socialista (aunque no se declare como tal): criticando al que busca prosperar pero aplaudiendo al que pobre se mantiene; insultando al rico que con diligencia competitiva logró superarse, pero le contenta aquel que recibe subsidios del Estado (como si el gobierno les debiera algo); justifica que por medio del robo institucionalizado se tengan mejores condiciones, pero al que le va tan bien como para equiparse con los frutos de su esfuerzo como le parezca, es despreciado y mirado con sospecha de la buena, ¡de la envidiosa!; es aquel que critica la vida ostentosa y profesa su superación, pero lo vemos autorizando o participando en saqueos para parecerse cada vez más a aquel hombre que vive en la comodidad ganada libremente. Inmensas contradicciones encontramos en aquel que se topó con una civilización donde los individuos buscan su mejoría a través de su libertad, el respeto a la propiedad y la generación de riquezas. Pero, querido lector, así es la dramática vileza del socialista real.

EUGENIO GUERRERO
TRINCHERA LIBERAL ― NOTITARDE