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La ecuación de la miseria venezolana

La acepción inglesa de la palabra miseria (misery) está asociada con un sentimiento de intensa infelicidad. En castellano, la misma palabra significa desgracia, infortunio, estrechez, falta de lo necesario para el sustento; pobreza extrema…

Cualquiera puede llegar a la conclusión de que lo segundo es concomitante con lo primero: nadie puede sentirse satisfecho en condiciones de estrechez, o sea, demasiado delimitados por las circunstancias hasta el punto de no poder tomar decisiones autónomas y ejercer con dignidad la libertad humana. La Revista The Economist acostumbra a publicar un índice de miseria en la que salimos muy mal parados. Ubicados como la segunda peor, entre Macedonia e Irán, la realidad venezolana aporta unas tasas desproporcionadas de inflación y unos niveles de inseguridad que mantienen al país en vilo y convierten a sus ciudadanos en los que tienen menos razones objetivas para sentirse satisfechos.

La inflación venezolana es la más alta del hemisferio, cuyo promedio ronda el 7% si nos referimos solamente a América Latina. Pues bien, Venezuela tuvo un incremento en sus precios de 27,6%, y si la referencia son los precios de los alimentos el incremento alcanzó un 33,2%. La gente, pero especialmente los que tienen menos recursos, vieron esquilmados sus ingresos al tener que pagar la comida más cara y carecer por lo tanto de la posibilidad de poder comprar con mayor holgura otro tipo de bienes que son necesarios.

La segunda razón es la inseguridad. Y al respecto también hay datos concretos. En el año 2011 murieron violentamente 19.850 venezolanos, en tanto que más de 58 mil fueron heridos en medio de hechos violentos. Nueve millones de armas ilegales (algunos dicen que son incluso más), una práctica sistemática de la impunidad y el deterioro de las instituciones llamadas a velar por los derechos a la vida y la propiedad han generado estos desastrosos resultados. Ni tenemos dinero en los bolsillos ni conseguimos vivir con sosiego. En tanto, los responsables de tomar decisiones sistémicas, aquellos que manejas presupuestos y disponen de la capacidad para imponer medidas, se debaten entre las excusas y la negación.

Sin embargo, las razones para la miseria del venezolano no quedan allí. Hay otras dificultades. Por ejemplo, no hay trabajo suficiente como para garantizar que todos aquellos que están buscando empleo consigan uno de calidad y sin condicionamientos políticos (como ocurre con los que tienen que trabajar en el gobierno). Como no hay empleos suficientes, el sector informal de la economía, la del rebusque y los “cuentapropistas” acopia a, por lo menos, cuatro de cada diez venezolanos en edad de trabajar. Podríamos continuar con las razones para la tristeza y la desesperanza del venezolano, pero mejor dejar espacio para pensar que hay razones para intentar un cambio.

victormaldonadoc@gmail.com

Publicado en: General

Lunes, enero 23, 2012