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La Economía de la Pobreza. Carlos Goedder

Este artículo rescata la figura del nobel Theodore Schultz, quien estudió la economía de la agricultura, el valor económico de la educación y la inversión en capital humano

Dedicado a la notable educadora venezolana Eyra Álvarez Ayesta

El nobel de economía 1979 fue compartido por Arthur Lewis (1915-1991) y por Theodore W. Schultz (1902-1998). El motivo del reconocimiento fue el estudio del desarrollo económico por ambos académicos. El premio tenía singularidades: Lewis era oriundo de la isla caribeña de Santa Lucía, colonia británica cuando él nació y entiendo que carecemos de otro economista nobel nacido en el Caribe. Y Schultz nunca acudió a la escuela secundaria, por tener que ayudar en la granja familiar. Estos dos economistas merecerían rescatarse para la divulgación y debate. Son poco conocidos incluso entre economistas.

Yo mismo sólo le presté atención al profesor Schultz recientemente, al leer el trabajo dedicado a Chile en el libro CIELOS EN LA TIERRA (Heavens on Earth) de J. P. Floru. Allí se reseña cómo en 1953 el responsable de la Agencia Estadounidense de ayuda al desarrollo chileno, Albion W. Patterson, acordó con el decano de la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago, precisamente Theodore Schultz, el establecer acuerdos de cooperación entre su institución académica y las universidades chilenas para formar economistas. Sorprendentemente, la Universidad de Chile rechazó la propuesta y la aprovechó la naciente Facultad de Economía en la Pontificia Universidad de Chile en 1954, cuyo rector era monseñor Alfredo Silva Santiago. Así que el economista autor del milagro chileno fue de alguna manera Schultz, en lugar de ser un mérito exclusivo de Milton Friedman, economista de Chicago quien visitó el país bajo la dictadura de Pinochet y ya era desde la Universidad una gran influencia académica entre muchos ministros chilenos, egresados de Chicago y conocidos como chicago boys.

En esta entrega voy a comentar algo sobre el perfil biográfico de Schultz. Se puede pasar por alto esa sección y entrar direcamente en mi comentario sobre su lectura nobel, titulada: LA ECONOMÍA DE SER POBRE. Espero poder transmitir el disfrute que esta conferencia me causó a mí. Al final hago un breve epílogo sobre cómo Schultz aborda el concepto de emprendedor.

Una breve referencia biográfica

Schultz era de ascendencia germana y nació el 30 de abril de 1902 un estado rural estadounidense, Dakota del Sur. Se están por cumplir 111 años de su nacimiento cuando publico estas líneas. Al estallar la Primera Guerra Mundial, dejó los estudios para apoyar en la granja familiar. Sorprendentemente y esto es lo interesante de un sistema educativo donde se puedan probar acreditaciones fuera de la educación formal, Schultz logró entrar al South Dakota College en 1924, iniciando su educación terciaria a los 22 años. Completó los estudios en tres años.

Trabajó en economía agrícola en el Iowa State College (ahora University) entre 1930 y 1943. Tuvo en desencuentro en esta institución, al defender a un colega que publicó un trabajo sobre la sustitución de mantequilla por margarina vegetal y recibió presión por los fabricantes lácteos para suspender la publicación. Schultz pasó entonces a la Universidad de Chicago. Allí llegó a decano y estaba en ese cargo cuando inició el programa de cooperación con Chile.

Schultz visitaba países en desarrollo y prefería el trabajo de campo, conversando con los granjeros y entendiendo su pensamiento. Visitó inclusive la Unión Soviética. Su libro de 1964, Transforming Tradicional Agriculture (1964) recoge mucho de su visión sobre agricultura, que ya se había formalizado con Agriculture in an Unstable Economy en 1945. Revisando en librerías virtuales, hay una versión castellana de su obra en agricultura, lamentablemente descontinuada, LA CRISIS ECONÓMICA DE LA AGRICULTURA, publicada en 1969 por Alianza Editorial. Traduce un libro de 1966.

