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La economía informal en Venezuela: el mundo escondido

Encontramos este título apropiado ya que pocos adjetivos serían mas precisos para describir la situación de la economía informal en nuestro país.

Wladimir Zanoni

Escondido está el enorme capital empresarial que poseen algunos de quienes forman el 53% de la población trabajadora (tal es el tamaño de la informalidad en Venezuela). Potencial que se evidencia en su notoria capacidad de adaptación a los cambios en los incentivos del mercado y en la materialización constante de su potencial innovador.

En el caso concreto de la buhonería, hay muestras palpables de su éxito como estructura organizativa: la reducción de los costos de transacción en el acceso al crédito informal (que existe y da vida a la buhoneria, mientras tiene unos excelentes índices de solvencia y reporta una elevada rentabilidad); en las estructuras de las relaciones de trabajo (que endogeneizan el riesgo del negocio para el empleado contratado pagándole un porcentaje de la venta que hace); y la impresionante capacidad de innovación en nuevos productos que muestra esta gente (si no lo cree solo voltee a su alrededor y note, un ejemplo que se nos antoja: la proliferación de la telefonía informal).

Escondida está también una inmensa estructura de organización industrial que, vista desde el buhonero, aguas arriba produce y/o distribuye todo lo que vemos en las calles. Se trata de un inmenso iceberg cuya punta, apenas visible, es la buhonería, pero que oculta sumergidas a innumerables empresas: por ejemplo aquellas pequeñas, familiares y de poco capital que no pueden franquear la barrera de la informalidad porque la institucionalidad les impone elevados costos de transacción (y queman CDs, reproducen marcas de textiles e imitan la moda mas actual).

Escondida subyace la ira del comerciante formal que se ve notablemente afectado e inerme ante el avance de una buhonería desenfrenada (que hace caer sus ventas, desvaloriza su inversión inmobiliaria, etc.) y que desearía que los espacios públicos fueran rescatados sin importar el costo. Y la risa del comerciante que aprovecha la oportunidad para alquilar baños o guardar mercancía por las noches; por lo cual nunca le había sido tan rentable su puesto de 30 metros en Sabana Grande; o la del otro comerciante mayorista que trafica con mercancía ilegal y tiene mas de 200 clientes solo en Sabana Grande. Y la indignación de otro comerciante que no ve en la buhonería “per se” una amenaza potencial sino un potencial desaprovechado que podría, con la intervención del estado y en la búsqueda del consenso, ser un enganche para el turismo. Escondidas, y ya no tanto, están también otras oportunidades de negocios para los formales. Y vemos la impresión del perspicaz empresario financiero que advierte en el 200% de interés que paga un buhonero a un prestamista, la oportunidad de desvincular su cartera de activos del enorme peso del Gobierno, o vemos ya materializada la oportunidad de mercadear los productos de marcas registradas a través de redes casi descentralizadas de eficaces y persuasivos vendedores de snacks (que en algunos casos suplen y en otros posponen el almuerzo que no llegó).

Escondido, y así quisieran muchos que se mantuviese, está el hilo del péndulo que balancea la corrupción y el poder político. Y los mas enormes “guisos” de los gobiernos locales comerciando los bienes públicos y cediendo derechos de propiedad a inescrupulosos gestores que, apoyándose en su desvirtuado “capital social”, se constituyen en mafias que “revenden” los espacios de las vías públicas. Y los intríngulis del manejo clientelar y politiquero que se hace en épocas electorales con estas gentes, llenándolas de falsas esperanzas de trabajo digno. Y la incapacidad de las agencias de gobierno para ponerse de acuerdo sobre qué hacer frente a una realidad que nos desborda. Todo esto impidiendo el desempeño de una gestión eficiente del espacio urbano y afectándonos a todos los que tenemos y no tenemos que ver con la buhonería.

Ocultas para “nuestra realidad” están las miserias humanas del mundo del buhonero. El hombre y la mujer joven o viejo(a) que son gente sencilla y honesta que quiere un trabajo que le haga potenciar su capacidad creadora: bien porque quiera ser un empresario(a) de verdad, o porque se siente capaz de ser el(la) mejor de los empleados en el mundo de lo formal. Que tiene que lidiar el día a día con delincuencia, prostitución, niños de la calle, vandalismo, vejaciones, manejos politiqueros y pare de contar. Que quiere salir de la barbarie! y que sin quererlo nosotros, hasta ahora no habíamos volteado para verlo; una mirada que nosotros ya no podemos seguir negando.