Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
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La gente del barrio se resuelve

La necesidad de obtener ingresos ha impulsado la creatividad

Basta pasearse por cualquier zona popular para advertir que la oferta de servicios informales se ha multiplicado. La crisis disparó la creatividad en los barrios y en cada esquina hay un negocio. La época en la que un solo integrante de la familia trabajaba quedó atrás y todos participan de muchas maneras para cumplir la única meta: salir adelante.

Maye Albornoz

Cuidado de niños, servicios de peluquería, ventas de helados, tortas, almuerzos, bodegas, tareas dirigidas, alquiler de cuartos, todo vale. En lo más alto de los cerros también cobran por llevar escaleras arriba los mercados, bombonas de gas, pipotes de agua, abuelos, enfermos y personas con discapacidad.

Y es que aunque el Gobierno registró un alza en la ocupación laboral, la informalidad crece a ritmo vertiginoso mientras la oferta de empleo formal en empresas estables va en picada.

Según Isabel Pereira, directora del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (Cedice), la consecuencia es la proliferación de trabajadores sin estabilidad laboral, aspiraciones de crecimiento ni protección legal o social.

Luz Navarro lo sabe. Con 72 años, ni en sueños le viene a la mente la palabra jubilación. Gran parte de su vida trabajó en una empresa textil, pero se retiró cuando su columna dejó de responderle igual. Ella le salió al paso a la situación convirtiendo las escaleras de su casa, en el barrio El Carmen de Petare, en una bodega.

Desde las 4 de la mañana despacha dulces y café: “Con mi edad y enfermedades no me van a dar trabajo en otro lado. Lo bueno es que no tengo que estar saliendo del barrio, pero nada más da para sobrevivir. Mantengo a mi hijo de 40 años con discapacidad, pero desde hace tiempo necesito una nevera para los refresquitos y no he podido pagar los Bs 3 mil que cuesta. Yo voy una semana a comprar unas chucherías y la próxima vez ya están más caras”.

No hay quien no conozca el café de Luz en El Carmen, y menos mal, la venta del “negrito” pequeño a Bs 2 y el grande a Bs 3 le salvan los días. Del mostrador cuelga el cartel: “Mi negocio es próspero porque mi socio es Dios”.

También en Petare vive Yeisy Herrera, de 39 años. Ella quería un trabajo que le permitiera estar más tiempo en casa para ocuparse de sus tres hijos y vaya que lo consiguió: allí instaló una guardería, presta servicios de peluquería, imparte tareas dirigidas y tampoco se niega cuando las clientas le solicitan manicura o pedicura.

“Yo me rebusco. Si me solicitan, yo le echo pichón. Cuido niños, seco cabello y hago manos y pies. Puedo decir con orgullo que mis tres hijos viven bien. Mi esposo es albañil y eso no alcanza”.

En agosto, según el INE, 12.040.363 personas estaban ocupadas. 6.764.515 de ellas dentro del mercado formal (56,2%) y 5.275.848 en la informalidad (43,8%).

A juicio de la especialista de Cedice, el Gobierno quiere aparentar que venció la pobreza maquillando las cifras de desempleo y repartiendo subsidios: “Pero cuando se va a la realidad hay una falta de crecimiento económico. La pobreza se supera cuando se les garantiza a las familias ingresos estables y seguridad laboral”.

El sociólogo Antonio Cova rescata, sin embargo, los aspectos positivos de esa realidad: “En el pasado, con la crisis, se hubiese visto un florecer de la mendicidad, en cambio hoy están desapareciendo las cosas que se hacían de favor y reapareciendo como servicios. De alguna manera se expande el

mundo del empleo. Muchos veían el barrio como una repetición de la vida en el campo, pero no es así. Hay una explosión de peluquerías y cybercafé que, equivocadamente, se tomaban como gustos de la clase media. Todo eso es positivo porque nos hace más parecidos”.

Publicado en El Universal el domingo 30 de octubre de 2011