Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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La guerra que perdieron. Domingo Fontiveros

Las dificultades son ahora el genio que mueve los hilos del acontecer.

Esta revolución inventó enemigos con los cuales guerrear desde que comenzó. Pero su líder sabía hasta dónde llegar para no perder. El escenario ha cambiado en año y medio. Aunque la nueva dirigencia repite el discurso camorrero, gesticula sumida en un tremedal donde ella misma se metió. Las dificultades son ahora el genio que mueve los hilos del acontecer y las supuestas gestas de heroísmo llamadas a prevalecer enfrentan derrota tras derrota.

La economía está en ruinas y el Gobierno en bancarrota. Entre los sectores, hasta el petrolero es una sombra de lo que fue y pudo haber sido. Frente a las arcas oficiales hacen cola innumerables acreedores para cobrar lo que el Gobierno les debe en bolívares y en divisas. Al presupuesto, antes buchón, ahora no le alcanzan los recursos para atender las demandas sociales, mientras las autoridades fallan en priorizar las asignaciones y distribuir con alguna eficacia la creciente escasez.

El Gobierno parece conocer la información política y manipularla a su antojo para adquirir cierto contrajuego es esta dimensión volátil del escenario, pero los datos duros en lo social y económico han pasado a constituir un ámbito de alto riesgo para quienes los elaboran y procesan, sabiendo que las cifras “malas” no son bienvenidas. Por suerte para ellos, todavía pueden aferrarse a estadísticas de empleo donde contra todo pronóstico, como si de un duende en la imprenta se tratara, se muestra una situación favorable a pesar de la profundidad de la crisis en la producción y el comercio.

En el exterior, el Gobierno se ha ganado otro premio al desastre. La comunidad internacional ha visto con asombro cómo las autoridades han desperdiciado el espacio de diálogo constructivo y evolutivo que ella misma avaló para regularizar el juego político interno y promover la equidad democrática. Los otrora automáticos gestos de solidaridad de los países “amigos” se ven hoy sustituidos por la prudencia, la distancia o la menos que tibia simpatía. La brutal represión a la protesta y la arbitrariedad aplicada para la criminalización de la oposición política son parte del bagaje que estos países no quieren ayudar a cargar.

Ya el discurso antiyanqui no galvaniza a ese fragmento del electorado que compró un socialismo chabacano del que preferiría prescindir en estos momentos. La propaganda oficial de grandes logros pasados no pasa de ser un refrito y las promesas – siempre promesas- de nuevas hazañas para el futuro han perdido totalmente la credibilidad. No se puede creer que bajo un gobierno que ha liquidado el suministro de comida básica, medicinas cruciales, repuestos imprescindibles, entre muchas otras carencias, pueda multiplicarse, por ejemplo, la construcción de viviendas como se sigue ofreciendo.

Esta revolución inventó una guerra llena de enemigos internos y externos como truco intimidante para afianzar su poder. Arremetió contra la oposición y disidencia políticas, contra la economía productiva y contra gobiernos ajenos a su socialismo, entre otros.

Ahora, en manos de herederos, está demostrando incapacidad para continuar el juego. Está perdiendo en todos los escenarios, incluso en el de su propia coherencia interna. Ojalá el país llegue antes que tarde a iniciar el camino de su reconstrucción.

DOMINGO FONTIVEROS | EL UNIVERSAL
dfontiveros@cantv.net