Clifton R. Wharton Jr., en un artículo señala de Schultz que “su conducta en el salón de clases estaba invariablemente diseñada para provocar y estimular a los estudiantes”. Como decano le tocó vivir los años en que se hizo la cacería de brujas a académicos y artistas bajo el senador anticomunista McCarthy. El artículo de Wharton reseña cómo un agente federal fue a interrogar a Schultz sobre un profesor que había sido estudiante suyo, a lo que Schultz consultó si se quería una opinión sobre la competencia técnica de tal académico o su lealtad a EEUU. Al pedirse una opinión sobre ambas cosas, Schultz exigió que se preparase el sumario de su respuesta inmediatamente por escrito, ante testigo y que se usase ante un tribunal en presencia del profesor sobre quien emitiría tal opinión. Ante tal actitud, se obvió el asunto y se prefirió visitar a un verdadero soplón. En aquella época muchos acusaban gustosamente a un amigo o colega para quitarse sospechas. (c.f WHARTON, C. “Theodore Schultz”. Proceedings of the American Philosophical Society, Vol. 147, No. 3, Septiembre 2003)

El trabajo de campo, según refiere un artículo en “Library of Economic and Liberty”, le permitió descubrir un concepto. Entrevistando a unos granjeros humildes, se sorprendió al ver el entusiasmo que ellos tenían, aunque viviesen en comparativa pobreza. La respuesta de los granjeros era que ellos no se consideraban pobres, porque habían enviado a sus cuatro hijos a la universidad y que estos hijos serían productivos gracias a la educación. Estamos hablando de los primeros años sesenta, a la idea de que la inversión en educación podía producir resultados futuros. Nunca se había formalizado, salvo entre maestros, el concepto de que la educación y la salud eran inversiones capaces de generar beneficios económicos contantes y sonantes. Este concepto es el “capital humano” y si bien el nobel Gary Becker y Jacob Mincer popularizaron el término y fueron pioneros en sistematizarlo, Schultz fue quien lo inició y dedicó a esta línea de pensamiento su investigación a partir de los años sesenta. Ya en 1961 había publicado en el American Economic Review un artículo sobre “Inversión en Capital Humano”. (c.f. www.econlib.org/cgi-bin/printcee.pl). En castellano se consigue una edición de esta línea de trabajo emprendida por Schultz: INVIRTIENDO EN LA GENTE, de Editorial Sudamericana. Lamentablemente, está descontinuada y es un costoso libro usado.

El profesor Schultz falleció el 26 de febrero de 1988.

LA CONFERENCIA NOBEL DE 1979

Al recibir el galardón de más prestigio entre economistas, Schultz hizo un discurso sobre LA ECONOMÍA DE SER POBRE. Allí presentó la esencia de su pensamiento sobre economía agrícola y capital humano.

Schultz señaló que el principal error de los economistas al estudiar la pobreza es creer que no funciona la teoría económica convencional y se precisa una economía de la pobreza diferenciada. Schultz opina: “el mayor error es la presunción de que la teoría económica estándar es inadecuada para entender las economías de bajos ingresos y que se necesita una teoría económica separada.” Los pobres responden a incentivos, invierten, compran y gastan como cualquier otra unidad económica. En ellos también funciona el cálculo, siquiera intuitivo, tanto de coste como beneficio.

Un segundo error al estudiar la pobreza, según Schultz, es olvidar la historia económica. Cuando los grandes economistas de la modernidad como Adam Smith o David Ricardo escribieron, el Reino Unido era una economía pobre, en la cual comenzaba la Revolución Industrial. Y si algo ha demostrado la historia económica es que la preocupación de Ricardo con la tierra tiene un error: olvida que hoy en día no es la dimensión de la tierra que se cultiva lo que importa: lo es su productividad mediante tecnología. La tierra es un factor escalable y aumentable mediante el conocimiento. Una prueba que señalaba Schultz es que en aquel año de 1979 se produjeron en EEUU tres veces más volumen de maíz que en 1932 con una superficie cultivada inferior en 33 millones de acres. Según Schultz: “Estoy de acuerdo con Margaret Mead: ‘el futuro de la humanidad está abierto’. El futuro de la humanidad no está predeterminado por espacio, energía y tierra cultivable. Será determinado por la evolución inteligente de la humanidad.”

