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La gran estafa cubana

22/03/10

Si usted rechaza revivir a Cuba dentro de Venezuela, ya sabe lo que tiene que hacer

Por: Isabel Pereira Pizani

No, no es aquella en la cual George Clooney concreta el golpe a tres de los casinos más populares de Las Vegas. Este robo es el que podría ocurrir en las elecciones de septiembre. Me explico: ante nuestros ojos se levantan los pilares del comunismo que conllevan las recientes leyes discutidas y aprobadas por la Asamblea bolivariana: el Consejo Federal de Gobierno, el Poder Popular y Participación Social, la Ley Indepabis, la Transferencia de Tierras Urbanas. Todas, made in Cuba, postulan la implantación de un Estado Comunal -fuera de la Constitución- integrado por comunas y supuestamente gobernado por consejos comunales, sometidos a la presencia de un líder único que concentra todas las decisiones, y de un sistema centralizado de planificación.

Nada nuevo bajo el sol. Otra vez la planificación central soviética como un eje de acero que decidirá cómo alimentarse, dónde vivir, cuál rama del arte es permitida y, sobre todo, qué pensar. Los ciudadanos, mientras, se remitirán a obedecer, encerrados en sus comunidades, cazando trueques para comer algo de su gusto o tener unos zapatos distintos. En estas leyes se define una especie de sociedad agraria totalitaria, con un Estado productor, propietario y, por ende, un único empleador.

Uno de los núcleos de esta nueva sociedad, poco mencionado, son las denominadas organizaciones socioproductivas, evidente reemplazo de las empresas creadas libremente por los ciudadanos. Esas organizaciones se definen con un horizonte completamente chato y cerrado, su fin es producir con base en los recursos locales, es decir, trabajar con el agua, la tierra y quizás algunas palas y azadones.

Esta es la visión de futuro sembrado en estas leyes comunistas que predican un retorno a la autarquía. Por ningún lado aparece la mención a la creatividad, a la tecnología, al conocimiento, al comercio libre y sobre todo a los gustos y preferencias de cada persona. Se trata de un pueblo encerrado en un duro trabajo con sus recursos naturales y que indefectiblemente volverá al trueque para satisfacer sus necesidades básicas.

En estas leyes se ejecuta una hábil maniobra de cirugía legislativa para imponer la propiedad social. El texto principal aparece en el capítulo VII de la Ley de Participación Social. En la Ley Indepabis se incorpora la cláusula que invalida la garantía o salvaguarda de la propiedad privada, en contradicción con la Constitución que afirma que nada podrá ser expropiado sin haber realizado un juicio, llegado a sentencia firme y honradas las obligaciones con los antiguos propietarios.

¿Acaso esta reconstrucción comunal -ruralista, primitiva, endógena, totalitaria, castrista- representa los deseos y aspiraciones de los venezolanos? ¿No ha sido frontalmente rechazada por la mayoría, incluyendo a los votantes del proceso revolucionario? Aquí, entonces, sobreviene la pregunta sobre la consistencia de la Gran Estafa. Estas leyes comunistas están siendo aprobadas de prisa y a hurtadillas en el primer semestre de este año. Por motivos electorales quizás entren al congelador antes de las elecciones, lo que impedirá a la población conocer la gravedad del trauma social y económico contenido en ellas.

En una hipótesis negada, pero posible, si el Gobierno gana la Asamblea, usará sin piedad el chance para aplicar estas leyes desconocidas por la gran mayoría del pueblo, no importa el nivel de rechazo que generen. Así, los venezolanos seremos estafados. Nuestros votos, más que consagrar unos diputados, proporcionarán los argumentos para legitimar leyes comunistas desconocidas, aprobadas en las madrugadas, sin el respaldo de más de la mitad de la población que rechaza el exterminio de la propiedad privada, valora la descentralización y estima las figuras de alcaldes y gobernadores electos directamente con sus votos.

Esta siniestra estrategia se dibuja con cada vez mayor claridad. Para ello el Gobierno escandaliza en este semestre y monta su edificio jurídico. Luego vendrán las distracciones preelectorales: repartos de neveras, becas, auge de misiones y “venezolanos yo los amo”. Mientras, en las tinieblas se fragua el palo cochinero que conllevan todas estas leyes y que significarán el robo de la libertad más grande que se la haya hecho a pueblo alguno. Así -lectores, amigos- a tomar conciencia, a sopesar lo que está en juego y a responsabilizarse el 26-S. Si usted rechaza revivir a Cuba dentro de Venezuela, ya sabe lo que tiene que hacer. No vale decir: “es que yo no sabía”.

cedice@cedice.org,ve

El Universal