Definitivamente esta consideración por el mayor economista agrícola es relevante para entender el fracaso de muchas reformas agrarias. ¿De qué sirve dar tierra si el campesino carece de los conocimientos y técnicas para hacerla productiva? Si se quiere ayudar al agricultor, más que tierra el problema es darle acceso a técnica para poder cosechar más y comer mejor. El esquema según el cual el problema es repartir tierra ha llevado a la estatización de la agricultura, su ruina, desabastecimiento y hambre. La experiencia contemporánea de Venezuela es un caso de estudio. Le antecedieron en tales errores la Unión Soviética de Stalin y la Cuba de Fidel Castro. Eso sin señalar otros fracasos en regímenes democráticos también sonoros por comulgar con el mismo espíritu ingenuo de “reforma agraria”. Los suelos europeos o israelí son pobres y tienen una productividad envidiable por la más afortunada América Latina.

Schultz señala que la política interfiere con las decisiones económicas de los agricultores. Ellos actúan como empresarios y emprendedores, lejos de la visión pesimista de los políticos urbanos: “Los agricultores de todo el mundo, al lidiar con costes, rendimientos y riesgos, son agentes de cálculo económico. Dentro de su pequeño espacio individual y dominio para asignar recursos, son empresarios que hacen ajustes, a veces de manera tan sutil que muchos expertos fallan en reconocer lo eficientes que ellos son.” Schultz agrega: “En la mayoría de las granjas hay una segunda empresa, el hogar. Las mujeres también son empresarias en asignar su propio tiempo y en usar los productos de la granja y los bienes comprados en la producción del hogar.” La agricultura es “generalmente un sector altamente descentralizado de la economía”. El problema es que la política se hace desde centros urbanos, donde se desconoce esa realidad o se la caricaturiza, porque la dispersión geográfica de los agricultores los hace menos eficientes como grupo de presión en los países pobres.

Cuando los gobiernos han entrado para reemplazar a los agricultores en la toma de decisiones “han impedido que este talento empresarial sea utilizado y estos gobiernos se han revelado incapaces de proveer un eficiente sustituto para la asignación de recursos, capaz de modernizar la agricultura.”  Precios distorsionados por el gobierno y restricciones sobre la producción han restado conocimiento y técnica al agricultor, disuadiéndole de su intuición natural para actuar como emprendedor. Su conclusión es clara: “Los gobiernos no pueden llevar a cabo eficientemente la función de los emprendedores granjeros.”

Considerando el problema del desarrollo, Schultz afirma en su Conferencia: “Mientras la tierra no es el factor crítico para permanecer pobre, el agente humano lo es: invertir en mejorar la calidad de la población puede expandir significativamente las perspectivas económicas para la población pobre. El cuidado infantil, la experiencia en el hogar y el trabajo, la adquisición de información y habilidades mediante la educación y de otras maneras que consisten principalmente de inversión en salud y educación, pueden mejorar la calidad de la población. Estas inversiones en países de bajo ingreso han sido, como voy a demostrar, exitosas en mejorar las perspectivas económicas cuando no han sido disipadas por inestabilidad política. La gente pobre en países de baja renta no son prisioneros de un férreo equilibrio de pobreza que la economía sea incapaz de romper.”

Aparece entonces el concepto de capital humano. Schultz señala que en economía se comete un grave error, señalado por el nobel John Hicks, de ver el capital como algo homogéneo. En el caso de capital humano, se tienen dos perspectivas: ver el capital como renuncias en el gasto, sacrificios que se hacen, o bien considerar el valor presente de los flujos futuros de ingresos que genera ese capital. En el caso de educación es intuitivamente claro: los hogares que educan a sus niños renuncian por varios años a los ingresos que estos niños puedan generar trabajando para ayudar en casa, colaboración bastante común en el medio rural donde se precisa mano de obra para trabajar la tierra y los animales domésticos. Schultz mismo tuvo que dejar los estudios un buen tiempo para socorrer a la familia y esta tentación incluso hoy en 2013 es elevada para muchos niños y jóvenes. Este es el ángulo del coste del capital, entendido como renuncia al consumo, en la cual entran los propios padres que se privan de consumo para pagar educación a sus hijos. La perspectiva del beneficio es distinta: consiste en ver los beneficios futuros que reporta el capital humano y valorarlos hoy día. Si una familia, al educar a su hijo, considera los ingresos esperados que él tendrá y los valora positivamente en la actualidad, le dará ese capital educativo que genera valor presente positivo. Es una inversión, comparable financieramente a darle al hijo un terreno, un local comercial o un depósito bancario. Claramente, una cultura y entorno familiar que valoran poco el futuro, son hedonistas o directamente consideran que la sociedad valora poco el saber y el conocimiento, desestimarán invertir en educación. Los que crecimos en hogar con madre profesora estábamos creciendo bajo las premisas de Schultz sin sospecharlo. Los educadores tenían la intuición de estas cosas desde hace siglos y en América Latina ya las señalaban desde el Siglo XIX hombres de gobierno como Domingo Faustino Sarmiento, Simón Rodríguez, Francisco de Paula Santander y Andrés Bello. El problema es que el Siglo XX latinoamericano prefirió escuchar a Perón y el Ché Guevara.

Con el concepto de capital humano se introduce un factor productivo desconsiderado por la teoría económica tradicional, concentrada en tierra, maquinaria y trabajo. Aparece un recurso humano, el conocimiento, que genera beneficios. Siguiendo a Schultz: “El valor de capital humano adicional depende del bienestar adicional que las personas derivan de él. El capital humano contribuye a la productividad del trabajo y a la habilidad empresarial.” Este capital humano es un recurso escaso, sometido a oferta y demanda. En él operan muchas reglas del capital económico convencional. Siguiendo al nobel: “La inversión bruta en capital humano entraña costes de adquisición y mantenimiento. Estas inversiones incluyen cuidado infantil, nutrición, vestido, vivienda, servicios médicos y el uso del propio tiempo.” La mayor expectativa de vida contemporánea hace que los beneficios de este capital humano aumenten, porque hay más tiempo para rentabilizar ese capital humano.

De allí que bajo la visión de Schultz: “dado que la escolaridad es principalmente una inversión, es un serio error el tratar el dinero destinado a educación como un consumo corriente. Este error proviene del supuesto de que la educación es solamente un bien de consumo. Es erróneo tratar el gasto público en educación como gastos en  «bienestar», como un uso de recursos que tiene el efecto de reducir «ahorros». El mismo error ocurre en el caso de gastos en salud, tanto pública como privada.”

Adelgazar el gasto público tratando por igual la inversión en educación y salud con los gastos provenientes de socorrer bancos quebrados por mala gestión o  las prebendas para partidos y sindicatos es un error contable y conceptual grave. Si algo ha hecho terrible la crisis de la economía española en 2013 es precisamente que la burbuja inmobiliaria generada con el euro redujo el valor presente de estudio y formación, siendo más atractivo que los jóvenes saliesen a trabajar temprano como peones de construcción o vendedores de pisos. La sociedad española tampoco valora mucho el saber, por desgracia y sus páginas están ocupadas por futbolistas, políticos o personajes de farándula. Son las únicas salidas a la pobreza bajo esta mentalidad que es la verdadera causa de pobreza en España y sus antiguas colonias.

(El discurso nobel de Schultz está disponible en www.nobelprize.org )

Epílogo

Seguiré dedicando entregas futuras a estudiar la obra de Schultz, un nobel de quien debe hablarse más y seguido. La solución a los problemas económicos actuales no está en aceptar o rechazar al gran Keynes. La figura a considerar en el Siglo XXI es Schultz. Y dado que la ganancia del capital humano se disipa ante la incertidumbre política, como dice el mismo Schultz, entonces también hay que estudiar la economía de la política y allí está James M. Buchanan, otro nobel de quien he hablado en esta misma publicación.

Una vertiente de aplicación de Schultz es sobre el concepto de emprendedor y empresario. Ambas figuras se sintetizan en inglés con el término “entrepreneurship”. Y tiene que ver con iniciativa, creatividad y tomar riesgos de manera calculada. En su ponencia nobel, Schultz veía a los agricultores como empresarios. Además habla de que se requiere “Research Entrepreneurship”, lo cual podría traducirse como “carácter emprendedor entre los investigadores”. Schultz lo resume diciendo: “Ser emprendedor es además esencial en la investigación. Toda investigación es un negocio arriesgado. Requiere asignar recursos escasos. Demanda organización. Uno debe decidir cómo asignar los recursos limitados disponibles para la investigación, dado el estado del conocimiento.” Está claro que en economía, Schultz actúo con la iniciativa propia de un emprendedor del conocimiento.

Tengo un problema al escribir esta sección final y es que no tenemos una palabra castellana para “entrepreneurship”. Tenemos al emprendedor o capitán de empresa que nos valen por “entrepreneur”. Mas no tenemos un sustantivo para la actividad del emprendedor. He leído en alguna parte sobre “emprendedorismo”, mas esa palabra no está admitida por la RAE. Luego, uso “carácter emprendedor”, si bien no creo que sea el término más afortunado. Debería haber análogo a iniciativa o ingenio, que son términos más contundentes y entusiásticos.

En un artículo sobre carácter emprendedor, Peter G. Klein y Michael L. Cook publicaron en 2006 una reflexión sobre el aporte de Schultz. En economía esto del emprendedor se asocia usualmente a la obra del genial Joseph A. Schumpeter (1883-1950), quien hablaba de la innovación tecnológica como pieza clave en los ciclos económicos. Para él, el empresario era quien creaba nuevas combinaciones de producción, quien innovaba. Otros economistas que han hecho aportes en la materia de entender el carácter empresarial son enumerados por los autores: Israel Kirzner, por ejemplo, hablaba del empresario como alguien especialmente atento a las oportunidades de beneficio y consideraba que el empresario no necesariamente tenía que tener un negocio propio. Frank Knight nos sugeriría un enfoque del empresario como alguien con excelente juicio para tomar decisiones bajo condiciones de incertidumbre.

Lo interesante en Schultz y lamentablemente no formalizó ni desarrolló el planteamiento, es que hay un mercado para el carácter empresarial. Siguiendo a los autores: “En la formulación de Schultz, el carácter empresarial es una habilidad para ajustar recursos en respuesta a circunstancias cambiantes. De esta forma, el carácter empresarial es un aspecto de todo comportamiento humano, no una función única llevada a cabo por cierta clase de especialistas.”

La consecuencia de esta intuición es que se puede agregar iniciativa emprendedora a cualquier ciudadano, bajo cierto tipo de inversión, por ejemplo educativa. Las escuelas de negocio posiblemente pretendan eso, mas también lo pueden lograr la escuela, el propio lugar de trabajo y las empresas. La puerta que abre esta idea es la de hacer endógeno el carácter empresarial, en lugar de verlo como algo externo y carente de modelación. Si con la tecnología los economistas han hecho un trabajo de describirla en vez de verla como algo exógeno, se puede considerar algo semejante con la iniciativa empresarial, con promisorias conclusiones para el desarrollo económico. Alguien lo debe estar haciendo ya.

(El artículo en cuestión es: KLEIN, P.G. y M.L. Cook. “T.W. Schultz and the Human-Capital Approach to Entrepreneurship.” Review of Agricultural Economics, Volume 28, Number 3, pages 344-350. Año 2006).

Madrid, Abril de 2013

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